Mensajes y perfiles contradictorios

La "economía heterodoxa" que presentó Kirchner en Nueva York es observada con notoria inseguridad. Ausencia presidencial en comidas y reuniones protocolares. Por Angel Anaya - Columnista.

21 Septiembre 2006
BUENOS AIRES.- Los hechos están confirmando que la prioridad esencial de Kirchner y de su comitiva en Nueva York es tratar de poner fin a la desconfianza que su “economía heterodoxa” -así la definió el Presidente- provoca en los mercados de inversión. Seguramente que el esfuerzo no será vano, pero no parece que provoque el ritmo de respuestas que el crecimiento argentino sostenible está requiriendo. No es precisamente la ministra Felisa Miceli quien secunda a Kirchner con mayor presencia, sino Julio de Vido, pero ambos siguen sin advertir que tan duro y gran negocio no se debe intentar repudiando simultáneamente a los organismos internacionales de crédito, los fondos de inversión y a los analistas de mayor prestigio que observan esa “economía heterodoxa” con notoria inseguridad. ¿De qué sirve que De Vido haya dicho que el país ofrece la mayor tasa de rentabilidad a los inversores de capital, si los métodos para controlar la inflación del secretario de Comercio implican virtuales controles de precios? ¿Acaso contribuye a restablecer la seguridad y la confianza negar que se está en la cresta de una crisis de energía que amenaza a los índices promisorios que difunde el Gobierno? No hay crisis, machacan ambos, sino crecimiento sin las inversiones necesarias. Las siete acepciones con que la Academia define la palabra revelan, como ya se dijo, que ese es el término correcto.

Ambivalencia ante las NU
La gira presidencial está teniendo igualmente otros matices indisimulables sobre los comportamientos individuales de sus más significativos integrantes. Por ejemplo, la ausencia del Presidente en comidas y en reuniones protocolares, como en los casos de George W. Bush y Kofi Annan; también su resistencia al diálogo con el periodismo argentino.
En  este último punto y como ocurre frecuentemente, Cristina Fernández, la primera dama, habló y mantuvo dos horas de diálogo, algo que jamás hace aquí ni por un minuto.
En ambos casos, es el jefe del Gabinete quien acude como vocero y manejador de los medios de información pública oficiales. Esa circunstancia provoca un vacío informativo donde la conjetura, el rumor y la especulación suelen salir gananciosos, sin que los responsables oficiales adviertan que no los beneficia y  que los títulos más llamativos se asignan a quienes practican la libertad de información. El mensaje presidencial en la Asamblea General de las Naciones Unidas fue concebido con los mismos criterios ambivalentes que maneja la política oficial; es decir, tratando de recurrir, a veces con éxito, al eufemismo y a la anfibología, para que, por ejemplo, Chávez y Morales no aparezcan como amigos sino como consecuencias inevitables del desequilibrio hemisférico que el Gobierno trata de superar sin la compañía necesaria de la confianza capitalista. (De nuestra Sucursal)



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