06 Agosto 2006 Seguir en 
El BUENOS AIRES.- Como le ocurre al motociclista, desde ahora para Néstor Kirchner la carrocería es su propio cuerpo. Con la sanción de las leyes de eventual revisión de los Decretos de Necesidad y Urgencia y la de reasignación de partidas presupuestarias, el Presidente no sólo terminó de romper con el paradigma alberdiano de la división de poderes, sino que ha tomado el alto riesgo de explicitar ante la sociedad que él es el único a quien esta deberá cobrarle las facturas, si llega el tiempo de pasárselas.
Si la alcanza, también Kirchner facturará sólo para sí la gloria, aunque este capítulo resulta común a todos los políticos con ansias de llegar. Pero lo inédito de esta jugada es que él mismo ha decidido cargarse sobre los hombros la responsabilidad de responder por todo lo que ocurra en el Gobierno. Lo que todo el mundo sabía hasta hace pocos días, y sus colaboradores más que nadie, ahora ha quedado consagrado por Ley. Con esta doble movida legislativa, que por suicidio colectivo lo dejó sin interlocutores para negociar desde el lado del Congreso, tal como lo señaló en el recinto el diputado porteño Hugo Martini en memorable discurso, Kirchner pasará a la historia por ser el más arriesgado de los presidentes desde la restauración democrática: ha quemado las naves, se colocó voluntariamente en el centro del universo y acaba de quedarse sin un solo fusible.
La historia reciente dice que a Raúl Alfonsín y a Fernando de la Rúa los degradó la economía, que tuvieron muchas dificultades en el Congreso y que por eso padecieron quiebres institucionales. En cambio, Carlos Menem llegó al fin de su mandato, pero se inmoló con el sueño de la re-reelección. Ni siquiera en su sibilina mente, el riojano podría haber imaginado por entonces una jugada como la actual. Su desgaste político y económico -déficits y endeudamiento mediante- no le dejaba margen, hacia el final de una controvertida década. En cambio, Kirchner eligió otro camino más peligroso para transitar, jugándose al todo o nada, aunque con algunos reaseguros.
Hoy, el Presidente recién está rodando su primer mandato; tiene estrella, billetera y mucha gente mirando hacia otras necesidades más acuciantes, conjunción ideal para intentar la jugada sin provocar la ira de la sociedad. Al contrario, salvo en la "clase media-alta ilustrada de los centros urbanos" (así se caracteriza a la oposición en las encuestas que maneja el oficialismo), que se opone y habla peyorativamente de "la suma de poder público", el resto de la población no está suficientemente informada o mira la situación con beneplácito.
Pero como en el pecado está la penitencia, el Presidente acaba de sufrir un primer cimbronazo de esa falta de fusibles, a partir de su abrupta salida de un acto oficial, aún no explicada de modo convincente, que generó en la gente desconcierto y temor. Es más que lógico que, con más de 70% de aceptación y confianza, lo que permite que se consagre cómodamente este arriesgado presidencialismo de tono paternalista -calificación que cuadra con las preferencias de la sociedad argentina desde siempre-, la gente haya tenido esa reacción, potenciada por los misterios del manejo que rodeó al episodio.
Lo peor de la historia fue que no pareció haber en el Gobierno un solo plan comunicacional de contingencia para atemperar el momento, con funcionarios enojados, inclusive, cuando los periodistas preguntaron si se había tratado de un problema de salud. Ni en la Casa Rosada hubo una sola campana: la superposición de voceros y algunos matices en las explicaciones generaron más versiones -algunas ridículas- sobre los verdaderos motivos del mutis presidencial.
Al fin, las especulaciones, el recelo y las consultas tuvieron un razonamiento lógico: si ahora hay un Presidente más importante que las propias instituciones es bueno saber todo sobre él. Pero como Kirchner no habla, nadie habla. Salvando distancias, es casi como ocurre en la Cuba de Fidel Castro, pese a que en la isla se aducen "razones de Estado" para no darle de comer "al enemigo". Aquí ni siquiera eso.
