Un test de lucidez para el Presidente

Por Hugo E. Grimaldi, columnista de la agencia DYN. Luego de las rabietas por la cuestión energética, llega el viaje a Nueva York.

17 Septiembre 2006
BUENOS AIRES.- Es raro ver al presidente Néstor Kirchner a la defensiva. Sus colaboradores dicen que "no le gusta perder ni a las bolitas" y por eso resultó extraño durante estos días verlo correr detrás de los acontecimientos, descolocado y en situación de respuesta, antes que de iniciativa, el punto que más le luce. Un repaso de los hechos indica que al Gobierno se le han podido registrar varios pasos en falso en relación con el culebrón energético y algunos otros más en el nuevo avance que intentó en materia de créditos hipotecarios, tras un primer round casi perdido por nocaut, hace quince días. En otras cuestiones que se sumaron a la agenda durante la semana, otro tanto ocurrió con las acusaciones de antisemitismo surgidas de la DAIA o con las manifestaciones críticas sobre los controles de precios que salieron de la boca de Rodrigo de Rato, el director gerente del FMI. Si persiste, la situación de paso atrás podría ser un mal precedente para que acompañe al Presidente en el viaje que encaró a los Estados Unidos donde, además de leer su discurso ante la Asamblea de la ONU, deberá mostrarse más que lúcido para cautivar a los empresarios que se reunirán primero en privado con él en el edificio de la Bolsa y que luego irán a escucharlo a la cena que organizó el Council of Americas. Tres años y medio después, el Gobierno ha aprendido que el crecimiento sostenible se logra con inversión, pero "de la buena". Que no sólo alcanza con los dólares del colchón que han aportado aquellos que huyeron de los bancos y apuntalaron el boom de la construcción, sino que se necesita que retornen las inversiones extranjeras directas y que para eso hay que hacer cosas diferentes de las que se encararon hasta ahora, aunque el discurso para el público interno diga otra cosa.
También los funcionarios parecen haberse dado cuenta de que, en esta materia, el Estado no lo puede todo, y por eso, desde hace un tiempo, suelen ofrecer a los privados un proceso de articulación que no lo deje afuera de los negocios.
Es sabido también que en este viaje, Kirchner deberá remontar frente a los inversores estadounidenses algunas cuestas, sobre todo la que lo emparenta con Hugo Chávez o la que surge de las posturas que adopta la Argentina en los foros internacionales, incluida la presencia como país observador en la Cumbre de los No Alineados en La Habana. O, de modo más general, la que le endilga a su gobierno poco apego a las reglas de juego del mercado, justamente lo que se le acaba de marcar en Singapur.
Por eso, habrá que estar muy atento, especialmente a lo que surja de la reunión en el número 11 de Wall Street, ya que allí habrá una docena de altos ejecutivos de corporaciones que, cuando invitan a alguien a desayunar -más aún a un presidente- es para marcar sus cosas con toda crudeza y para pasarle sus facturas. En el Gobierno suelen decir que "negocios son negocios", pero en el caso de nuestro país en relación con el establishment internacional, el pasado del default aún no se les borra de la cabeza y el presente no les resulta demasiado claro todavía.

