06 Agosto 2006 Seguir en 
"Elijo la danza clásica porque puede lograr la mayor expresión a pesar de su gran rigidez. Es más difícil transmitir las emociones a través de sus pautas rígidas, pero representa un idioma más universal". José López Domínguez tiene 21 años y acaba de ganar la Beca Aschberg de la UNESCO para perfeccionarse en la Escuela Superior de Danza Rosella Hightower, en Cannes, Francia, donde viajará en septiembre. El joven comenzó sus estudios en la academia tucumana que dirige Alejandra Deza, y desde 2003 estudia en el Instituto Superior de Danza del Teatro Colón.
"La noticia es maravillosa porque Francia es como la meca de la danza y la escuela en la que estaré durante un año -con opción a dos- es muy reconocida en Europa", le contó a LA GACETA López Domínguez. En esa academia, aclaró Alejandra Deza, la carga horaria que se dedica a la danza contemporánea y a la clásica es la misma, lo que la diferencia hasta del propio Teatro Colón. "El tema es que internacionalmente la tendencia es a unificar todo y a prepararse para una y para otra", sostuvo el joven.
López Domínguez se interesa mucho por la investigación coreográfica para establecer por qué se han perdido ciertos movimientos. Pero al momento de elegir su perfil, respondió que le gustaría ser "un bailarín virtuoso y rápido, y que tenga capacidad actoral; aunque me inclino más hacia la expresión artística que a la técnica", precisó. "Tengo más facilidad y puedo disfrutar bastante de los saltos y de los giros, algo que me vino de mis estudios de gimnasia artística", admitió. Y si bien es cierto que mientras a la mujer se le exige y se le reconoce su trabajo con la elevación y elongación de piernas, que marcan la línea estética, la Deza y López Domínguez aseguraron que hoy, en el mundo de la danza los requisitos para unos y otros son similares.
En la conversación con LA GACETA, la profesora destacó el nivel de competitividad al que se puede aspirar: "los talentos sobran en la provincia". Y López Domínguez se quejó por la falta de una política cultural, pero también por la apatía social del público "que no llena los teatros".
"La noticia es maravillosa porque Francia es como la meca de la danza y la escuela en la que estaré durante un año -con opción a dos- es muy reconocida en Europa", le contó a LA GACETA López Domínguez. En esa academia, aclaró Alejandra Deza, la carga horaria que se dedica a la danza contemporánea y a la clásica es la misma, lo que la diferencia hasta del propio Teatro Colón. "El tema es que internacionalmente la tendencia es a unificar todo y a prepararse para una y para otra", sostuvo el joven.
López Domínguez se interesa mucho por la investigación coreográfica para establecer por qué se han perdido ciertos movimientos. Pero al momento de elegir su perfil, respondió que le gustaría ser "un bailarín virtuoso y rápido, y que tenga capacidad actoral; aunque me inclino más hacia la expresión artística que a la técnica", precisó. "Tengo más facilidad y puedo disfrutar bastante de los saltos y de los giros, algo que me vino de mis estudios de gimnasia artística", admitió. Y si bien es cierto que mientras a la mujer se le exige y se le reconoce su trabajo con la elevación y elongación de piernas, que marcan la línea estética, la Deza y López Domínguez aseguraron que hoy, en el mundo de la danza los requisitos para unos y otros son similares.
En la conversación con LA GACETA, la profesora destacó el nivel de competitividad al que se puede aspirar: "los talentos sobran en la provincia". Y López Domínguez se quejó por la falta de una política cultural, pero también por la apatía social del público "que no llena los teatros".