Varios escalones más abajo del Presidente, los funcionarios también protagonizaron una semana movida, sobre otros varios senderos de difícil tránsito que presenta la realidad del Gobierno: la relación con el mundo, la energía y los precios, cuestiones en donde se dicen, a menudo, medias verdades. Se registraron, inclusive, larvados cruces entre dependencias oficiales, como en el caso del escape del Presidente, con más de una explicación para un mismo tema, lo que complica aún más la interpretación de los hechos y la toma de decisiones.
Nada se dijo en el Palacio San Martín, por ejemplo, de las actitudes de Hugo Chávez, primero en Irán, al presentarse como flamante miembro del Mercosur, y luego al retirar a su embajador en Israel, tras la "cara" que puso Kirchner en su nombre cuando en Olivos lo reunió con las autoridades del Consejo Judío Mundial para intentar un acercamiento.
Tampoco nadie ensayó una explicación oficial cuando la cadena Telesur, en la que la Argentina tiene comprometido dinero, esfuerzo y aire de Canal 7, emitió un reportaje al vicepresidente de buró político del Hezbollah, proclive a justificar actitudes políticas internas de Venezuela.
En tanto, Washington volvió a hacer saber su preocupación por el financiamiento que puede provenir desde la triple Frontera y se sabe que la Argentina está comprometida en desarmarlo.
En Planificación, tampoco las tuvieron todas consigo durante la semana más fría del año y la de mayor demanda eléctrica, tras algunos cortes en la Capital Federal atribuidos a actos de sabotaje, sin que se haya sabido si hay una investigación o una denuncia al respecto: el cuello de botella energético, no aún la crisis, se planteó en toda su dimensión. Lo cierto es que, tras algún silencio inicial, se supo de las compras de electricidad a Brasil y a Uruguay, y de la adquisición de combustible a Rusia para las centrales eléctricas, huérfanas de gas, tal como le ocurrió no solamente a Chile, sino también a varias industrias que sólo recibieron lo que venían consumiendo y ni un metro cúbico más. Un cóctel de dramatismo que apenas se palió con rezos.
Diferencias con Comercio
Por el lado de Economía, la aparición en escena de la Secretaría de Defensa del Consumidor muestra que se está tratando de complementar a Guillermo Moreno en la lucha contra la inflación, aunque desde Comercio se sospecha que hay intención de competir. Hasta hubo uno, muy didáctico, nada difundido por los medios, a través del cual se le enseñaba a la gente a controlar sus expensas, algo que hoy preocupa más que los alquileres, ya que sus aumentos exceden todas las lógicas de los índices.
Precisamente, en este rubro parecen haberse centrado las dificultades de convivencia. Moreno busca un camino de diálogo con las partes, aunque no parece claro con quien conversa, sobre todo por el lado de los inquilinos, mientras que Felisa Miceli se presentó con el jefe de la AFIP, Alberto Abad, para organizar un sistema de registro de contratos que pueda servir para desalentar indexaciones. Todo indica que Moreno ganaría la partida, ya que la variante del control espantaría a quienes generan renta por alquileres -y en el Gobierno hay muchos- y podría hacer desaparecer la oferta. Sin embargo, Economía no dejó de meter baza sobre el excéntrico secretario y una fuente de la cartera dijo que en 2007 se relajarían los controles que tanto predicamento le dio a Moreno, porque desde el Palacio de Hacienda se sabe que están incubando males mayores. Por eso, sus autoridades cuentan que han bajado los gastos y que se controla la situación monetaria día por día, ya que adicionalmente confían en los elementos más ortodoxos en el manejo de los precios.
