Las vueltas de la vida, 40 años después

Los ingenios tucumanos les están dando una paliza productiva a sus pares del norte, los que en 1966 -según dicen- impulsaron el cierre de 11 fábricas de nuestra provincia. Por Fernando García Soto - Redacción de LA GACETA

04 Agosto 2006
Cuentan los memoriosos que un fuerte lobby de los responsables de los ingenios de Jujuy y de Salta rindió sus frutos y logró que el gobierno militar de Juan Carlos Onganía decidiera el intempestivo cierre de 10 ingenios tucumanos, en 1966. Esta medida, que dejó de rodillas a nuestra provincia, significó que más de 200.000 tucumanos en la flor de su vida laboral tuvieran que emigrar para escapar del hambre y la miseria, lo que muchos de ellos finalmente no lograron. Extraña coincidencia o cosa del destino: en el año en que se cumple el 40 aniversario de estos sucesos lamentables, las fábricas azucareras tucumanas les están dando una verdadera paliza productiva a los ingenios del norte, con rendimientos fabriles más altos por primera vez en la historia.
Probablemente el ajuste en la actividad azucarera se hubiera producido por sí mismo en la segunda parte de la década del 60, debido a que realmente varios ingenios tucumanos eran ineficientes, con producciones del orden de las 7.000 toneladas de azúcar. Hoy, el ingenio tucumano que menos azúcar elabora es el Cruz Alta, con 35.000 toneladas obtenidas en la zafra 2005; justamente, este ingenio, que es explotado bajo la figura de un arriendo, debería salir a remate por quiebra de su empresa propietaria.
En aquel tiempo, otra alternativa hubiera sido que los cierres se planificaran para ser realizados en forma gradual, a fin de minimizar el impacto social, lo que no se hizo.
Aun cuando desde los ingenios del norte prefieren no admitir que se realizaron gestiones para propiciar la clausura definitiva de los ingenios tucumanos, está documentado que las empresas azucareras modelo de Jujuy y Salta impugnaron el Fondo Regulador Azucarero ante la Justicia. Este fondo en verdad no era justo, puesto que les sacaba puntos de rendimientos a los ingenios argentinos que tenían mayor eficiencia para dárselos a los menos productivos. Otra medida surgida de los ingenios de Jujuy y Salta fue un pedido al Gobierno nacional del radical Arturo Illia a fin de que el Estado tomara medidas para resolver la crisis que había surgido en la actividad por una superproducción de azúcar registrada en 1965. El resultado fue un ajuste que recayó íntegramente en los ingenios tucumanos, y la certeza entre los industriales de nuestra provincia de que a mediados de los 60 hubo una verdadera confabulación entre la elite azucarera argentina y el Gobierno militar de la época, para asegurarse de que no hubiera más descontroles en la producción de azúcar.
Hoy la coyuntura es distinta, producto en parte de los buenos precios externos del azúcar, cuya cotización está atada a la evolución del valor del petróleo, siempre en ascenso y más en los últimos tiempos. Los avances en el mundo de los combustibles alternativos en base a alcohol de caña brindan también otra perspectiva -altamente favorable- para la actividad. En ese marco, y con una economía argentina que crece al 9% en los últimos años, las empresas azucareras transitan su mejor momento en décadas, con firmas saneadas que invierten en el campo y en los ingenios. Es así que la Estación Experimental adaptó para Tucumán una variedad de caña importada de Luisiana, Estados Unidos, denonimada LCP 85/384, que permite que los ingenios de nuestra provincia superen con comodidad en rendimentos a las más productivas empresas azucareras del norte.
Vueltas de la vida, resultado del trabajo a conciencia, revancha del destino, o “cosa ‘e Mandinga”, lo cierto es que hoy la mayor eficiencia de los ingenios está en nuestra provincia. A 40 años años de la debacle azucarera tucumana, aunque parezca un sinsentido, hay motivos para festejar.



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