La literatura juvenil a veces trata temas polémicos

Una exitosa novela cuenta la historia de la apropiación de un bebé, de padres desaparecidos, en la dictadura militar.

VALENTINO. El escritor dio una charla en la Feria del Libro. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI VALENTINO. El escritor dio una charla en la Feria del Libro. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
22 Octubre 2006
Embargado por la emoción de tener enfrente de él al autor de un libro que lo atrapó y lo emocionó, el adolescente Pablo Nicolás Zelarayán (17) -alumno de la escuela Docencia Tucumana- acribilló a preguntas al escritor Esteban Valentino. El autor firmaba ejemplares de sus obras en la Feria del Libro, que concluyó ayer.
La historia de la novela “La soga”, que se vincula con la apropiación ilegal de bebés durante la última dictadura militar, mantuvo en vilo a Pablo y a sus compañeros, que la leyeron por sugerencia de la profesora de literatura Mariana Díaz. “Al curso le gustó mucho. Antes habíamos leído ‘Del amor y otros demonios’, que es una novela larga, pero esta nos ha resultado más atrapante”, afirmó el joven. Los fans que se acercaron a Valentino también elogiaron su novela “La buena sangre”, que es autobiográfica, según afirmó el autor.
“Antes de irme al exilio yo tenía una novia. El padre fue baleado, yo tenía 17 años y ella 15. Cuando volví, 25 años después, me llamó por teléfono y nos reencontramos como dos viejos amigos. Eso cuenta la novela”, resumió el autor de “A veces la sombra” y “El hombre que creía en la luna”. Reconoció que los escritores de literatura infantil y juvenil dependen, en gran medida, de la mediación de los docentes para la difusión de sus obras.
“Cuando se trata de un tema polémico, como el de los desaparecidos, hay docentes que oponen resistencia -aclaró-. El otro tema dificultoso es el sexo. Uno puede matar a 65 personas en un cuento, cortarlas en pedacitos, y nadie protesta. Pero si contamos que un pibe acaricia el pecho de una chica, empiezan los problemas”.
Otra de las figuras de la literatura infantil que visitaron la feria es Lilia Lardone, autora de “Caballero negro”, Premio Latinoamericano de Literatura Infantil 1999. En esa novela, un chico cuyos padres se están separando se refugia en la fantasía y va forjando un personaje. Sus aventuras transcurren en forma paralela a lo que sucede en la casa.

La mediación docente
En su último libro, “Los picucos”, la escritora cordobesa cuenta la historia de Moncho, un chico que ha perdido los picucos. “No se consiguen, no se fabrican más y él se aburre mucho sin picucos ¿Qué son? Bueno, ese es el secreto -desafió Lardone-. Este año publiqué una novela para mayores: ‘Esa chica’. Es sobre una mujer de 50 años que hace un balance de su vida, en un momento muy decisivo. Trata sobre las posibilidades de elegir, de equivocarse, de las contradicciones del ser humano”.
Lardone no cree en la división entre literatura para mayores y para chicos, sino sólo en la clasificación de buena o mala. Algo que conspira contra la calidad es la sobreabundancia de títulos nuevos, que responde a una necesidad comercial de las editoriales. “El docente tiene que conocer bien el tema, leer, para seleccionar el material que va a ofrecerles a sus alumnos. Si un adulto toma un libro para niños y le pasó algo: sonrió, se conmovió, le gustó, lo entretuvo, es un libro bueno -dijo-. Tampoco hay que pretender que la literatura infantil transmita enseñanzas. El escritor debe trabajar la historia y lo que ella dé. La literatura no enseña; se incorpora paulatinamente, de un modo muy gradual”. Para que la literatura llegue a los chicos a través de los docentes, la escritora sugiere que se reformulen los programas de los profesorados. “Los futuros maestros tal vez tienen una materia que se llama Literatura Infantil, pero no tienen ninguna materia que se llame Literatura -dijo-. Si alguien no es lector, mal puede ser mediador y entusiasmar a los niños”.




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