06 Octubre 2006 Seguir en 
GEORGETOWN (EE.UU.).- La comunidad amish en Pennsylvania comenzó ayer a enterrar a las víctimas de la masacre de esta semana en una pequeña escuela de una habitación, entre nuevos temores de que su forma de vida rural esté cediendo ante la modernidad. Los primeros carruajes fúnebres tirados por 37 demacrados caballos y conducidos por acongojados amish vestidos de negro, desfilaron por la principal calle de Georgetown, a unos pocos kilómetros de la escuela donde un repartidor de leche -que no pertenecía al grupo religioso- disparó el lunes contra 10 niñas de entre 6 y 13 años. Cinco de las víctimas perdieron la vida y el atacante, Carl Roberts, se inmoló poco después. La procesión fue encabezada por un coche que transportaba el ataúd de Naomi Rose Ebersol, de 7 años, y una de las cinco niñas a las que Roberts disparó simulando una ejecución tras ingresar a la escuela amish -localizada cerca de Nickel Mines- y amarrar a las víctimas.
Se están haciendo las preparaciones para el funeral de una sexta niña que dejará de recibir asistencia vital en el Hospital Hershey y será llevada a su casa para que fallezca, dijo Rita Rhoads, una enfermera y matrona que trajo al mundo a dos de las víctimas.
Otras cuatro niñas permanecen hospitalizadas con heridas de bala.
Los familiares de las víctimas han perdonado al atacante, dijo Rhoads. Uno de los abuelos había visitado a los parientes de Roberts el lunes para demostrarlo. (Reuter)
Se están haciendo las preparaciones para el funeral de una sexta niña que dejará de recibir asistencia vital en el Hospital Hershey y será llevada a su casa para que fallezca, dijo Rita Rhoads, una enfermera y matrona que trajo al mundo a dos de las víctimas.
Otras cuatro niñas permanecen hospitalizadas con heridas de bala.
Los familiares de las víctimas han perdonado al atacante, dijo Rhoads. Uno de los abuelos había visitado a los parientes de Roberts el lunes para demostrarlo. (Reuter)







