El choque entre la teoría y la política
Por Carlos Abrehu, Secretario General de Redacción. El arzobispo Villalba, en sintonía con el cardenal Bergoglio, interpela a los jefes de los poderes.
17 Septiembre 2006 Seguir en 
El mundo institucional se sacudió súbitamente, en las últimas jornadas, por la movida que protagonizó un actor ajeno a sus estructuras: el arzobispo de Tucumán, Luis Héctor Villalba. El vicepresidente primero del Episcopado Argentino se propuso sentar en una misma mesa al gobernador, al vicegobernador y al presidente de la Corte Suprema de Justicia. José Alperovich, Fernando Juri y Alfredo Dato aceptaron dialogar mañana con el alto dignatario eclesiástico, en las oficinas de este. A caballo del clima espiritual que genera la fiesta mercedaria en Tucumán, el prelado colocó al diálogo como una vía maestra de la vida social. La noticia sorprendió a los jefes visibles de los tres poderes, pero ninguno quiso desairarlo. Una respuesta obcecada los habría descolocado ante la sociedad. En la aceptación al convite está implícita la aceptación de la Iglesia como poder moral de la comunidad política. Desde la órbita eclesiástica se predica la necesidad de revalorizar la función política como constructora del bien común en la compleja vida social de hoy. Uno de los que más énfasis ponen en ese pensamiento es el primado de la Iglesia y arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio. Este ha insistido en que hace falta "una política de construcción" en la Argentina de hoy. A estas reflexiones pueden agregarse otras propias de las contiendas interpoderes que se registran en la provincia, que suscitan inquietudes justificadas en otros ámbitos. Puntos de divergencia
La preocupación por el destierro del estado de beligerancia discursiva y por la mejor concreción del bien común es algo con lo que ningún dirigente con responsabilidades institucionales puede discrepar. Sin embargo, la división de poderes en el régimen republicano de gobierno asigna competencias y misiones específicas que pueden chocar en sus desenvolvimientos concretos. Ante la opinión pública, estos aparecen como una pelea típica de los políticos, cuando en realidad explicitan enfoques divergentes. Las iniciativas de los poderes políticos (Ejecutivo y Legislatura) han entrado en colisión con las revisiones que decidió la Justicia en más de una oportunidad en tiempos recientes. La polémica se focalizó en la aplicación de los cambios constitucionales, algunos de los cuales están congelados. El Consejo de la Magistratura y el Jurado de Enjuiciamiento de jueces son dos casos que ejemplifican esa situación. Las impugnaciones que pesan respecto de ambos institutos alertan acerca del discrecional manejo que puede hacer el oficialismo en materia judicial. En este despliegue de posiciones, al Judicial se le encomendó interpretar la Constitución y evitar los desbordes de los poderes políticos.
La excusa de la emergencia y de la ejecutividad condenaron a los legisladores a aprobar más de una vez los proyectos de la Casa de Gobierno. El rango constitucional que se les dio a los decretos de necesidad y urgencia (DNU) confirmó esa tendencia expansionista del Ejecutivo. Por ende, la tarea de control de la Legislatura se acotó inmensamente por la docilidad de los oficialistas y por la anemia de la oposición. Se resintió el estado de derecho, por la desorbitada preponderancia del gobernador en la división de poderes.
Este cuadro de débil calidad institucional precede a la cumbre de mañana con Villalba. El problema de la inseguridad adiciona un ingrediente de no menor jerarquía al panorama provincial. La preocupación del jerarca eclesiástico se justifica plenamente, pero no existen garantías de que algunas de las cuestiones mencionadas vayan a ser corregidas dentro de plazos relativamente prudentes. Las razones del poder se enfrentarán con las apelaciones de orden ético. El movimiento de Villalba está en línea con el discurso de Bergoglio.
El valor del disenso
El disenso no destruye la democracia, mientras que el pensamiento único atenta contra la pluralidad de opiniones. Las discrepancias no pueden deteriorar a la República. El peronismo se notificó de que Alperovich quiere volver a postularse para el cargo en 2007 por el partido, según reveló el ministro político, Edmundo Jiménez.
La desproporción de recursos entre la maquinaria adicta al gobernador y el de algún eventual competidor es un dato cierto. El vicegobernador Fernando Juri no produjo ningún acto concreto de ruptura con el estatus quo, aun cuando no desprecia mostrarse distinto de Alperovich. Su incursión por la muestra de la Sociedad Rural, cuando ejercía la gobernación, así lo atestigua. Entonces se trataba de la habilitación de la muestra. Pero anoche cerró filas al lado del gobernador y no fue al acto de inauguración oficial.
Sin embargo, sutilmente alentó al "Foro del pan peronismo", con una táctica pendular. El encuentro repudió el golpe de 1955 en el Hotel del Jardín y que alumbró un documento cargado de críticas a la administración alperovichista. Los organizadores le ofrecerán la presidencia de una comisión de homenaje al ex presidente Juan Perón a Juri, en reafirmación de su origen ortodoxo.
De la cita se borraron muchos invitados que no quisieron malquistarse con el gobernador, ya que temen a sus represalias. Una ley no escrita indica también que los cuadros partidarios son obedientes al gobernador de turno. Es la disciplina que imperó en las épocas de Ramón Bautista Ortega y de Julio Miranda, aunque ahora la obediencia a Alperovich es mayor. Los disidentes de ayer quemaron el boleto de retorno al oficialismo, al menos en los más identificados con el tronco partidario en su versión más pura. El desafío es gigantesco y no les queda otro camino que cimentar su diferenciación del oficialismo que manda en la provincia.
La oposición no peronista busca trabajosamente sus propios espacios. Si estos cristalizarán en acuerdos electorales, es un pronóstico propio de la imaginación política.
El primero que salió a ratificar que luchará en soledad es Gumersindo Parajón (Pueblo Unido). Los bussistas deben saldar su propia disputa interna. Luis José Bussi embiste contra el entorno del senador Ricardo Bussi. Este, a la vez, avala a la dirigencia objetada por su hermano. No hay discrepancias en torno de la probable postulación del senador Bussi a la gobernación. La elección del año próximo es clave para aquel si pretende competir por la renovación de su mandato en la Cámara donde están representados los Estados provinciales.
La gestación de un espacio de discusión multipartidaria avanza gradualmente en otra punta del esquema político. En los documentos que se discuten se plantean como ideas fuerza el imperio irrestricto de la ley, la vigencia de la ética pública y la justicia, así como de la responsabilidad solidaria. Están puliendo las coincidencias mínimas las representaciones del Movimiento Tres Banderas (Alejandro Sangenis), de la DC, de la UCR, del socialismo, del Nuevo Partido y del macrismo. El espíritu que anima a esas organizaciones es salvar el régimen democrático. Las buenas intenciones no bastan. Faltan hechos que las avalen.







