Eber Ludueña (una creación del actor y conductor Luis Rubio) se metió en la piel y en el corazón de los argentinos fanáticos del fútbol. A tal punto que cada vez que cuenta anécdotas o historias sobre su trayectoria como futbolista parecen extraídas de la realidad. Y sin embargo, es sólo ficción. El personaje pasó por Tucumán para realizar una promoción en una entidad bancaria. Inconfundible con su bigote, la cabellera rubia y el equipo deportivo que "usaba" en su época de jugador, Eber sorprendió y divirtió a los tucumanos que lo saludaron en la calle San Martín. Allí habló con LA GACETA.
- ¿Es la primera vez que viene a Tucumán?
- Pasé una vez, pero como turista. Es la primera vez que paro en la ciudad y justo me tocó un día de mucho calor. ¿Hace siempre este calor acá?
- En esta época arrancamos así, después se pone peor...
-O sea que acá octubre ya es verano. Bueno, es bueno saber estas cuestionesss climáticasss (sic) cuando uno tiene la suerte de poder viajar.
-¿Cómo se relaciona el humor y el fútbol; cuáles son los elementos que toma para crear este personaje que tiene tanto éxito?
- El fútbol digamos que es algo transversal que une un montón de cosas. Permite que el gerente de la empresa juegue o discuta de fútbol con el último empleado. Atraviesa todos los estamentos y hace eso; une, pero a veces también divide. Me pasó que venía de hacer humor político en radio y al irme a trabajar en TyC, el canal del deporte, comencé a pensar personajes que estén vinculados con el fútbol, porque la materia prima de lo que estaba laburando era el deporte. Si hubiese sido contratado por El Gourmet, tal vez hoy el personaje hubiese sido un cocinero y con menos éxito. Si Eber hubiese sido un polista, no tendría éxito.
- Usted dijo: el fútbol une pero también divide. ¿Cómo analiza la violencia que existe entre las hinchadas?
- Es muy complicado. Estoy trabajando en Santa Fe con Javier Castrilli, en un proyecto que se le ocurrió a Carlos Aimar, Secretario de Deportes de esa provincia. Armamos una especie de debate, de contraposición de figuras con Castrilli y Eber; uno reglamentalista y el otro más rústico y más violento, justamente para los pibes que juegan en las inferiores y para los padres. Hay muchos factores que intervienen; por ahí la prensa, los dirigentes y los jugadores incitan a la violencia. Es mucho más complejo de lo que parece, no es cuestión de agregar policías. La violencia está insertada también en la sociedad, no solo en el fútbol. Hoy por hoy, los pocos lugares donde la gente se manifiesta junta y escondida en esa impunidad que da el anonimato de la masa, es en el fútbol. Es por donde emerge el conflicto y creo que hay que hacer cosas a través de la educación.
-¿Conoce el fútbol de Tucumán o de otras provincias?
-De mi época. Conozco un poco más de Racing de Córdoba, recuerdo un Altos Hornos Zapla, un Loma Negra de Olavarría y un San Martín de Tucumán.
- ¿Y cuáles son esos recuerdos?
-Los cabellos, los bigotes, una melena ¿verdad? (sic) Recuerdo una "Pepona" Reinaldi en Talleres. Tengo fotografías que me vienen de aquella época... a mi mente.
Una anécdota
Eber o Luis (como prefiera) sufrió bastante. Estuvo sin trabajo y con un hijo recién nacido. Lo despidieron de un canal rosarino por escupir un carozo de aceituna delante de cámara; le llevaron el video al gerente y lo echó. Hoy está agradecido por eso y dice que debería ir a buscar ese carozo, porque fue el "carozo angular" de su carrera.