Otro problema
En materia de presente, se acaba de sumar un problema, ya que las denuncias de antisemitismo escuchadas en la Argentina, que involucran inclusive a funcionarios del Gobierno, que la nueva titular del Inadi, María José Lubertino, se empeña en negar, ya rebotaron en Nueva York.
En este punto, hasta ahora sólo la senadora Cristina Fernández de Kirchner y el canciller Jorge Taiana se comprometieron a escuchar las demandas del Comité Judío Americano, una comunidad de amplia influencia en el mundo de los negocios neoyorkinos. No estaría mal que el Presidente se sumara a la reunión.
La actitud defensiva que dejó entrever Kirchner durante la semana, se potenció aún más debido a ciertos errores de apreciación que por no tener a mano, aunque no consta que existan planes "B", alternativas válidas menos ideológicas y más pragmáticas en cada uno de los temas. Por más que él mismo haya prohibido hablar de candidaturas porque "faltan dos octubres", las elecciones están omnipresentes. En este aspecto, los tropiezos en cada una de las situaciones descriptas sirvieron para disimular una grave responsabilidad en el manejo del Estado, como fue haber permitido la filtración de un legajo secreto que involucraba a Juan José Alvarez, un ex agente de la SIDE, hoy legislador nacional y activo promotor desde una rama del PJ de la candidatura de Roberto Lavagna.
Sobre el repliegue en el discurso oficial, más que algo táctico pareció fruto de los enredos discursivos. Esto ya le ha pasado al Gobierno en otras ocasiones y es propio de todo aquel que siempre dice "yo no fui" y le traslada a un tercero las culpas de cualquier situación. Cuando cree ver detrás de algo que no atina a solucionar alguna mano negra de fuerzas innominadas, se paraliza y entra en una complicada espiral. Todo se le dificulta más porque cambia los términos del razonamiento: no es la realidad la que le dicta qué hacer o qué no hacer, sino que supone que alguien, la oposición política o un gobierno extranjero, o empresarios que se resisten a perder privilegios, ha cambiado esa realidad en su propio provecho y que así la difunde a través del periodismo.
Entonces se dedica, como en estos días, a refutar a la oposición (que en realidad lo que hace es utilizar los pasos en falso como ariete, pero después de que fueron dados) y a la prensa, antes que atender a los hechos.
El problema energético es un test que muestra claramente cómo el propio Gobierno quedó preso de su falta de acción, en un tema en que no hay culpas que echar a las herencias recibidas, claramente mejores que la situación actual. Aunque duela reconocerlo, durante estos últimos años se vivió de la capacidad instalada en los demonizados años 90, cuando la inversión tenía su sustento en la tarifa.
Después de tres años y medio de gestión, y con el congelamiento a cuestas, el Gobierno puede mostrar algunos avances en transporte de electricidad y en el enlace de la Patagonia al sistema nacional, con la construcción de la línea Choele Choel-Puerto Madryn. Pero, en la situación de generación eléctrica sólo tiene para sacar a relucir -más allá de algunas obras efectuadas por las provincias- llamados a licitación aún no concretados para hacer dos centrales termoeléctricas, ambiciosos planes para elevar la cota de Yacyretá y alguna central construida para el uso de una empresa privada (Aluar).
El sistema aguantó todo lo que podía aguantar y se encuentra peligrosamente en balanceo en el borde del cruce de la curva de la oferta con la de la demanda, operando con las reservas técnicas mínimas y con restricciones importantes a las exportaciones a Brasil y Uruguay.
El Plan Energía Plus fue, hace dos semanas, la ratificación de que la situación es complicada, ya que las empresas que deseen consumir por encima del año anterior deberán generarse su propia energía o comprársela a otro nuevo generador, todo a un precio incierto. Pero, como los sinsabores podrían llegar hacia el verano, si los consumos domiciliarios se potencian por el uso de aparatos de aire acondicionado, el ministro de Planificación, Julio de Vido planteó un "uso racional" de la energía, una elegante forma de echarle la culpa a la gente si se provoca un indeseado apagón.

Bajo la alfombra
La acción del funcionario, claramente mejor que el barrido bajo la alfombra que se ensayó durante algún tiempo, generó ríos de tinta y declaraciones con facturas por parte de analistas del sector. La palabra "crisis" causó escalofríos en el Gobierno, y Kirchner en persona salió a copar el centro de la escena, para desactivar lo que se creyó que era una operación mediática, potenciada por un sondeo entre los empresarios de IDEA que marcó que 81 de cada 100 creían que iba a haber cortes. "Mañana se va a apagar una lamparita y van a decir que hay crisis energética", dijo el Presidente para minimizar el tema.
En materia de préstamos para la vivienda, hasta ahora el show montado para que los banqueros dieran a conocer sus líneas crediticias fue un torneo de buenas intenciones, que habrá que ver si se plasma en páginas y páginas de publicidad de los diarios ofreciendo lo que le mostraron el jueves al Presidente y luego en casos concretos de personas que obtengan algún tipo de crédito.
La ilusión de muchos inquilinos, incentivada por el Gobierno, fue conseguir una cuota igual a un alquiler para comprar algo similar a lo que estaba alquilando, o aun ese mismo inmueble, tal la pretensión imposible de cumplir -ni siquiera por los bancos oficiales- del secretario de Comercio, Guillermo Moreno.
Habrá que ver cuánta gente finalmente accede a este tipo de créditos, que el Jefe de Gabinete, con mayor racionalidad, ubica en 40 de cada 100, tras haber pasado el test de la letra chica, que podría contemplar tasas variables y hasta ajustes del capital en función del valor de la vivienda, dos conocidas bombas en potencia.

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