14 Octubre 2006 Seguir en 
Lima, Perú.- Abimael Guzmán, fundador de Sendero Luminoso, fue condenado a pasar el resto de su vida en prisión, 26 años después de haber iniciado una guerra interna en Perú que terminó con la lenta agonía de su grupo rebelde.
Capturado en septiembre de 1992, Guzmán fue condenado anoche a cadena perpetua por un tribunal civil que lo declaró culpable de "terrorismo" junto a otros cabecillas del grupo maoísta.
Hace tres años, una corte militar emitió un fallo similar en su contra, pero éste fue anulado.
A la cabeza del grupo rebelde más sanguinario de América Latina, el llamado "presidente Gonzalo" se alzó en armas en mayo de 1980, al tomar una oficina electoral en un poblado remoto de los Andes, dando paso a dos décadas de una guerra interna que dejó más de 69.280 muertos y desaparecidos, entre gerrilleros, fuerzas de seguridad y población civil.
Todo empezó cuando Guzmán, como profesor de filosofía, fundó en la década de 1970 en la universidad andina de Humanga, el "Frente Estudiantil Revolucionario por el Sendero Luminoso de Mariátegui", en honor a un filósofo peruano.
En esa época, Guzmán viajó dos veces a China, donde quedó impresionado con la revolución de Mao Tse Tung y decidió recomponer el alicaído Partido Comunista de Perú, gestando su llamada "guerra popular" contra la explotación y la pobreza.
Ese frente estudiantil dio origen a Sendero Luminoso, que buscaba imponer el comunismo, y Guzmán se autoproclamó como "la cuarta espada del marxismo", después de Marx, Lenin y Mao.
Desde entonces, los ataques de Sendero Luminoso fueron diarios, con asesinatos, pueblos completos arrasados o coches bomba que dejaban ciudades a oscuras. En Ayacucho, en los Andes centrales de Perú, se reportó un 40 por ciento de las víctimas.
Entre los mayores atentados de Sendero Luminoso está la matanza de 69 campesinos, entre ellos 22 niños, en el pueblo ayacuchano de Lucanamarca en 1983; y un coche bomba frente a un edificio residencial de Lima, que causó más de una veintena de fallecidos en julio de 1992.
Sólo los ataques de Sendero provocaron entre 1980 y el 2000 la muerte de 31.331 personas, según cifras oficiales.
El mito Guzmán
Los bien planeados ataques del grupo, su red de espías y la habilidad de Guzmán para evitar arrestos, lo convirtieron en una leyenda durante los 12 años que vivió en la clandestinidad.
Sus seguidores lo endiosaron con canciones y poemas, mientras los panfletos de Sendero lo mostraban robusto, con pelo ondeado y lentes de montura negra, alzándose sobre masas de campesinos armados, con el puño izquierdo en alto y sosteniendo con la otra mano el pequeño libro rojo de Mao.
Incluso la policía antiterrorista todavía conserva en un museo grandes óleos, bordados y hasta una estatua con la imagen del líder guerrillero, entre otros objetos personales, que reflejan el fanatismo que caracterizó a esa agrupación.
"Guzmán se siente un enviado, un Mesías. Está obsesionado con la destrucción del aparato estatal, al considerarlo como el origen de todos los males", dijo Gastón Garatea, ex miembro de una comisión que investigó violaciones de derechos humanos y que lo entrevistó 16 veces en la prisión.
El 12 de septiembre de 1992, la policía acabó con el mito del "presidente Gonzalo" al atraparlo sin disparar un tiro, mientras se escondía en la casa de una bailarina de ballet, tras dos años de ser el hombre más buscado de Perú.
Con su captura, el gobierno asestó un duro golpe a la insurgencia, ya que junto a él se detuvo a los principales lugartenientes del comité central de Sendero Luminoso.
Guzmán, de 71 años, luce ahora como un anciano indefenso, aunque hace dos años apareció ante cámaras de televisión, gritando arengas a favor del comunismo junto a otros miembros de la cúpula rebelde, lo que le costó la separación de su amante Elena Iparraguirre, con quien compartía la misma celda.
