06 Agosto 2006 Seguir en 
La Iglesia Católica sigue preguntándose todavía hoy, cuando ya pasaron 30 años, si la muerte de monseñor Enrique Angelelli fue un asesinato para silenciar la prédica del ex obispo de La Rioja o un mero accidente automovilístico. Un interrogante sin respuesta, que genera fricciones dentro del Episcopado argentino, a pesar de que, institucionalmente, se decidió encarar ahora una investigación en medios eclesiales para colaborar con la Justicia, a fin de determinar la “verdad completa” del caso.
Las desavenencias internas en este punto son tales que persisten las dudas en cuanto a presentarse o no como querellante en la causa judicial, reabierta en 2005 por el Gobierno para establecer las causas del deceso del prelado riojano que en la década del setenta encarnó la opción preferencia por los pobres.
No obstante, esa voluntad por esclarecer esa página de la historia de la Iglesia choca con las tres décadas transcurridas y la “bastante magra” documentación eclesial sobre el caso.
Tal lo reconoce monseñor Carmelo Giaquinta, encargado episcopal del relevamiento, tras hurgar en los archivos del Episcopado y las curias de Neuquén, de La Rioja y de Córdoba.
Los pocos obispos vivos contemporáneos de Angelelli no tienen dudas de que fue asesinado, como expresó días pasados monseñor Esteban Hesayne (emérito de Viedma), amigo y confidente del prelado, al que este viernes se recordó con distintos actos.
“Tengo la certeza moral, y eso basta, de que fue asesinado por anunciar el Evangelio de Jesús sin mimetismos o retaceos diplomáticos. Por eso, urge esclarecer la verdad sin dilación”, enfatizó el emérito Hesayne. Pero esa declaración contrasta con recientes expresiones de monseñor Bernardo Witte, quien, con 80 años, y habiendo sido obispo de La Rioja, sentencia que la muerte de Angelelli no fue un crimen sino “nada más que un accidente y punto”.
Los religiosos detractores de Angelelli pretenden, en cambio, vincularlo a la violencia guerrillera de aquel entonces, al remitir por correo electrónico una foto periodística donde el prelado aparece celebrando una misa para la Juventud Peronista con una bandera de Montoneros como telón de fondo. O bien traen a la memoria que el papa Pablo VI lo reprendió por sus “extravangancias” doctrinales e interpretaciones progresistas del Concilio Vaticano II.
Más allá de esas posturas, la mayoría del Episcopado coincide en que es “temario” -como declaró el actual obispo de La Rioja, monseñor Roberto Rodríguez- abrir un juicio de valor y prefiere que se expida la Justicia.
Los obispos consultados por DyN dicen necesitar esas precisiones legales para iniciar un proceso paralelo para beatificar y hasta santificarlo.
De ser así, monseñor Angelelli -quien decía que su prédica era “con un oído en el Evangelio y otro en el pueblo”- se convertiría en el primer mártir obispo argentino.
El informe “Nunca Más” certifica que “el obispo manejaba una camioneta, y el padre Arturo Pinto, que lo acompañaba, recuerda que apenas dejaron Chamical comenzó a seguirlos un automóvil; el obispo aceleró, pero entonces apareció otro coche, y a la altura de Punta de los Llanos los encerraron hasta hacer volcar la camioneta”.
“Angelelli quedó tirado en el suelo durante seis horas, la camioneta desapareció y la única lesión que presentaba el cadáver del obispo fue la nuca destrozada, tal como si lo hubiesen molido a golpes”, se constata en ese documento.
El viernes pasado se recordó, con diversos actos, el 30 aniversario de la muerte del obispo.
En La Rioja, el cardenal Jorge Bergoglio instó a seguir el ejemplo del padre Angelelli “sin prejuicios, componendas o ideologías”, según manifestó. El prelado encabezó, junto a otros religiosos, la misa que se ofició en la Iglesia Catedral riojana, en el marco de los actos conmemorativos.
Las desavenencias internas en este punto son tales que persisten las dudas en cuanto a presentarse o no como querellante en la causa judicial, reabierta en 2005 por el Gobierno para establecer las causas del deceso del prelado riojano que en la década del setenta encarnó la opción preferencia por los pobres.
No obstante, esa voluntad por esclarecer esa página de la historia de la Iglesia choca con las tres décadas transcurridas y la “bastante magra” documentación eclesial sobre el caso.
Tal lo reconoce monseñor Carmelo Giaquinta, encargado episcopal del relevamiento, tras hurgar en los archivos del Episcopado y las curias de Neuquén, de La Rioja y de Córdoba.
Los pocos obispos vivos contemporáneos de Angelelli no tienen dudas de que fue asesinado, como expresó días pasados monseñor Esteban Hesayne (emérito de Viedma), amigo y confidente del prelado, al que este viernes se recordó con distintos actos.
“Tengo la certeza moral, y eso basta, de que fue asesinado por anunciar el Evangelio de Jesús sin mimetismos o retaceos diplomáticos. Por eso, urge esclarecer la verdad sin dilación”, enfatizó el emérito Hesayne. Pero esa declaración contrasta con recientes expresiones de monseñor Bernardo Witte, quien, con 80 años, y habiendo sido obispo de La Rioja, sentencia que la muerte de Angelelli no fue un crimen sino “nada más que un accidente y punto”.
Los religiosos detractores de Angelelli pretenden, en cambio, vincularlo a la violencia guerrillera de aquel entonces, al remitir por correo electrónico una foto periodística donde el prelado aparece celebrando una misa para la Juventud Peronista con una bandera de Montoneros como telón de fondo. O bien traen a la memoria que el papa Pablo VI lo reprendió por sus “extravangancias” doctrinales e interpretaciones progresistas del Concilio Vaticano II.
Más allá de esas posturas, la mayoría del Episcopado coincide en que es “temario” -como declaró el actual obispo de La Rioja, monseñor Roberto Rodríguez- abrir un juicio de valor y prefiere que se expida la Justicia.
Los obispos consultados por DyN dicen necesitar esas precisiones legales para iniciar un proceso paralelo para beatificar y hasta santificarlo.
De ser así, monseñor Angelelli -quien decía que su prédica era “con un oído en el Evangelio y otro en el pueblo”- se convertiría en el primer mártir obispo argentino.
El informe “Nunca Más” certifica que “el obispo manejaba una camioneta, y el padre Arturo Pinto, que lo acompañaba, recuerda que apenas dejaron Chamical comenzó a seguirlos un automóvil; el obispo aceleró, pero entonces apareció otro coche, y a la altura de Punta de los Llanos los encerraron hasta hacer volcar la camioneta”.
“Angelelli quedó tirado en el suelo durante seis horas, la camioneta desapareció y la única lesión que presentaba el cadáver del obispo fue la nuca destrozada, tal como si lo hubiesen molido a golpes”, se constata en ese documento.
El viernes pasado se recordó, con diversos actos, el 30 aniversario de la muerte del obispo.
En La Rioja, el cardenal Jorge Bergoglio instó a seguir el ejemplo del padre Angelelli “sin prejuicios, componendas o ideologías”, según manifestó. El prelado encabezó, junto a otros religiosos, la misa que se ofició en la Iglesia Catedral riojana, en el marco de los actos conmemorativos.







