Un modelo demasiado ilusorio

El FMI no hará la reforma que piden la Argentina y muchos países en desarrollo. El Gobierno sigue necesitando un garante como el Fondo para seducir a los inversores. Por Angel Anaya - Columnista.

19 Septiembre 2006
BUENOS AIRES.- Seguramente que el reinado de la comunidad global ha afectado desde hace tiempo las reglas de juego del Fondo Monetario Internacional que, desde hace 60 años, rigieron al más importante organismo financiero mundial. Pero su necesaria reforma no será la deseada por la Argentina y numerosos países en desarrollo, y sí por los pobres. La ministra Felisa Miceli se fue de Singapur, donde sesionaba el Fondo, a Nueva York, para unirse a la comitiva de Kirchner, convencida de que habría de ser así, mas no sin haber sugerido que los países de nuestra región no necesitarían pedirle plata al FMI, si acordaran desenvolverse en casos de crisis, como lo hacen los asiáticos: recurriendo a sus vecinos en buena coyuntura. Pero Miceli parecería no advertir que en Oriente no pesan como en Latinoamérica las cargas ideológicas y por eso China, comunista, tiene provincias capitalistas como Hong Kong, y se negocia económicamente sin distinción entre regímenes políticos muy diversos. Esto es inimaginable, por ejemplo, en el Mercosur, donde las dos economías mayores se manejan con limitada consideración por las menores. Esa diferencia permite que los orientales gocen de suficiente confianza en los mercados internacionales, como ocurre con Vietnam, vaya por caso, uno de los países con mayores inversiones extranjeras per cápita, inclusive de Estados Unidos, que perdió allí su primera guerra.

Con perfil incierto
Consecuentemente, la Argentina sigue necesitando un garante, como el Fondo Monetario, para seducir a los inversores de capital, extranjeros o nacionales, en sectores económicos cuya expansión constante -el testimonial caso de la energía- depende de políticas de largo plazo. Ese ha sido un pronóstico muy generalizado entre los fondos de inversión al momento de llegar Kirchner y su numerosa comitiva a la sede del capitalismo mundial. La gira argentina había sido precedida por el estudio anual del Banco Mundial, influyente gemelo del FMI, donde nuestro país queda ubicado en una medianía como plaza de confianza, a pesar de los datos sobre crecimiento de la economía. En el eje de ese dictamen, como si fuera un termómetro que manifiesta una señal de alarma, aparece la prolongada indefinición gubernamental sobre el congelamiento de las tarifas públicas, que detiene las inversiones en un sector básico para el crecimiento económico sostenido. El interrogante es aquí y ahora, cómo hará Kirchner para borrar en una semana su perfil confuso entre fiscalista ortodoxo y raudo acumulador de poderes institucionales. Si eso no se logra, será muy difícil que tan importante gira ponga fin a las reservas con que se observa a su gobierno en el exterior. (Sucursal Buenos Aires)


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