El "petiso" que acapara la pantalla
El humorista Jorge Guinzburg trabaja a tiempo completo. Las entrevistas en "Capocómicos"; la reposición de "Peor es nada" por Volver; el regreso de "La Biblia y el calefón", y el ciclo de preguntas y respuestas "El legado", hacen que prácticamente haya copado la imagen de la TV abierta y por cable, con propuestas distintas pero con el humor como el eje central de su trabajo.
"El petiso maldito" -como lo llaman sus propios colegas- hizo su propio camino en la TV, y con "Peor es nada" tuvo cinco temporadas exitosísimas. Al hablar de sus programas, le contó a la prensa que está orgulloso de todos ellos. "Aunque tienen características muy diversas, me generan o me han generado muchas satisfacciones", expresó. "Quizá ?Capocómicos? sea el más reflexivo de todos, porque su objetivo no es hacer reír sino hablar del humor, tratar de entenderlo a través de distintas personalidades que se han ganado el lugar de capos cómicos, y eso no se logra haciendo reír 10 minutos seguidos. Se consigue con toda una trayectoria", afirmó el conductor.
"Con lo que está pasando, la gente está abrumada, enojada, y eso dificulta mucho las cosas. Cuando uno está enojado no hay tanto margen para el humor, aunque pese a eso, hay una necesidad imperiosa de reír. La de hoy es una doble tarea: cambiar permanentemente para lograr sacar a la gente de allí", aseguró.
"Es que el humor va variando, y las cosas que hacen reír no son las mismas año a año, día a día. Difícilmente alguien se ría de algo que ya dijiste o de algo de lo que ya se rieron. Por eso hay que variar. E insisto, es más difícil ahora porque hay que sacar a la gente de su enojo", definió el diminuto humorista.
Registrándose
Si existe una crítica fuerte y sin contemplaciones a la televisión, es la que se puede ver en la misma pantalla chica. "Televisión registrada" sigue subiendo el rating. Fabián Gianola y Claudio Morgado son campeones a la hora de reírse de sus propias colegas... y de los políticos y poderosos del país.
Los montajes terminan desenmascarando las promesas de ayer y las trampas del presente. El juego es que nadie se salva, ni aún ellos mismos.
Durante una hora se suceden compuestas escenas donde los reconocidos personajes se enfrentan con sus propias afirmaciones, lejos de cualquier aspiración de coherencia. Un capítulo especial en este tiempo es reírse de la misma fauna televisiva.Pero no todo es montaje en esta historia. El diálogo entre Gianola y Morgado, cargado de dobles sentidos y de perspicaces intervenciones, no tiene desperdicio. Sin ellos, hasta el mejor de los montajes no tendría el mismo efecto.
Los chismes y lo patético
¿Qué tienen de gracioso las penurias y miserias que se escuchan y ven en el programa de Moria Casan? ¿Por qué nos reímos cuando personas grandes intercambian bajos insultos y procacidades a la hora de la siesta en "Rumores" o "Intrusos"?
Los talk shows, y los chimenteros, a pesar de las historias que se cuentan, producen reacciones encontradas. Algunos ríen porque no creen que sea cierto, pero reconocen que esos personajes a los que se les paga para narrar intimidades no son menos cómicos que los verdaderos profesionales.
Las peleas entre hijos y padres, parejas, y los siempre terceros en discordia, entretienen y alimentan el morbo, por un lado. Pero por el otro, provocan la risa porque narran situaciones límites, circunstancias que rozan lo patético y lo ridículo.
Los casos que se dirimen en "La Corte" -que no es sino una versión local de otro programa para los hispanos que se graba en Florida- constituyen otro filón en esta dirección, pero al extremo de que habrá una sentencia de un mediador.
Jorge Rial y Susana Roccasalvo y Monti, los conductores de "Intrusos" y de "Rumores", tampoco pueden evitar la risa cuando presentan los chismes de la farándula.
Trátese de infidelidades, enojos o enfrentamientos, los animadores saben que no tienen que dramatizar, y que el humor es el que, finalmente, vende.
El humor bizarro y absurdo
Fabio Alberti y Diego Capusotto utilizaron una fórmula que no falló y que genera un humor desopilante. A través del absurdo crearon situaciones que rayan en el límite, como la de simular transmisiones desde Miami, pero que, al mismo tiempo, se revelan como truchas.
Desde su propio título, "Todo por $2" no deja de hablar de la realidad. En primer lugar, se ocupa del propio medio, la televisión, a la que satiriza y ridiculiza. Finalmente, es una televisión que simula ser de primera pero, en los hechos, es de "$2" ¿Quién pensaría que Tito Cossa sería el nombre de un detective ridículo, cuando es el mismo de un famoso dramaturgo e intelectual argentino?
El absurdo de Alberti y Capusotto ubica en circunstancias cómicas a personajes tan reales y de la calle, que parecen muy alejados del mundo de los actores y estrellas de la televisión, casi siempre defensoras de su privacidad. No hay que ser demasiado avisado para darse cuenta de que señales como "Utilísima" son algunas de las más satirizadas.
Exhibiéndose en cada segundo como un material de bajo presupuesto, Alberti y Capusotto llegan a plantear un humor bizarro. Pero, aunque muchas escenas no terminan de comprenderse, provocan la carcajada y la risa inmediata.
Uno no puede dejar de recordar que el antecedente y, tal vez, inspirador de toda está línea de humor es Alfredo Casero, con su "Cha, cha, cha", que en I-Sat, se revive con placer.







