El doble desafío que enfrenta la oposición

Por Carlos Abrehu, Secretario General de Redacción. El gobernador diseñó un régimen político que le permite disciplinar a quienes procuran ser reelectos.

30 Julio 2006
El debate se dispersa por diversos cauces. La liza con el oficialismo se traba en los estrados judiciales, en la prensa y en distintos ámbitos de la vida pública. En el corazón de la borrasca está la reforma constitucional de 2006, varios de cuyos artículos se hallan impugnados en los tribunales, como el que regla la integración del Consejo de la Magistratura (CM). Ciertamente, son piezas de un andamiaje que se sostiene en la convicción de dotar del mayor poder posible al gobernador José Alperovich. A esa estructura política se le empieza a llamar ya el régimen alperovichista. Según el "Diccionario del Poder", de Rogelio Moreno Rodríguez, se denomina régimen al conjunto de normas que establecen las modalidades de reclutamiento y acceso a los roles gubernamentales, así como los criterios de representación sobre cuyas bases se forman expectativas de acceso a esos puestos. En esencia, el régimen alperovichista impuso cláusulas que inciden ahora en la contienda política. La reelección del gobernador suscitó dudas que el propio Alperovich procuró aventar afirmando que sólo podría aspirar a ella por dos períodos consecutivos a partir de 2007. El ex diplomático Emilio Cárdenas había advertido que la redacción ambigua de la Carta Magna daba pie para suponer que el gobernador podría tener chance para una tercera gestión consecutiva, a contar desde 2007. Lo que dijo Alperovich satisfizo a Cárdenas, pero dejó subsistente la certeza de que la Constitución de 2006 desalienta la rotación del personal político en las funciones electivas por el pueblo. La alternancia en el poder es la primera víctima del esquema vigente.
Es tan poderosa la gravitación del gobernador en la concepción del régimen alperovichista que la reelección de los legisladores está limitada a dos períodos seguidos. Desde 1907 y hasta enero de 1991, los diputados y los senadores no tenían techo en sus reelecciones. La renovación por mitades de la Legislatura -que preveía la Constitución de 1907- fue enterrada definitivamente en el pasado. De ese modo, evitó el riesgo de una eventual pérdida del control de la Cámara, a causa del cambio de humor del electorado a mitad de gestión. Y ató, por consiguiente, el destino de los legisladores al del gobernador. Alperovich, como Hernán Cortés en el siglo XVI, quiere quemar las naves y hacerlos copartícipes forzosos de su empresa hasta el final. La prueba de lealtad, condición previa para ser tenido en cuenta por el gran elector -el gobernador-, se toma en forma indefinida, y abarca diversas materias. Sólo Alperovich sabe cuándo se producirá el corte y quiénes serán confiables en una segunda etapa de gobierno. La partida se juega desde ya, con estación terminal en marzo o en agosto de 2007, según fuere la fecha de la elección de autoridades provinciales.

La prueba inmediata
El primer examen de fidelidad lo escogió Alperovich a propósito del retiro de la matrícula de los abogados al colegio específico. Quiere que el proyecto de ley de Sisto Terán vaya al recinto y sea sometido a votación. Los que levanten la mano por la ley de Terán sumarán puntos en el ranking del oficialismo. En la Corte Suprema de Justicia descreen de la conveniencia de hacerse cargo del manejo de la matrícula de los abogados, como pretende Terán, porque su función dentro del esquema republicano de gobierno es otra. Entienden, por otra parte, que abogados y jueces son los polos opuestos dentro del sistema judicial.
Además de impactar entre los legisladores, el disparo de Alperovich hace blanco en el vicegobernador Fernando Juri, al menos en el terreno del discurso. Hablar de ruptura es aventurado. El vicegobernador admite las diferencia de de estilo con Alperovich y apuesta al diálogo para solucionar las diferencias con el Colegio de Abogados. Las maniobras políticas no cesan. A la inminente postulación de la diputada nacional Beatriz Rojkés de Alperovich para la primera banca de legisladora por la capital, se contrapone una sucesión de pronunciamientos en favor de la eventual postulación de Juri a la gobernación, mediante solicitadas y actos parciales, desde el 1 de julio. Sin embargo, hay quienes desconfían del ánimo combativo del vicegobernador. Lo ven muy aplacado y con poca decisión de choque. Otros dirigentes, en su defensa, justifican las actitudes del vicegobernador en su relación política con Alperovich. Creen que el vicegobernador decidirá la estrategia final en el momento que considere oportuno.
Los peronistas refractarios a la Casa de Gobierno ven el cuadro con preocupación y ansiedad. Se acerca la fase de las definiciones y aún no visualizan un referente que se disponga a disputar la hegemonía al alperovichismo. El enfrentamiento a los poderosos exige algo más que voluntad, y no todos tienen vocación para pelear desde el llano.

Las reacciones
La lejanía del poder no amilana a los partidos distanciados del kirchnerismo y de la Casa de Gobierno. Con la llegada de Mario Marigliano a la conducción del radicalismo parece que se abre una etapa de menos tolerancia para los compañeros de ruta de Alperovich. Las expulsiones del legislador Jorge Mendía y del concejal Gustavo Usandivaras marcan el intento de diferenciar al partido del oficialismo gobernante en Tucumán. Adolfo Stubrin, hoy titular de la convención nacional, avaló plenamente la drástica determinación adoptada en el distrito. La necesidad de personalizar a la UCR con vistas a las elecciones de 2007 impuso la obligación de disciplinar a los afiliados y dirigentes. Enfrente de ese objetivo de supervivencia, se erigen las tentaciones encarnadas por Alperovich y por Néstor Kirchner. A la competencia de los ex radicales de Participación Cívica, Marigliano deberá sumar la de aquellos que, como Mendía y Usandivaras, se ampararon en la concertación K, La posible inserción del radicalismo en una coalición con el ex ministro Roberto Lavagna motiva a la dirigencia ortodoxa a separar las aguas con el alperovichismo, que está rígidamente emparentado con el presidente Kirchner. El doble duelo condicionará las perspectivas políticas del radicalismo en 2007.
La coalición del bussismo con las huestes de Ricardo López Murphy procura afianzarse en Tucumán. El jefe de Recrear charló detenidamente con el senador Ricardo Bussi y otros jerarcas del partido, además de dirigentes del macrismo provincial. En esas esferas sorprendió la súbita emergencia de las divergencias internas en Fuerza Republicana, que confirmaron la puja de liderazgos entre el senador Bussi y su hermano Luis José, pese a que se diga otra cosa. Ahora esperan que esos chisporroteos no terminen diluyendo el esfuerzo de unidad para 2007, en el que Alperovich y Kirchner son los adversarios estratégicos. En el otro polo de la política, el líder de Pueblo Unido, Gumersindo Parajón, se aproxima a partidos de izquierda (Obrero e Izquierda Unida) para vertebrar otra coincidencia. La certidumbre de que el oficialismo gobernante en la República y en Tucumán es políticamente poderoso alimenta las convergencias multipartidarias con tinte electoral.

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