El campo espera negociar

El Poder Ejecutivo buscará este fin de semana reabrir el diálogo con las organizaciones agrarias. Reuniones, el acuerdo gasífero y los problemas energéticos. Por Angel Anaya - Redacción LA GACETA.

27 Julio 2006
BUENOS AIRES.- El discurso que el Gobierno llevará el sábado para inaugurar la exposición rural tratará de abrir una ventana al diálogo con las organizaciones agrarias y, con ese fin, está siendo redactado por la Jefatura del Gabinete y por el secretario de Agricultura, Miguel Campos. “Lo de menos será quién lo dirá, aunque seguramente no será Kirchner, quien nunca participó de la ceremonia inaugural”, apuntó cauteloso un sigiloso vocero. La tribuna ruralista de Palermo ha sido tradicionalmente la más dura de presidentes y de funcionarios que se llevaron mal con el campo, como ocurre actualmente. Pero esa intención oficial ha tenido inspiración forzada en las movidas numerosas de agricultores y ganaderos que en estos días mostraron una tendencia creciente hacia los caminos y las plazas. Ese clímax negociador o dialoguista por el lado oficial está dando lugar a que la Confederación de Asociaciones Rurales Argentinas (CRA), que tiene previstas reuniones para después de la inauguración de la muestra, haya comenzado a revisar sus pronósticos duros. La primera señal la dio la ministra de Economía, Felisa Miceli, al prometer que el plan anunciado por el Gobierno acepta innovaciones y que sólo basta con acercarse a negociarlas.

Economía politizada
Pero la futura propuesta rural, cualquiera que sea, no excluirá una revisión de la actual política oficial que constriñe a productores y ganaderos a contribuir a la lucha antiinflacionaria, reduciendo el horizonte productivo. Algo muy semejante está ocurriendo en el sector industrial, donde la crisis de la energía se insinúa a cada rato por la falta de inversiones derivada del freno a las tarifas. Mientras el uso de energía aumentó en el primer semestre el 30%, la capacidad productiva instalada lo hizo por debajo del 1%. Del Gobierno, o mejor, del Presidente, se afirma con razón que tiene una visión más atada a la solución política de los problemas económicos, que al revés, pero en realidad lo que más se extraña es una política económica asociada al largo plazo. En cuanto a la energía, esa falencia se ha puesto de manifiesto nuevamente en la forma con que Kirchner desautorizó al ministro Julio de Vido, disponiendo una suba impensada en la venta de gas a Chile sobre la prometida por aquel a su colega chilena. Ese zigzag a breves días se debió a la misma meta presidencial: cargar sobre otro el costo inflacionario que representaría trasladar el precio del gas boliviano a nuestro mercado. El acuerdo gasífero con Evo Morales ha significado un sacrificio excepcional que representaría casi $ 340 millones para la petrolera estatal Enarsa, pero el traslado sorpresivo a Chile recargará nuestra cartera de problemas regionales, bastante pesada por cierto. (Sucursal Buenos Aires)






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