Las urgencias del corto plazo

Por Angel Anaya, redacción LA GACETA. El Gobierno quedó malparado ante lo que pareció una justificación de los piquetes que se hicieron en Entre Ríos contra las pasteras. La reacción ante la Corte de La Haya.

29 Julio 2006
BUENOS AIRES.- Cuando se camina desmañadamente con rumbos políticos, lo más probable es que los objetivos se tornen contradictorios. Eso ha ocurrido con el ardid diplomático oficial de condicionar la libertad de circulación a la de expresión, tratando de justificar cuatro meses de cortes fronterizos con Uruguay por vecinos de Gualeguaychú. Tras el error del canciller Jorge Taiana y sus asesores, el secretario de Relaciones Internacionales, Alfredo Chiaradía, trató de enmendarlo pero, a fin de cuentas, le agregó otro detalle contradictorio: el Gobierno justifica el reclamo por las papeleras, "pero nunca la metodología". Por su parte, los juristas le han caído pesadamente a la Cancillería, mientras los líderes piqueteros que todavía sobreviven en la calle se han encontrado con un seguro de vida política para continuar "expresándose" a costa del tránsito urbano y rutero. Entre numerosas opiniones de juristas distinguidos, quizá la que da más certeramente en el blanco es la del ex ministro y ex juez Ricardo Gil Lavedra: "La libertad de expresión tiene que ejercerse del modo menos lesivo para el resto de los derechos". Ningún derecho, por cierto, ni el más elevado, puede ejercerse abusivamente, de tal forma que cause un daño moral o antisocial, precisa una vieja doctrina cuyo origen remoto se insinúa en la Roma de los Césares.

Dualidades conflictivas
En circunstancias como la apuntada siempre están presentes las urgencias del corto plazo que sofocan en estos días al poder público. Otro ejemplo muy reciente se tuvo en ocasión de recordarse el ataque a la AMIA, oportunidad en que se advirtió cuán difícil es para el Gobierno aceptar que se trató de un acto imprescriptible de lesa humanidad; categoría penal que se aplica únicamente en el orden interno, a la represión de la dictadura, pero no a los actos de la guerrilla.
La dualidad en política desde el llano, como suele ocurrir en estos días entre la oposición, puede no ser ética, pero sí superable, mas no cuando se ejerce el poder. En el caso de ese argumento de la Cancillería ante un tribunal del Mercosur por el debate de las papeleras, el tropiezo es aún mayor, pues acrecienta el grado de deterioro de las relaciones con Uruguay, dándole a entender a nuestro histórico convecino que los hechos perturbadores del tráfico fronterizo pueden repetirse si la comunidad de Gualeguaychú no acepta los consejos pacifistas ante la evidencia de que no será reprimida por ese abuso de la libertad de expresión.
A una distancia mayor en el tiempo y en el espacio, los jueces de la Corte Internacional de La Haya, que tanto preocupan el canciller Taiana, difícilmente dejen de tener presente también esa interpretación cuando se dispongan a emitir sentencia. (Sucursal Buenos Aires)

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