Aunque Sendero disminuyó su accionar tras la captura de su líder, una facción del grupo aún actúa en la selva peruana en alianza con los narcotraficantes, que los proveen de dinero y armas a cambio de protección. (Reuter)
Capturado en septiembre de 1992, Guzmán fue condenado anoche a cadena perpetua por un tribunal civil que lo declaró culpable de "terrorismo" junto a otros cabecillas del grupo maoísta.
Hace tres años, una corte militar emitió un fallo similar en su contra, pero éste fue anulado.
A la cabeza del grupo rebelde más sanguinario de América Latina, el llamado "presidente Gonzalo" se alzó en armas en mayo de 1980, al tomar una oficina electoral en un poblado remoto de los Andes, dando paso a dos décadas de una guerra interna que dejó más de 69.280 muertos y desaparecidos, entre gerrilleros, fuerzas de seguridad y población civil.
Todo empezó cuando Guzmán, como profesor de filosofía, fundó en la década de 1970 en la universidad andina de Humanga, el "Frente Estudiantil Revolucionario por el Sendero Luminoso de Mariátegui", en honor a un filósofo peruano.
En esa época, Guzmán viajó dos veces a China, donde quedó impresionado con la revolución de Mao Tse Tung y decidió recomponer el alicaído Partido Comunista de Perú, gestando su llamada "guerra popular" contra la explotación y la pobreza.
Ese frente estudiantil dio origen a Sendero Luminoso, que buscaba imponer el comunismo, y Guzmán se autoproclamó como "la cuarta espada del marxismo", después de Marx, Lenin y Mao.
Desde entonces, los ataques de Sendero Luminoso fueron diarios, con asesinatos, pueblos completos arrasados o coches bomba que dejaban ciudades a oscuras. En Ayacucho, en los Andes centrales de Perú, se reportó un 40 por ciento de las víctimas.
Entre los mayores atentados de Sendero Luminoso está la matanza de 69 campesinos, entre ellos 22 niños, en el pueblo ayacuchano de Lucanamarca en 1983; y un coche bomba frente a un edificio residencial de Lima, que causó más de una veintena de fallecidos en julio de 1992.
Sólo los ataques de Sendero provocaron entre 1980 y el 2000 la muerte de 31.331 personas, según cifras oficiales.
El mito Guzmán
Los bien planeados ataques del grupo, su red de espías y la habilidad de Guzmán para evitar arrestos, lo convirtieron en una leyenda durante los 12 años que vivió en la clandestinidad.
Sus seguidores lo endiosaron con canciones y poemas, mientras los panfletos de Sendero lo mostraban robusto, con pelo ondeado y lentes de montura negra, alzándose sobre masas de campesinos armados, con el puño izquierdo en alto y sosteniendo con la otra mano el pequeño libro rojo de Mao.
Incluso la policía antiterrorista todavía conserva en un museo grandes óleos, bordados y hasta una estatua con la imagen del líder guerrillero, entre otros objetos personales, que reflejan el fanatismo que caracterizó a esa agrupación.
"Guzmán se siente un enviado, un Mesías. Está obsesionado con la destrucción del aparato estatal, al considerarlo como el origen de todos los males", dijo Gastón Garatea, ex miembro de una comisión que investigó violaciones de derechos humanos y que lo entrevistó 16 veces en la prisión.
El 12 de septiembre de 1992, la policía acabó con el mito del "presidente Gonzalo" al atraparlo sin disparar un tiro, mientras se escondía en la casa de una bailarina de ballet, tras dos años de ser el hombre más buscado de Perú.
Con su captura, el gobierno asestó un duro golpe a la insurgencia, ya que junto a él se detuvo a los principales lugartenientes del comité central de Sendero Luminoso.
Guzmán, de 71 años, luce ahora como un anciano indefenso, aunque hace dos años apareció ante cámaras de televisión, gritando arengas a favor del comunismo junto a otros miembros de la cúpula rebelde, lo que le costó la separación de su amante Elena Iparraguirre, con quien compartía la misma celda.
Aunque Sendero disminuyó su accionar tras la captura de su líder, una facción del grupo aún actúa en la selva peruana en alianza con los narcotraficantes, que los proveen de dinero y armas a cambio de protección. (Reuter)







