Una pelea por mejores ingresos para Tucumán

Años de deterioro en los precios del azúcar hacen que hoy sea necesaria una estrategia entre el Estado provincial y los privados para recomponer estos valores. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.

07 Agosto 2006
Días atrás, el presidente del Centro Azucarero Argentino (CAA), Jorge Zorreguieta, reveló un dato que resulta alentador para los consumidores de nuestro país, pero que debería preocupar a los empresarios que fabrican azúcar y, por qué no, a los gobernantes de las provincias que elaboran este alimento. “La Argentina tiene hoy el azúcar más barato del mundo”, dijo en un artículo publicado por LA GACETA. Destacó que al consumidor argentino le cuesta U$S 0,44 el kilo del producto, valor que es menor a los que se paga en los países vecinos y un tercio más económico que en el primer mundo. En este contexto, y con un acuerdo firmado por las principales empresas del sector con el Gobierno nacional para mantener estables los precios del artículo hasta fines de este año, cabe preguntarse: ¿Tucumán está resignando ingresos que podrían ser cuantiosos al subsidiar su producción más importante en favor de todos los consumidores del país?
A partir de 2002, el sector azucarero argentino se vio ampliamente favorecido por la devaluación. La salida de la rigidez cambiaria, que imponía la convertibilidad, posibilitó una mejora en la situación general de las empresas del sector, que pudieron sanearse en su mayoría y promover invesiones que permiten que se superen año a año todos los récords productivos. Sin embargo, el consultor y comercializador de azúcar Arquímedes Carrizo asegura que entre 2002 y 2005 los azucareros no aumentaron sus ingresos en términos reales, sino que tuvieron una caída de costos, a través de transferencias de ingresos entre sectores de la economía local entre sí y con el resto del país, con relación a los precios vigentes en la década del 90. Reconoce que este cambio en el paradigma de la economía argentina fue positivo para los productores. “Pero esta contribución sería más genuina al bienestar de la provincia si se lograra una mejora en los ingresos de la actividad en términos reales, con una adecuada comercialización de la producción”, aconseja. Para ello -añade- el Gobierno tucumano y los productores deberían diseñar una estrategia para que el Nación no interfiera, de manera que los privados puedan beneficiarse con los mejores ingresos actuales del mercado internacional.
El economista José María Nougués -ex ministro de Economía de la Provincia- recuerda que cuando a partir de 1880 el Gobierno nacional instrumentó políticas para apoyar a las economías regionales, la actividad azucarera creció con una pujanza tal que transformó a Tucumán en uno de los principales centros industriales del país. Sin embargo, todo lo logrado comenzó a deteriorarse a partir de la sanción de la Ley Saavedra Lamas, en 1912, que fijó el precio del azúcar en m$n 4,10 los 10 kilos, según Nougués. Esta cotización se mantuvo en estos niveles hasta 1994, lo que derivó en un marcado retraso del azúcar respecto de las evolución de los precios de otros productos de la canasta básica. Nougués sostiene que hoy la actividad azucarera nacional no puede negociar ni fijar sus precios a partir de costos reales y, por el contrario, acepta niveles muy por debajo de aquellos y de lo que se debe considerar una utilidad razonable.
Cambiar el actual cuadro de cosas demandaría una decisión política conjunta entre el Estado y los empresarios que hoy sería impensable, en el marco del debate dirigencial de estos días, en que el oficialismo tucumano no escucha ni las críticas ni los aportes de la oposición, ni de los privados. Y lo peor es que nadie supondría que el Gobierno tucumano estaría dispuesto a enfrentar al irascible presidente Néstor Kirchner -al que se considera gran favorecedor de nuestra provincia porque destina fondos especiales para obras públicas- sólo por una causa vinculada a una actividad en particular, como la azucarera, aún cuando este sector sea uno de los principales sostenes de la economía local.


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