31 Julio 2006 Seguir en 
Cada vez que una tragedia ocurre en una prueba de automovilismo, inmediatamente se inicia otra carrera, en la que las autoridades de las entidades rectoras y las de las distintas categorías vuelven a revisar las medidas de seguridad; primero, de los vehículos y después, de los circuitos. Este nervioso proceso, sin embargo, no siempre rinde sus frutos, ya sea porque lo que se planea con la mente se borra con la pasión o porque los propios protagonistas subestiman los peligros que la actividad acarrea.
La muerte del piloto de TC Pista, Alberto Noya, y de su navegante, Gabriel Miller, produjo un efecto dominó con varios capítulos. Primero, el TC decidió ese mismo día no correr en Rafaela. Después, el volante que ocasionó involuntariamente la tragedia, Hugo Fayanás, anunció su retiro de la práctica activa del deporte motor. La semana pasada, la Comisión Deportiva Automovilística decidió eliminar la figura del acompañante en la división bonaerense Turismo 4.000, a pedido de los propios pilotos -medida que también podría extenderse al propio TC-. Para completar el panorama, en las últimas horas llegaron comunicaciones a todas las categorías a fin de que efectúen un análisis y posterior puesta en marcha de normas que aumenten la seguridad de los vehículos. Al menos eso sucedió en el Turismo Nacional, categoría en la que participan tucumanos.
Todas estas acciones pueden ser tomadas como una saludable actitud de tomar el toro por las astas por parte de las autoridades. Pero, como quedó dicho, esto no siempre es bien recibido por quienes más se exponen a los riesgos; es decir, los pilotos.
En Tucumán, en los últimos tiempos, hubo una serie de acontecimientos que marcaron a fuego a las actividades automovilísticas. Y fue el karting el más afectado, incluso con dolorosos hechos de fallecimientos de competidores. El autocross fue otra actividad cuyos protagonistas se vieron demasiado expuestos; hace pocas semanas, en una carrera en Bella Vista, dos pilotos y sus navegantes sufrieron serias lesiones. Ello aceleró la toma de medidas por parte de la Federación local de automovilismo para que esa categoría refuerce sus sistemas de seguridad. En medio de la oferta automovilística de Tucumán, sin dudas es el rally la disciplina de mayor crecimiento en los últimos tiempos. Y ya se sabe que esto genera hechos positivos y de los otros. Justamente entre los puntos negativos debe anotarse el poco apego a las medidas de seguridad. Muchas veces, la ilusión de correr lleva a los pilotos a olvidar sus obligaciones en la materia. Por ello, no siempre usan las jaulas antivuelco y butacas apropiadas, los cascos, cinturones y equipo de buzo antiflama, guantes y botas de competición reglamentarios. Sobre todo en aquellos de presupuesto medido.
A quienes compiten sobre ruedas debe quedarles claro que la actividad que llevan a cabo no es una más. En ella, la exposición de la vida es mayor que en otras. No todo se remite a la pericia que tengan al manejar o a la experiencia que hayan cosechado. Quienes conocen el ABC de la actividad, entienden perfectamente que las carreras empiezan en el taller y que no todo se remite a tener el auto más veloz. Y que las mejores pruebas no sólo son aquellas en las que se ve un buen espectáculo, sino también las que tienen bajo control a las situaciones de riesgo.
El orden, la aceptación y cumplimiento de los reglamentos y el respeto por los demás participantes, también deben ser tomados como medidas de seguridad. Las peligrosas situaciones que por ejemplo se ven en el rally cuando los pilotos hacen “a tontas y locas” los reconocimientos de caminos son ejemplos de que, aún en situaciones previas a una competencia, hay que mantener la cordura.
La muerte del piloto de TC Pista, Alberto Noya, y de su navegante, Gabriel Miller, produjo un efecto dominó con varios capítulos. Primero, el TC decidió ese mismo día no correr en Rafaela. Después, el volante que ocasionó involuntariamente la tragedia, Hugo Fayanás, anunció su retiro de la práctica activa del deporte motor. La semana pasada, la Comisión Deportiva Automovilística decidió eliminar la figura del acompañante en la división bonaerense Turismo 4.000, a pedido de los propios pilotos -medida que también podría extenderse al propio TC-. Para completar el panorama, en las últimas horas llegaron comunicaciones a todas las categorías a fin de que efectúen un análisis y posterior puesta en marcha de normas que aumenten la seguridad de los vehículos. Al menos eso sucedió en el Turismo Nacional, categoría en la que participan tucumanos.
Todas estas acciones pueden ser tomadas como una saludable actitud de tomar el toro por las astas por parte de las autoridades. Pero, como quedó dicho, esto no siempre es bien recibido por quienes más se exponen a los riesgos; es decir, los pilotos.
En Tucumán, en los últimos tiempos, hubo una serie de acontecimientos que marcaron a fuego a las actividades automovilísticas. Y fue el karting el más afectado, incluso con dolorosos hechos de fallecimientos de competidores. El autocross fue otra actividad cuyos protagonistas se vieron demasiado expuestos; hace pocas semanas, en una carrera en Bella Vista, dos pilotos y sus navegantes sufrieron serias lesiones. Ello aceleró la toma de medidas por parte de la Federación local de automovilismo para que esa categoría refuerce sus sistemas de seguridad. En medio de la oferta automovilística de Tucumán, sin dudas es el rally la disciplina de mayor crecimiento en los últimos tiempos. Y ya se sabe que esto genera hechos positivos y de los otros. Justamente entre los puntos negativos debe anotarse el poco apego a las medidas de seguridad. Muchas veces, la ilusión de correr lleva a los pilotos a olvidar sus obligaciones en la materia. Por ello, no siempre usan las jaulas antivuelco y butacas apropiadas, los cascos, cinturones y equipo de buzo antiflama, guantes y botas de competición reglamentarios. Sobre todo en aquellos de presupuesto medido.
A quienes compiten sobre ruedas debe quedarles claro que la actividad que llevan a cabo no es una más. En ella, la exposición de la vida es mayor que en otras. No todo se remite a la pericia que tengan al manejar o a la experiencia que hayan cosechado. Quienes conocen el ABC de la actividad, entienden perfectamente que las carreras empiezan en el taller y que no todo se remite a tener el auto más veloz. Y que las mejores pruebas no sólo son aquellas en las que se ve un buen espectáculo, sino también las que tienen bajo control a las situaciones de riesgo.
El orden, la aceptación y cumplimiento de los reglamentos y el respeto por los demás participantes, también deben ser tomados como medidas de seguridad. Las peligrosas situaciones que por ejemplo se ven en el rally cuando los pilotos hacen “a tontas y locas” los reconocimientos de caminos son ejemplos de que, aún en situaciones previas a una competencia, hay que mantener la cordura.







