Dos galpones ardieron durante más de ocho horas

El fuego se inició antes del mediodía por razones que aún se desconocen; cinco dotaciones de bomberos debieron combatirlo sin descanso. En el interior de los depósitos había azúcar, madera y cáscara de limón deshidratada.

IMPRESIONANTES IMAGENES. Las lenguas de fuego salen por el techo de los depósitos. El calor hizo caer parte de la mampostería y, en cierto momento, los socorristas debieron retirarse ante la posibilidad de un derrumbe total. LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
IMPRESIONANTES IMAGENES. Las lenguas de fuego salen por el techo de los depósitos. El calor hizo caer parte de la mampostería y, en cierto momento, los socorristas debieron retirarse ante la posibilidad de un derrumbe total. LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
20 Enero 2007
Desde lejos se veían las llamas, que se elevaban hacia el cielo. El ruido incesante de sirenas y una columna negra de humo indicaban que algo grave estaba pasando en el barrio San José, de Alderetes. Los vecinos se congregaron curiosos en los alrededores de uno de los tres galpones de 70 metros de largo y 30 de ancho ubicados en la esquina de avenida Independencia y Alejandro Heredia, que comenzó a arder a las 11.30 de ayer.
Los galpones funcionan como depósitos de la empresa de transporte y almacenaje Mercotuc. En el interior había azúcar, tarimas de madera y cáscara de limón deshidratada y embalada, destinada a la exportación, según informó Luis Alberto Ramos, encargado administrativo de la empresa.
El casero, Andrés Adrián Cuevas, que vive junto con su esposa y con su hijo de ocho años en la vivienda que linda con uno de los galpones, fue el primero en percibir el humo y dio aviso a la Policía. Inmediatamente llegaron los oficiales Jorge Avizenis y Claudio Peñaloza, de la comisaría de Güemes, quienes pidieron ayuda. “Lo primero que hicimos fue poner a salvo a la familia y sacar todas sus pertenencias de la casa”, dijo Peñaloza.
A partir de entonces se inició un impresionante operativo, supervisado por los comisarios Antonio Rodríguez y José Reinaldo Carrizo. Mientras el sol quemaba la piel y el fuego se propagaba, comenzaron a llegar los Bomberos. “Se hace lo imposible por controlar el incendio. El galpón está cerrado en toda su estructura y la sustancia depositada es sumamente inflamable”, señalaba Eduardo Di Lella, secretario de Seguridad Ciudadana de la Provincia, mientras los socorristas trabajaban.
De repente se escuchó un gran estruendo: se estaban derrumbando el techo y la mampostería del galpón. Rápidamente las llamas alcanzaron el segundo depósito. “El viento aviva las llamas. El agua se consume muy rápido y se evapora por el tremendo calor”, intentó explicar uno de los bomberos mientras corría para asistir a sus compañeros que luchaban contra el fuego. Los bomberos introducían las mangueras por los ventiluces y por el techo; incluso se intentó -pero no se pudo- derrumbar una pared para tener otro frente de ataque.

Lucha continua
Mientras tanto, cientos de personas habían copado las calles. Algunos intrépidos se subieron a las tapias del predio para observar mejor y ser testigos de la destrucción. “El ruido fue impresionante. Espero que esto no se propague más; sería una catástrofe”, dijo Marcelo Sosa, de 30 años, que vive en la calle Alejandro Heredia frente a los depósitos. Las horas pasaban, pero el fuego no retrocedía. El techo del segundo depósito colapsó también y las llamas amenazaron con alcanzar el tercer galpón.
“Las cáscaras de limón son posiblemente las causantes del incendio. Con el calor, agravado por el hecho de que el techo es de chapa, largan un ácido que causa chispas y pueden haber generado un cortocircuito”, explicó el comisario inspector de Alderetes Heberto Cortez. Desde la puerta del depósito se veían las bolsas rotas de las que caía la cáscara deshidratada. Esta tiene una apariencia semejante a la del aserrín y es igualmente inflamable.
Eran las 14 cuando se escucharon gritos pidiendo una ambulancia. De entre el humo se vio salir a una mujer bombero. Mientras tosía y hacía grandes esfuerzos para tomar aire, se acercó a la ambulancia para colocarse una máscara de oxígeno. “En un minuto me compongo y vuelvo adentro”, dijo Cristina Galván, de 37 años, con la misma valentía que durante todo el día demostraron todos sus colegas.
“El viento dificulta las tareas. El fuego ya está controlado, pero habrá que esperar por lo menos seis horas más para extinguirlo por completo”, señaló a las 18 el comisario Rodríguez. “Después levantaremos el material, se terminarán de apagar las brasas y se removerán los escombros”, explicó Adrián Campos, subcomandante  de los Bomberos de Alderetes. Anoche quedaban algunos focos ígneos, por lo que una guardia de bomberos se quedó para evitar que el fuego se extendiera.


La coordinación en el trabajo fue clave

En el inmenso operativo que se montó para controlar el siniestro participaron las dotaciones de Bomberos Voluntarios de Alderetes, Florida, Tafí Viejo, dos dotaciones de la Policía de Tucumán y una de la Policía Federal Argentina, con prestación de servicio en el Aeropuerto Teniente Benjamín Matienzo, que combatió el fuego con espuma química. Efectivos de la Unidad Regional Este se encargaron de la seguridad externa y de despejar el tránsito para el acceso de las autobombas. Colaboró también personal de Defensa Civil, con dos camiones elevadores de la Municipalidad de Banda del Río Salí que permitieron a los bomberos subir con las mangueras para atacar el fuego desde el techo del depósito. Partició del operativo, además, personal de la Policía Lacustre, que trabajó a la par de los bomberos. Asimismo, llegaron dos camiones cisterna pertenecientes al ingenio Concepción y una ambulancia del Siprosa.







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