Crisis sin retorno en la UCR

El 25 y el 26 de este mes, en la convención nacional, el radicalismo puede quedar fracturado. El recuerdo de la Hora del Pueblo y del abrazo Perón-Balbín. Por Angel Anaya - Columnista.

15 Agosto 2006
BUENOS AIRES.- La Unión Cívica Radical enfrentará el 25 y el 26 del corriente su más dura prueba de subsistencia como fuerza política histórica con capacidad de gobierno. Tanto es así que su nueva y eventual división no será tan grave como el hecho de que, aun manteniéndose unida, no estaría en condiciones de competir con una fórmula propia en la elección presidencial. La dramática circunstancia es un testimonio cabal de la extraordinaria recomposición política nacional provocada por la crisis socioeconómica que hace un lustro colapsó al gobierno del país. La convención nacional de la UCR en Rosario sólo será otro espejo de una realidad donde el partido de Alem  e Yrigoyen irá a las urnas postulando dos fórmulas justicialistas que también se enfrentan y muy poco o nada tienen que ver con el peronismo histórico. Quienes se interesan en la historia o fueron testigos de la década de los 70 se habrán sorprendido por la declaración que los radicales kirchneristas emitieron después de su reciente asamblea. Especialmente cuando afirman: “a nadie escapa que otro hubiera sido el destino de la Argentina si en 1973 radicales y peronistas poníamos la bandera celeste y blanca por encima de los antagonismos partidarios, pues quizás el capítulo más sangriento del pasado reciente no se hubiera escrito”.
La Hora del Pueblo, constituida, entre otros partidos, por justicialistas y radicales en noviembre de 1970; el abrazo Perón-Balbín, y las sucesivas reuniones de ambos, así como la relación contemporizadora de los dos partidos en el Congreso y la violenta ruptura del primero con los sectores revolucionarios del peronismo, son testimonios que descalifican esa visión oportunista. Hasta el punto que bien puede afirmarse que las relaciones entre el PJ y la UCR de aquellos días no fueron tan conflictivas como lo son actualmente. El problema de los 70 fue la crisis interna del justicialismo, finalmente convertida en una guerrilla que derivó en el golpe militar.

 Los temores de Lavagna
La fractura de hecho de la UCR, cuya convención nacional difícilmente logre quórum, saboteada por los radicales K, será a fin de cuentas una réplica de la que padece el justicialismo, cuya sigla es para Kirchner poco más que el paraguas bajo el que arma su poderosa y heterogénea fuerza política subsidiada mediante superpoderes públicos. Los cinco gobernadores y 3.000 intendentes y dirigentes “radicales K” reunidos en Vicente López no proponen una emigración partidaria, pues tan sólo procuran seguir siendo parte de los poderes públicos financiados por la caja presidencial, algo que Néstor Kirchner siempre tuvo presente cada vez que debió enfrentar a adversarios políticos; es decir que en la degradada política argentina lo importante no es la militancia ideológica representativa, sino el acceso al poder y su mantenimiento.
Si la conducción radical no logra quórum en la convención nacional por causa de la limitada concurrencia de sus adversarios, deberá resolver otro conflicto no menor que la desorienta: definir o sugerir un perfil de fórmula presidencial que remite a Roberto Lavagna, pero que el ex ministro de Economía considera inoportuno hacer público antes de poder medir con precisión cuál es su poder representativo en el justicialismo.
“Desaparecido Perón, el justicialismo es una fuente donde abrevan todos los sectores sociales del país y yo sigo siendo parte de él”, ha explicado el ex ministro en una reciente reunión con radicales. Con ello, el ex presidente Alfonsín ha tenido una advertencia de que no es grata su adhesión al ex ministro bajo una bandera hacia la izquierda, “como si el progresismo fuese un monopolio exclusivo de la misma”.  Otro temor de Lavagna es el efecto que provoca sobre su proyecto la presencia de figuras del alfonsinismo fuertemente identificadas con las peores experiencias electorales de la UCR desde la restauración constitucional y asociadas al Pacto del Olivos. (Sucursal Buenos Aires)



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