Un documental muestra el lado oscuro de la juventud en El Cairo

Las vidas marginales de chicos que piden, engañan, aspiran pegamento y dan a luz en las calles de la capital egipcia. Por Jonathan Wright.

05 Agosto 2006
El Cairo, Egipto.- La cineasta Tahani Rached, quien regresó a Egipto después de casi 40 años en Canadá, ha revelado las vidas ocultas de jóvenes que viven, piden, engañan, aspiran pegamento y dan a luz en las calles de El Cairo.

Pero a diferencia de otras películas sobre dichos temas, El-Banate Dol, el documental de Rached de una hora y media de duración, encuentra en sus vidas marginales muchos aspectos positivos: su libertad, su solidaridad, su vitalidad y su capacidad de amar.

"Es una película llena de esperanza porque, a pesar de la pobreza y los abusos, la humanidad está todavía con vida", dijo Rached a Reuters.

En una simbólica escena inicial, la adolescente Tata, un poco desalineada y con su cabello descubierto, trota a caballo por la calle principal del distrito de Mohandiseen, en medio de taxis decrépitos y de brillosas limusinas de los adinerados.

A ninguno de los conductores les llama la atención ese exótico espectáculo, mostrando una tolerancia enfrentada al conservadurismo social que reprueba la disconformidad, especialmente entre las mujeres jóvenes.

El filme es un gran avance para Egipto y ha tomado por sorpresa al público que nunca imaginó que existían jóvenes en tales circunstancias o, de existir, no pensaban que tenían historias para contar o razones plausibles para vivir como lo hacen.

Pero hacer la película no fue fácil. Rached dijo que pasó cinco meses "sólo estando por ahí" para ganarse la confianza del grupo de jóvenes y descubrir cómo viven.

Además tuvo que superar las sospechas de las autoridades de las personas locales, algunos de los cuales especularon que el equipo de filmación estaba allí para robar riñones, convertir a las muchachas al cristianismo o hacerlas actuar en películas pornográficas.

"Pero después de un tiempo nos vieron como parte del barrio", dijo.
El equipo de Rached entonces filmó 58 horas de material en un período de seis semanas, mayormente de noche, cuando las calles de El Cairo cobran vida.

"El día previo al rodaje, no tenías idea de qué ibas a filmar. Eran ellas quienes decidían qué iba a aparecer en el filme", comentó.

Avances brutales
El equipo encontró a las jóvenes mayormente pasando el rato, defendiéndose en un mundo hostil, a veces bailando, a veces cantando, pero más que nada hablando sobre sus vidas.

Ellas recuerdan con nostalgia a los chicos que amaron, quienes en su mayoría se encuentran ahora en la cárcel por delitos menores, y en un idioma que nunca ha pasado por la censura egipcia, explican cuál es la mejor manera de arreglárselas frente a los indeseados y a menudo brutales avances de otros hombres.

Maryam describe como fue que dejó un orfanato y comenzó una vida en las calles a los 14 años, como se cortó el pelo para parecerse a un varón y como someterse a una violación en un cementerio aislado es mejor que te corten la cara y tener una cicatriz de por vida.

Las jóvenes llevaron al equipo de filmación a una cabaña del campo en los límites de la ciudad, donde dicen que otras muchachas han sido prisioneras durante meses como esclavas sexuales. Los varones incluso tienen una palabra especial para dicha práctica, "almacenar" a una joven.

Ola Galal, del público, dijo estar sorprendida de escuchar a las jóvenes, especialmente por el modo en que hablan sobre sus vidas sexuales.
Dijo que algunos egipcios se opondrían a la película. "Ellos tienen esta idea sobre manchar la imagen del país", comentó.

El productor Karim Gamal el Din dijo que el estudio les había mandado una versión expurgada a los censores, con muchas palabras cubiertas por un "bip", con la esperanza de poder mostrarla más ampliamente.

Rached dijo que no presentaba una solución para las chicas, sólo les daba una posibilidad de expresarse libremente.
"Mi trabajo es hacer que la gente tome conciencia de ellas y mostrarlas como seres humanos. Pero aquí nadie sabe cuál es la solución. Eso lo debe resolver la sociedad en su conjunto", dijo en un debate.
Pero la película también tocaba a Rached personalmente.

"Tengo que amar a mi personaje principal ya que de otro modo no puedo rodar y la adoro a Tata. Ella me cautivó por completo. Me gustaba la forma en que pensaba. Había muchas cosas que no entendía, ¿Cómo podían seguir viviendo así? Pero la vida continúa", dijo.

Rached también encontró diferencias entre la vida de las jóvenes de la calle de El Cairo y aquella de los sin techo en otros países.

"En París la gente vive en las calles y está en el infierno por su cuenta. Aquí no, hay solidaridad y una de las cosas que he aprendido es lo tolerante que es la gente", señaló. (Reuter)




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