Yavi es apenas un rincón del mundo, pero parece el mundo entero. Casi en el límite con Bolivia, el pueblo puneño se despierta acalorado todas las mañanas. Pero se acuesta tiritando de frío con temperaturas que no superan los 10 grados en pleno verano. Aquí los contrastes se combinan.
"De noche todo se vuelve silencioso y oscuro. Ni los perros ladran. Sólo los viejitos nos quedamos despiertos velando nuestras ovejas", cuenta Daría Cuarto. Con sus 72 años a cuestas, la anciana trepa las montañas junto a su rebaño con la agilidad de una atleta.
Daría es petiza. Tiene el pelo negro y se peina con una inacabable trenza. Sus ojos son más oscuros todavía. Como todos sus vecinos, viste ropas coloridas.
El origen del nombreLas apenas 339 almas que habitan el milenario caserío no se ponen de acuerdo al explicar el significado del término Yavi. Algunos creen que los aborígenes adoraban al dios católico Yavé. Otros garantizan que, visto desde lejos, tiene forma de llave.
Todos suponen. Ninguno tiene la certeza. A pesar de que los manuales de historia aseguran que Yavi fue fundado en el siglo XVII, nadie pudo establecer todavía el origen o el significado del vocablo. Sin embargo, coinciden en que el pueblo es quietud y calma. Aquí la vida es bella.
Entre murmullos y plegariasDoña Lidia Gómez está barriendo el suelo de baldosas coloradas. La sencillez de la mujer contrasta con la magnificencia del altar. Sucede que es la encargada de la iglesia San Francisco de Asís, el templo que se vanagloria de ser el único en todo el suelo argentino que conserva su edificación inicial.
"Todo es original, jamás se realizaron reformas", asegura la mujer. El oratorio maravilla a los visitantes con tres altares, que datan del siglo XVI.
El tiempo detenidoUna cartel en la entrada asegura que el pueblo se enorgullece de ser histórico. Y no se equivoca. Las áridas tierras puneñas no sólo fueron asentamiento indígena, sino también paso obligado para llegar al Alto Perú. Cuentan los lugareños que, a mediados del siglo XVII, llegó a la región un español que se casó con la hija del jefe indígena.
Cuando el cacique murió, el gallego (llamado Pablo Bernarelez de Ovando) heredó las tierras. Hizo construir una casa grande, amueblada al estilo español. En 1708, un sucesor obtuvo del rey de España el título de Marqués. Desde entonces, la vivienda se denomina Casa del Marqués.
Actualmente, la residencia fue convertida en un museo. En una de las 12 habitaciones funciona la biblioteca del poblado. "Entre nuestros libros teníamos dos réplicas de El Quijote que fueron impresas en 1969, pero las robaron", dice la bibliotecaria Constantina.
Yavi Chico y los petroglifosHernán Tintiley sonríe complacido. Se acomoda en la montura de su caballo. Y mira a los turistas. El guía está satisfecho al observar la alegría de los extranjeros que conduce por sus pagos. Y apura a los animales para llegar al yacimiento arqueológico Yavi Chico y a los petroglifos.
Exactamente al pie de los cerros Los Siete Hermanos se esconden las pinturas rupestres más destacadas de la Puna. Para observarlas en su totalidad hay que recorrer aproximadamente 300 metros. Las valiosísimas pictografías se encuentran a cielo abierto. Imágenes de los pueblos primitivos, figuras humanas, llamas, espirales y aves son algunos de los trazos que asombran a los foráneos.
Un poco más arriba, se halla Yavi Chico. "Estas ruinas indígenas están a 15 kilómetros del pueblo. Son los restos de las viviendas y de los andenes de cultivos de los aborígenes que habitaron la zona", concluye el guía.
En definitiva, el pueblo de casitas de barro, techos de paja, vicuñas por todos lados y habitantes con el rostro terracota deslumbra con una sucesión de históricos paisajes.
GUIA del viajero
Ubicación: Yavi se encuentra emplazado junto al río San Francisco, a 3.442 metros de altura sobre el nivel del mar. Apenas 16 kilómetros separan La Quiaca del pueblo puneño, incrustado en uno de los cerros del cordón rocoso denominado Los Siete Hermanos.
Cómo llegar: para acceder a la pequeña localidad hay que ir hasta La Quiaca. Un taxi, desde la terminal, cuesta $ 20. Los gasoleros, en cambio, pueden hacer dedo en la ruta (el viaje cuesta $ 2). Otra opción, para nada segura, es parar una camioneta en el mercado quiaqueño y viajar un poco incómodo.
Dónde dormir: tres hostales ofrecen sus cuartos. Una habitación doble cuesta desde $ 45 hasta $ 60 por noche. Se consiguen hospedajes en casas de familia por $ 5. En Yavi, aparte del menú que ofrecen las hosterías, hay pocos sitios donde comer. El asado de carne de llama y el estofado de cordero son los platos más típicos (como en toda la región).
Excursiones: los lugareños ofrecen cabalgatas a $ 5 la hora. Un paseo hacia la laguna de Los Pozuelos (reservóreo de flamencos) y al Filo del Angosto (cerro que limita con Bolivia) cuesta aproximadamente $ 80 por persona. El paseo dura todo el día.