Los engaños en el boxeo sumaron otro capítulo

14 Agosto 2006
Las noticias sobre el engaño producido en la velada internacional de boxeo que se realizó hace algunos días en Córdoba -presentaron a una púgil brasileña que no era la verdadera- puso en guardia, una vez más, a una actividad cuya fiscalización, aun en los niveles mundiales, es deficitaria e irresponsable.
En el Súper Domo cordobés, la boxeadora local Carolina Gutiérrez debía enfrentarse con Liliane Balles, oriunda de Brasil y con algunos antecedentes de cierto relieve, como haber vencido a Silvia Quirico, campeona mundial supergallo. Pero quien subió al ring fue otra púgil, Karina de Souza. La desvergonzada actitud de los fiscalizadores dio lugar a parte de las escenas más tristes que se vieron en el boxeo en los últimos tiempos: la falta de equivalencia hizo que la argentina le diera una paliza a su rival, a la que venció en sólo dos rounds, por nocaut.
Lo triste del caso es que quien alertó sobre la situación fue la propia Quirico, al día siguiente de presenciar por televisión el engaño. Antes, muchos entendidos en la materia vislumbraron que algo no estaba bien, pero no actuaron como correspondía o hicieron mutis por el foro.
Pero en situaciones como esta, lo deportivo queda totalmente relegado por otras cuestiones. Una de ellas es el riesgo físico y psíquico al que se expuso a la mujer que subieron al ring. Esta deambuló sin sentido y recibió tantos golpes que quedó tirada en el cuadrilátero, casi sin reacción. La otra situación nefasta fue la absoluta falta de respeto hacia los espectadores que asistieron al estadio, hacia los que siguieron la pelea por televisión y hacia la propia Gutiérrez, una correcta púgil que hace honor al profesionalismo.
Según los especialistas, las situaciones que se generan permanentemente en la cocina del boxeo vernáculo son, cada día que pasa, más peligrosas. Aquí, la idoneidad y el sano juicio de quienes fiscalizaron la velada quedó en duda, como también la de los promotores que contrataron a la púgil brasileña. Esta vez, la luz de los hechos volvió a poner sobre la mesa un terreno con varias zonas liberadas que tiene la actividad, en las que muchos hacen lo que quieren.
Por otro lado, hacía mucho tiempo que no se veía en el país y en un nivel internacional como el señalado una irregularidad tan manifiesta. Quizás, aquel combate entre Coggi y González que se realizó en el club Defensores de Villa Luján, en la década del 90, sea el antecedente más bochornoso de los que se tenga memoria.
Otra situación difícil de asimilar se planteó en las últimas horas en Tucumán. Fue cuando la Comisión Municipal de Box de San Miguel de Tucumán se vio obligada a suspender de urgencia una velada que debía efectuarse en Villa Luján el fin de semana pasado, porque el club no estaba en condiciones de albergar el espectáculo. Lo malo de la situación fue que las autoridades del club pusieron en aviso sobre la situación a último momento, cuando el rival que debía enfrentar Alberto Santillán ya estaba en camino desde Salta. Esto produjo malestar en la Comisión por la desconsideración con el púgil y con la programación, que había sido anunciada con mucho tiempo de anticipación.
En el caso nacional planteado, la Federación Argentina de Box ya inició una investigación a cargo de un tribunal de disciplina; en el asunto tucumano, la dirigencia de Villa Luján ya fue citada para efectuar su descargo. Que en ambos casos se determinen castigos o sanciones es un tema que está en manos de los responsables. Lo importante es que se actúe y se impida que las prácticas irregulares sigan haciéndole daño al boxeo.




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