Por otro lado, como el Banco Central no puede mostrar que las tasas suben, ya que el Presidente está preocupado al respecto tanto como por la cantidad de reservas (aunque no tanto por su calidad), por eso las bajó en la última toma de Lebac y Nobac. Pero, casi en simultáneo, elevó indirectamente los encajes al impedir hacia el futuro que los bancos tomen como disponible el dinero que está en sus cajas. Como esta situación les complica la vida a las entidades con más ventanillas, algunos banqueros afines le han hecho llegar su queja al propio Kirchner, quien, con su vocación centralizadora ahora ratificada por el Congreso, deberá dirimir -como le ha gustado siempre- hasta esos pequeños pleitos. (DyN)
Si la alcanza, también Kirchner facturará sólo para sí la gloria, aunque este capítulo resulta común a todos los políticos con ansias de llegar. Pero lo inédito de esta jugada es que él mismo ha decidido cargarse sobre los hombros la responsabilidad de responder por todo lo que ocurra en el Gobierno. Lo que todo el mundo sabía hasta hace pocos días, y sus colaboradores más que nadie, ahora ha quedado consagrado por Ley. Con esta doble movida legislativa, que por suicidio colectivo lo dejó sin interlocutores para negociar desde el lado del Congreso, tal como lo señaló en el recinto el diputado porteño Hugo Martini en memorable discurso, Kirchner pasará a la historia por ser el más arriesgado de los presidentes desde la restauración democrática: ha quemado las naves, se colocó voluntariamente en el centro del universo y acaba de quedarse sin un solo fusible.
La historia reciente dice que a Raúl Alfonsín y a Fernando de la Rúa los degradó la economía, que tuvieron muchas dificultades en el Congreso y que por eso padecieron quiebres institucionales. En cambio, Carlos Menem llegó al fin de su mandato, pero se inmoló con el sueño de la re-reelección. Ni siquiera en su sibilina mente, el riojano podría haber imaginado por entonces una jugada como la actual. Su desgaste político y económico -déficits y endeudamiento mediante- no le dejaba margen, hacia el final de una controvertida década. En cambio, Kirchner eligió otro camino más peligroso para transitar, jugándose al todo o nada, aunque con algunos reaseguros.
Hoy, el Presidente recién está rodando su primer mandato; tiene estrella, billetera y mucha gente mirando hacia otras necesidades más acuciantes, conjunción ideal para intentar la jugada sin provocar la ira de la sociedad. Al contrario, salvo en la "clase media-alta ilustrada de los centros urbanos" (así se caracteriza a la oposición en las encuestas que maneja el oficialismo), que se opone y habla peyorativamente de "la suma de poder público", el resto de la población no está suficientemente informada o mira la situación con beneplácito.
Pero como en el pecado está la penitencia, el Presidente acaba de sufrir un primer cimbronazo de esa falta de fusibles, a partir de su abrupta salida de un acto oficial, aún no explicada de modo convincente, que generó en la gente desconcierto y temor. Es más que lógico que, con más de 70% de aceptación y confianza, lo que permite que se consagre cómodamente este arriesgado presidencialismo de tono paternalista -calificación que cuadra con las preferencias de la sociedad argentina desde siempre-, la gente haya tenido esa reacción, potenciada por los misterios del manejo que rodeó al episodio.
Lo peor de la historia fue que no pareció haber en el Gobierno un solo plan comunicacional de contingencia para atemperar el momento, con funcionarios enojados, inclusive, cuando los periodistas preguntaron si se había tratado de un problema de salud. Ni en la Casa Rosada hubo una sola campana: la superposición de voceros y algunos matices en las explicaciones generaron más versiones -algunas ridículas- sobre los verdaderos motivos del mutis presidencial.
Al fin, las especulaciones, el recelo y las consultas tuvieron un razonamiento lógico: si ahora hay un Presidente más importante que las propias instituciones es bueno saber todo sobre él. Pero como Kirchner no habla, nadie habla. Salvando distancias, es casi como ocurre en la Cuba de Fidel Castro, pese a que en la isla se aducen "razones de Estado" para no darle de comer "al enemigo". Aquí ni siquiera eso.
Varios escalones más abajo del Presidente, los funcionarios también protagonizaron una semana movida, sobre otros varios senderos de difícil tránsito que presenta la realidad del Gobierno: la relación con el mundo, la energía y los precios, cuestiones en donde se dicen, a menudo, medias verdades. Se registraron, inclusive, larvados cruces entre dependencias oficiales, como en el caso del escape del Presidente, con más de una explicación para un mismo tema, lo que complica aún más la interpretación de los hechos y la toma de decisiones.
