07 Agosto 2006 Seguir en 
El manto de dudas que rodea el caso de la docente desaparecida es tan grande que crea desconcierto entre los investigadores. La última imagen de la maestra Angela Beatriz Argañaraz haciendo señas a un auto Fiat Uno o Duna blanco siembra más incertidumbres que certezas. Será por eso que, hasta ahora, la hipótesis de que el remisero esté involucrado en el hecho es la más débil y la Justicia apuesta todas sus fichas a la sospecha de que las ex religiosas Nélida del Valle Fernández y Susana Acosta tengan una participación en la misteriosa desaparición.
La pregunta que desvela a muchos investigadores es: ¿por qué no aparece el chofer del auto? Las respuestas son dos, según los pesquisas: o porque participó en el hecho o porque no tiene nada que ver, pero tiene miedo de involucrarse y tener que pasar por todo lo que vivió, por ejemplo, el remisero Juan Pedro Cruzado, que asegura que llevó a Paulina Lebbos antes de que la joven desapareciera y fuera asesinada, el 26 de febrero.
En la investigación, que dirige la fiscal Adriana Gianonni y que comanda el propio jefe de Policía Hugo Sánchez, sigue latente la posibilidad de que en el caso pueda existir un delito en el que esté involucrado un remisero, que incluso pueda ser el mismo del caso Lebbos. No obstante, después de la experiencia de los pesquisas con la causa de la joven estudiante, saben que esta es la pista más difícil, porque pese a que se hizo un registro de autos de alquiler, aún no se subsanó la ilegalidad en el transporte, dijeron fuentes tribunalicias. Ya pasaron cinco meses desde que la estudiante apareció muerta y no hay pistas sobre el crimen.
Resultado negativo
Los investigadores ya buscaron el auto en el registro provincial, donde hay 9.000 autos registrados y más de 2.000 son de color blanco. La medida arrojó resultado negativo. Además, las dos testigos que vieron a Argañaraz subir al vehículo observaron los logotipos de las empresas de remises de la capital y no pudieron decir si el rodado tenía alguna de estas imágenes. También vieron fotos de modelos de autos y no identificaron a ninguno.
Pese a que las pistas en torno del remisero son cada vez más difíciles de encontrar, los pesquisas sostienen que si los testigos vieron extender la mano la maestra es porque entonces esta se subió a un remise o al auto de un conocido. Es por eso, que cada día, cientos de policías salen a recorrer las remiserías y hacen investigaciones en las calles.
Esta semana, la instrucción judicial se centrará en los vínculos laborales de la maestra en la escuela Padre Roque Correa, donde estaba por asumir como directora. Para esto, serán llamados a declarar en Tribunales los compañeros de trabajo de Argañaraz, entre los que se encuentra Acosta, quien, junto a Fernández, son las únicas detenidas en la causa. Fuentes judiciales indicaron que la fiscal intentará esclarecer si alguien tenía motivos para hacerle algún daño o, de otra forma, si algún allegado podría aportar datos sobre el paradero de la mujer. Hasta el momento, los familiares y amigos dudan de que Argañaraz haya tenido motivos para marcharse por su propia cuenta.
Angela Beatriz Argañaraz salió de su casa de Rivadavia 385, en El Manantial, y se ubicó en la parada de colectivos cercana a su vivienda.
Tomó un ómnibus de la línea 103 rumbo a su trabajo, en la escuela. Como tenía poco tiempo, decidió que bajaría y tomaría un remise.
Según testigos, bajó del colectivo en Alem y Lavalle, y tomó un remise Fiat Uno o Duna blanco para llegar a tiempo a su empleo.
La maestra le envió un mensaje de texto a Nélida Fernández, que decía: “ya voy”. A esa hora tendría que haber estado en el colegio.
Compañeras de trabajo de la docente, preocupadas, empezaron a llamarla al celular, pero les respondía la casilla de mensajes.
Desde la escuela llamaron a la casa de la maestra, preocupados porque no llegó. Luego se hizo la denuncia y comenzó la búsqueda.
La pregunta que desvela a muchos investigadores es: ¿por qué no aparece el chofer del auto? Las respuestas son dos, según los pesquisas: o porque participó en el hecho o porque no tiene nada que ver, pero tiene miedo de involucrarse y tener que pasar por todo lo que vivió, por ejemplo, el remisero Juan Pedro Cruzado, que asegura que llevó a Paulina Lebbos antes de que la joven desapareciera y fuera asesinada, el 26 de febrero.
En la investigación, que dirige la fiscal Adriana Gianonni y que comanda el propio jefe de Policía Hugo Sánchez, sigue latente la posibilidad de que en el caso pueda existir un delito en el que esté involucrado un remisero, que incluso pueda ser el mismo del caso Lebbos. No obstante, después de la experiencia de los pesquisas con la causa de la joven estudiante, saben que esta es la pista más difícil, porque pese a que se hizo un registro de autos de alquiler, aún no se subsanó la ilegalidad en el transporte, dijeron fuentes tribunalicias. Ya pasaron cinco meses desde que la estudiante apareció muerta y no hay pistas sobre el crimen.
Resultado negativo
Los investigadores ya buscaron el auto en el registro provincial, donde hay 9.000 autos registrados y más de 2.000 son de color blanco. La medida arrojó resultado negativo. Además, las dos testigos que vieron a Argañaraz subir al vehículo observaron los logotipos de las empresas de remises de la capital y no pudieron decir si el rodado tenía alguna de estas imágenes. También vieron fotos de modelos de autos y no identificaron a ninguno.
Pese a que las pistas en torno del remisero son cada vez más difíciles de encontrar, los pesquisas sostienen que si los testigos vieron extender la mano la maestra es porque entonces esta se subió a un remise o al auto de un conocido. Es por eso, que cada día, cientos de policías salen a recorrer las remiserías y hacen investigaciones en las calles.
Esta semana, la instrucción judicial se centrará en los vínculos laborales de la maestra en la escuela Padre Roque Correa, donde estaba por asumir como directora. Para esto, serán llamados a declarar en Tribunales los compañeros de trabajo de Argañaraz, entre los que se encuentra Acosta, quien, junto a Fernández, son las únicas detenidas en la causa. Fuentes judiciales indicaron que la fiscal intentará esclarecer si alguien tenía motivos para hacerle algún daño o, de otra forma, si algún allegado podría aportar datos sobre el paradero de la mujer. Hasta el momento, los familiares y amigos dudan de que Argañaraz haya tenido motivos para marcharse por su propia cuenta.
Los últimos pasos de la maestra
Angela Beatriz Argañaraz salió de su casa de Rivadavia 385, en El Manantial, y se ubicó en la parada de colectivos cercana a su vivienda.
Tomó un ómnibus de la línea 103 rumbo a su trabajo, en la escuela. Como tenía poco tiempo, decidió que bajaría y tomaría un remise.
Según testigos, bajó del colectivo en Alem y Lavalle, y tomó un remise Fiat Uno o Duna blanco para llegar a tiempo a su empleo.
La maestra le envió un mensaje de texto a Nélida Fernández, que decía: “ya voy”. A esa hora tendría que haber estado en el colegio.
Compañeras de trabajo de la docente, preocupadas, empezaron a llamarla al celular, pero les respondía la casilla de mensajes.
Desde la escuela llamaron a la casa de la maestra, preocupados porque no llegó. Luego se hizo la denuncia y comenzó la búsqueda.










