Concepciones agrarias
La relación entre los sectores empresariales y gubernamentales está prácticamente quebrada. Crece el estado de incertidumbre entre los ganaderos. La era post-Lavagna. Por Angel Anaya - columnista
25 Julio 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Lo más seguro es que los precios de la carne en el mostrador no padezcan mayormente y, mucho menos, que falte. Parecida seguridad se advierte en que el mercado de Liniers funcionará como el Gobierno se propuso; es decir, sin apariencias de paro agrario; pero como es sabido desde tiempo inmemorial, las apariencias engañan, pues lo que está en juego no es casi nada de eso, sino la confrontación de dos concepciones del rol del campo para un modelo de país cada día más difuso. Esa situación se ha extremado hasta el punto de amenazar irreparablemente el diálogo, dando lugar a decisiones de política económica inconsultas y a pronósticos muy razonables. En tiempos de la “oligarquía terrateniente y vacuna” eso no era tan peligroso, pero desde hace décadas esa “clase” desapareció, dando paso a la empresaria, donde el capital se divide en acciones y muchas de estas están a miles de kilómetros de los intereses que representan. La riqueza agropecuaria es hoy resultado de inversiones, mientras el estado de incertidumbre que provocaron la restricción exportadora de carnes y el paro constituyen una advertencia tan seria como la que la crisis dejó en el resto de la economía. Ese clímax se inició hace siete meses, durante los cuales el diálogo se fue diluyendo, mientras la ausencia de Roberto Lavagna de la cartera económica marcó un avance más totalizador de Kirchner y su entorno en el manejo gerencial de la economía en todos sus sectores. Testimonio de ese poder operativo ha sido la forma en que fueron sometidos consignatarios y frigoríficos a la voluntad oficial de almacenar en Liniers ganado suficiente para que no hubiera ayer y hoy el vacío calculado por los ganaderos. El Gobierno no rompió una huelga con su irritante medida, como le imputaron, pues su misión es también impedir que la comunidad padezca los efectos. Sin embargo, ese “alto sentido del deber político”, como se lo calificó en la Jefatura del Gabinete, es otro puñetazo de autoridad en la mesa donde se imparten órdenes, en lugar de sentarse a analizar qué está pasando en todos los sectores a los que el Presidente anoticia desde su atril viajero con soluciones consumadas y ante auditorios seleccionados.
Una singular unidad
La gran pluralidad de organizaciones agrarias, que ni siquiera el poderoso peronismo histórico pudo centralizar, hoy ofrece en consecuencia un grado singular de unidad, difícil de someter sin la negociación adecuada. Las movilizaciones zonales de estas horas serán probablemente el medio apelable, pues para el campo son más sencillas, así como hay conciencia de que son también los gestos más inquietantes para el actual Gobierno. (De nuestra Sucursal)







