Riquelme y las presiones en el mundo del fútbol

18 Septiembre 2006
El renunciamiento de Juan Román Riquelme a seguir jugando en la Selección nacional de fútbol produjo comentarios de todo tipo e instaló de manera impensada el tema de la exposición pública de un futbolista y de si este está preparado para asumirla sin que él mismo y su entorno se vean perturbados.
El actual jugador del Villarreal, de España, decidió no seguir vistiendo la camiseta albiceleste, después de que su madre acusó problemas de salud ante las críticas que su hijo recibía por sus actuaciones. El talentoso volante ofensivo había sido el hombre que mayores reparos tuvo debido a su rendimiento en el reciente Mundial de Alemania, donde era a priori un candidato a ser elegido la estrella del torneo.
Esta situación encontró un parangón reciente en el alejamiento de Marcelo Bielsa a la conducción técnica del combinado nacional. El entrenador, que había fracasado en su objetivo en el Mundial 2002 de Corea y Japón, y luego llegó a la gloria al conducir al equipo a la medalla de oro olímpica en Atenas 2004, decidió alejarse de su función, aduciendo el final de un ciclo. Más atrás en el tiempo, surgió el caso del entonces defensor de Huracán, Jorge Carrascosa, quien, de inamovible titular de la Selección de cara al Mundial de 1978, decidió dejar el equipo. Hubo quienes dijeron que lo hizo por sus convicciones de no participar de un torneo organizado por la dictadura; otras versiones indicaron que tomó la determinación debido al hartazgo que le producía el ya incipiente cambio que se estaba produciendo en el fútbol, que comenzó a darle más relevancia al negocio que al juego en sí mismo.
Ninguno de los casos expuestos, sin embargo, tuvo su sustento en una situación que afectara el entorno del protagonista. Y es allí donde resulta un ejercicio especial analizar el proceso que llevó a una decisión, por el momento aparentemente sin retorno.
Riquelme fue, es y será un talento. No hay discusión sobre ello. Pero siempre resultó llamativo ver que su rendimiento a nivel clubes no fue el mismo que mostró mientras vistió la camiseta albiceleste. Con su eterno gesto adusto y una actitud ante los medios de prensa y el público casi de aislamiento, aspectos muy distantes de la magia que despliega desde los pies, el jugador parecía no disfrutar mientras representaba al fútbol del país. Como si la carga fuera demasiado pesada y la responsabilidad muy grande.
En actividades como las deportivas y las artísticas, se sabe que la exposición pública es alta. En la primera de las actividades, lo que hace o deja de hacer, en este caso, un futbolista del nivel de Riquelme es motivo permanente de análisis, de comentarios, de críticas. Eso es tan natural como lo es la ansiedad de la gente por ver que sus ídolos lleguen a la meta, como una extensión de lo que cada uno querría para su propia vida, en caso de tener un talento específico, como lo es jugar bien con una pelota.
Todo esto, sin dudas, desbordó la capacidad de aguante y asimilación de Riquelme y de su entorno. Sin una preparación adecuada para aceptar la figura del hombre público que es, su decisión, si bien afectará evidentemente el incipiente proceso de la Selección que acaba de iniciar Alfio Basile, igualmente es valedera y debe ser respetada como tal.
Se sabe que nadie puede hacer algo por obligación y mucho menos si esa actividad afecta su propia salud o la de su familia. Desde ese punto de vista, Riquelme no puede ser objeto de ninguna crítica. Por otro lado, sería bueno que las autoridades que rigen en el deporte tomen nota de este caso, ya sea para ayudar a quien ahora se ve afectado, como para prevenir nuevos casos. Sería una forma de humanizar de alguna forma una actividad que a veces pierde la esencia en función del negocio más conveniente.




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