La molesta visión del arzobispo
Monseñor Villalba deslizó pensamientos que a las autoridades les disgusta escuchar, especialmente cuando aluden a las responsabilidades de los poderes del Estado. Por Juan Manuel Asís - Redacción LA GACETA.
19 Septiembre 2006 Seguir en 
El arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Héctor Villalba, deslizó conceptos de esos que las autoridades prefieren no escuchar, y menos que se los digan en la cara. Lo hizo durante su encuentro con el gobernador José Alperovich, el vicegobernador Fernando Juri y el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfredo Carlos Dato. El prelado no quiso fotos, tal vez pensando que el contenido era más importante que la forma, y tampoco aceptó las preguntas de los periodistas. Se limitó a entregarles un documento sobre la posición de la iglesia frente a temas de gran sensibilidad social que fueron abordados en la reunión. A los tres visitantes no les debe haber agradado oír de boca del jefe de la Iglesia local que sigue en pie la deuda social, que la gente tiene miedo y que necesita recuperar la confianza en la Justicia.Aunque lo hubiesen sabido de antemano, no habrían podido rehuir del compromiso. Llegaron en un mismo vehículo a la cita (imagen de una relación institucional que no es verdadera), prestos a escuchar, más que a poner la otra mejilla. Pero recibieron cachetazos. Y salieron juntos, reconociendo el valor de la iniciativa, pero en la charla entre las cuatro paredes, los visitantes ensayaron defensas frente a la extensa queja y a la dura realidad social que les pintó el arzobispo.
El titular del Poder Ejecutivo -que a los periodistas les dijo que la causa de Villalba es la suya-, luego de escuchar incómodo que en Tucumán hay inequidad y fragmentación social, le apuntó al pastor que desde el Gobierno se está trabajando fuerte para achicar la brecha entre ricos y pobres. La seguidilla de reflexiones del arzobispo pareció hacer mella en Alperovich, más que en sus compañeros de cita. No podía ser menos, si el prelado habló de exclusión, de que en las parroquias que visita le denuncian que se padece de inseguridad, o que el poder político siempre tiene la tentación de limitar a un Poder Judicial medianamente independiente. Después de todo esto, Alperovich no podía menos que sentirse el único receptor de la visión crítica, y así se los hizo saber a algunos de sus colaboradores.
De este segmento del gabinete se defendió la gestión del mandatario, una vez que tomó estado público el documento del prelado. Así, por ejemplo, se manifestó que el problema de la exclusión no es patrimonio de Tucumán, sino un mal que aqueja a todo el país, o que los indicadores sociales mejoraron en salud y educación y que mermó la desocupación. Esta conducta no hace más que confirmar que fue el gobernador quien más padeció los efectos del encuentro. Es más, alguno hasta creyó ver la mano de algún abogado opositor en las reflexiones escritas de Villalba cuando pidió que se evite la politización y la burocratización del Consejo de la Magistratura y del Jurado de Enjuiciamiento.
Cuando el arzobispo aludió a la necesidad de la independencia del Poder Judicial, la reacción fue tanto de Alperovich como de Dato. El primero dijo que no había problemas con este tema, mientras que el titular del máximo tribunal le aseguró a Villalba que existía tal independencia, lo que luego ratificó ante los periodistas. Juri no puede quedar al margen de la visión del arzobispo, porque es parte de un poder del Estado, con su cuotaparte de responsabilidad, aunque pueda celebrar que la reivindicación del diálogo que hizo el pastor es lo que pregona desde la Legislatura, pese a que eso le cueste algún cortocircuito con el titular del PE.
¿Cuáles serán las consecuencias de este encuentro? A partir de lo que manifestaron públicamente los tres invitados, cabría pensar en una eficaz relación entre los poderes y en una mejor gestión de Gobierno para enfrentar los flagelos sociales que expuso Villalba. Pero eso sólo se verificará con el tiempo y con hechos. Por ahora, vale rescatar una frase de Villalba: “nadie debe presumir de poseer toda la verdad. Todos los programas tienen luces y sombras y pueden mejorar con el diálogo”.
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