23 Diciembre 2006 Seguir en 
“Comenté en el negocio que si el domingo no me pagaban los $ 116 que corresponde, no me iba a presentar a trabajar. A la noche, al momento del cierre del local, me llamaron a la oficina y me entregaron el telegrama de despido”. Eliana Raquel Banuera habla con voz quebrada y ojos irritados. Se siente víctima de una injusticia, y está dispuesta a defender sus derechos, según afirma.
Eliana, una joven tucumana oriunda de Tafí Viejo y madre de un niño de nueve meses, hasta el jueves por la noche se desempeñaba como vendedora de ropa en un comercio ubicado en la peatonal Muñecas primera cuadra. Ya sin empleo, en forma espontánea se presentó ayer en LA GACETA para exponer su caso, con copias del telegrama de despido y de la última boleta de sueldo, en la que consta su condición de vendedora en la firma Nasim Zeitune SACIFIA, de Muñecas 167, con fecha de ingreso el 23 de junio de 2004.
Algo que molestó mucho a Eliana es que la empresa que la despidió pertenece al padre de Pablo Zeitune, titular de la Dirección de Comercio Interior de la Provincia. Precisamente, este es uno de los organismos encargados de controlar que los comercios respeten los horarios de apertura y cierre durante las Fiestas, y que también cumplan con los pagos que les corresponden a sus empleados.
“El día que me despidieron eran las 14.30 y seguíamos en el negocio; una chica nueva opinó que no convenía irnos a nuestras casas porque teníamos que gastar en remises, y no teníamos tiempo de volver”, dijo entre sollozos. “Nos mandan a la casa para no tener que darnos el almuerzo; entonces, yo le hice un comentario a la encargada sobre por qué no nos pagaban la comida, y se armó un revuelo por eso. Luego, me llamaron para darme el telegrama”, agregó.
- Antes de este episodio, ¿había observado algo extraño?
- No, pero siempre fui de reclamar las horas extras, que no nos pagaban. En el resumen de sueldo me pagan $ 71 de horas extras, cuando yo trabajaba de lunes a viernes de 8.30 a 14, y de 17 a 22, o a 22.30 o directamente a 23. Y esas horas no me las pagaban. Los sábados ingresábamos a la misma hora que los días de semana, salíamos a las 15, volvíamos a las 18 y nos íbamos a las 22 o a las 23.30. Por todas esas horas extras, me correspondería cobrar unos $ 300. Esto les pasa a todas las chicas, y se callan por miedo. Yo no tengo miedo; y voy a defender mis derechos porque la ley me ampara.
- ¿Qué le dijeron cuando le entregaron el telegrama de despido?
- Cuando me quejé por lo sucedido, me dijeron que era por el reclamo de los $ 116, y que eso sería un ejemplo para las que no quisieran trabajar el domingo. Además, en el recibo de sueldo figura que cobro en efectivo, cuando en realidad me pagaban con tickets Proms. Cuando nació mi hijo, durante los tres meses de licencia me pagaron los $ 1.000 que me correspondían con estos tickets. Hay muchas chicas que están pasando por la misma situación.
Eliana Banuera recalcó que la presión del sindicato es importante en estos casos, “porque si ellos no exigen que cierren las puertas del negocio, no salimos más. Yo tengo una familia; mi hijo de nueve meses no me conoce ni la cara ya”. Destacó que siempre estaba dispuesta a trabajar todas las horas que fuera necesario, pero exigía que se las pagaran.
Ante una consulta de LA GACETA, los propietarios del comercio involucrado en este caso se rehusaron a formular declaraciones.
Eliana, una joven tucumana oriunda de Tafí Viejo y madre de un niño de nueve meses, hasta el jueves por la noche se desempeñaba como vendedora de ropa en un comercio ubicado en la peatonal Muñecas primera cuadra. Ya sin empleo, en forma espontánea se presentó ayer en LA GACETA para exponer su caso, con copias del telegrama de despido y de la última boleta de sueldo, en la que consta su condición de vendedora en la firma Nasim Zeitune SACIFIA, de Muñecas 167, con fecha de ingreso el 23 de junio de 2004.
Algo que molestó mucho a Eliana es que la empresa que la despidió pertenece al padre de Pablo Zeitune, titular de la Dirección de Comercio Interior de la Provincia. Precisamente, este es uno de los organismos encargados de controlar que los comercios respeten los horarios de apertura y cierre durante las Fiestas, y que también cumplan con los pagos que les corresponden a sus empleados.
“El día que me despidieron eran las 14.30 y seguíamos en el negocio; una chica nueva opinó que no convenía irnos a nuestras casas porque teníamos que gastar en remises, y no teníamos tiempo de volver”, dijo entre sollozos. “Nos mandan a la casa para no tener que darnos el almuerzo; entonces, yo le hice un comentario a la encargada sobre por qué no nos pagaban la comida, y se armó un revuelo por eso. Luego, me llamaron para darme el telegrama”, agregó.
- Antes de este episodio, ¿había observado algo extraño?
- No, pero siempre fui de reclamar las horas extras, que no nos pagaban. En el resumen de sueldo me pagan $ 71 de horas extras, cuando yo trabajaba de lunes a viernes de 8.30 a 14, y de 17 a 22, o a 22.30 o directamente a 23. Y esas horas no me las pagaban. Los sábados ingresábamos a la misma hora que los días de semana, salíamos a las 15, volvíamos a las 18 y nos íbamos a las 22 o a las 23.30. Por todas esas horas extras, me correspondería cobrar unos $ 300. Esto les pasa a todas las chicas, y se callan por miedo. Yo no tengo miedo; y voy a defender mis derechos porque la ley me ampara.
- ¿Qué le dijeron cuando le entregaron el telegrama de despido?
- Cuando me quejé por lo sucedido, me dijeron que era por el reclamo de los $ 116, y que eso sería un ejemplo para las que no quisieran trabajar el domingo. Además, en el recibo de sueldo figura que cobro en efectivo, cuando en realidad me pagaban con tickets Proms. Cuando nació mi hijo, durante los tres meses de licencia me pagaron los $ 1.000 que me correspondían con estos tickets. Hay muchas chicas que están pasando por la misma situación.
Eliana Banuera recalcó que la presión del sindicato es importante en estos casos, “porque si ellos no exigen que cierren las puertas del negocio, no salimos más. Yo tengo una familia; mi hijo de nueve meses no me conoce ni la cara ya”. Destacó que siempre estaba dispuesta a trabajar todas las horas que fuera necesario, pero exigía que se las pagaran.
Ante una consulta de LA GACETA, los propietarios del comercio involucrado en este caso se rehusaron a formular declaraciones.