Nada se dijo en el Palacio San Martín, por ejemplo, de las actitudes de Hugo Chávez, primero en Irán, al presentarse como flamante miembro del Mercosur, y luego al retirar a su embajador en Israel, tras la "cara" que puso Kirchner en su nombre cuando en Olivos lo reunió con las autoridades del Consejo Judío Mundial para intentar un acercamiento.
Tampoco nadie ensayó una explicación oficial cuando la cadena Telesur, en la que la Argentina tiene comprometido dinero, esfuerzo y aire de Canal 7, emitió un reportaje al vicepresidente de buró político del Hezbollah, proclive a justificar actitudes políticas internas de Venezuela.
En tanto, Washington volvió a hacer saber su preocupación por el financiamiento que puede provenir desde la triple Frontera y se sabe que la Argentina está comprometida en desarmarlo.
En Planificación, tampoco las tuvieron todas consigo durante la semana más fría del año y la de mayor demanda eléctrica, tras algunos cortes en la Capital Federal atribuidos a actos de sabotaje, sin que se haya sabido si hay una investigación o una denuncia al respecto: el cuello de botella energético, no aún la crisis, se planteó en toda su dimensión. Lo cierto es que, tras algún silencio inicial, se supo de las compras de electricidad a Brasil y a Uruguay, y de la adquisición de combustible a Rusia para las centrales eléctricas, huérfanas de gas, tal como le ocurrió no solamente a Chile, sino también a varias industrias que sólo recibieron lo que venían consumiendo y ni un metro cúbico más. Un cóctel de dramatismo que apenas se palió con rezos.
Diferencias con Comercio
Por el lado de Economía, la aparición en escena de la Secretaría de Defensa del Consumidor muestra que se está tratando de complementar a Guillermo Moreno en la lucha contra la inflación, aunque desde Comercio se sospecha que hay intención de competir. Hasta hubo uno, muy didáctico, nada difundido por los medios, a través del cual se le enseñaba a la gente a controlar sus expensas, algo que hoy preocupa más que los alquileres, ya que sus aumentos exceden todas las lógicas de los índices.
Precisamente, en este rubro parecen haberse centrado las dificultades de convivencia. Moreno busca un camino de diálogo con las partes, aunque no parece claro con quien conversa, sobre todo por el lado de los inquilinos, mientras que Felisa Miceli se presentó con el jefe de la AFIP, Alberto Abad, para organizar un sistema de registro de contratos que pueda servir para desalentar indexaciones. Todo indica que Moreno ganaría la partida, ya que la variante del control espantaría a quienes generan renta por alquileres -y en el Gobierno hay muchos- y podría hacer desaparecer la oferta. Sin embargo, Economía no dejó de meter baza sobre el excéntrico secretario y una fuente de la cartera dijo que en 2007 se relajarían los controles que tanto predicamento le dio a Moreno, porque desde el Palacio de Hacienda se sabe que están incubando males mayores. Por eso, sus autoridades cuentan que han bajado los gastos y que se controla la situación monetaria día por día, ya que adicionalmente confían en los elementos más ortodoxos en el manejo de los precios.
Por otro lado, como el Banco Central no puede mostrar que las tasas suben, ya que el Presidente está preocupado al respecto tanto como por la cantidad de reservas (aunque no tanto por su calidad), por eso las bajó en la última toma de Lebac y Nobac. Pero, casi en simultáneo, elevó indirectamente los encajes al impedir hacia el futuro que los bancos tomen como disponible el dinero que está en sus cajas. Como esta situación les complica la vida a las entidades con más ventanillas, algunos banqueros afines le han hecho llegar su queja al propio Kirchner, quien, con su vocación centralizadora ahora ratificada por el Congreso, deberá dirimir -como le ha gustado siempre- hasta esos pequeños pleitos. (DyN)







