Las enseñanzas que dejó el mirandismo

Alperovich aprendió que la acción política de la gestión debe estar concentrada en sus manos y Juri entendió que la Cámara se prestigia pensando en la labor legislativa. Por Juan Manuel Asis - Redacción de LA GACETA

25 Julio 2006
El 29 de octubre marcó un antes y un después para las principales cabezas de los poderes políticos: José Alperovich (Ejecutivo) y Fernando Juri (Legislativo). Es lo que se desprende de sus discursos a partir de la evaluación que hicieron de los mil días de gestión. En sus lecturas, realizadas por separado, Alperovich y Juri cargaron sus dardos contra las gestiones anteriores, más precisamente sobre los que pasaron por los sillones que hoy ocupan; y sin ninguna sutileza. El gobernador recordó al que fue el principal gestor de que ahora esté donde está: Julio Miranda; y lo hizo apuntando a lo que consideró una debilidad en la gestión de su antecesor: haberse dedicado más a la política que a la administración.
El vicegobernador, en tanto, apuntó como una flaqueza de su predecesor en la presidencia de la Legislatura (Sisto Terán) el haberse preocupado más por atender las necesidades del Ejecutivo que privilegiar la labor parlamentaria. ¿Conclusiones?: una gestión para el olvido en el PE y un Poder Legislativo desprestigiado. A partir de estas lecturas, Alperovich y Juri procuran no repetir lo que consideran gruesos errores de sus antecesores. Es lo que dicen. Lo real es que el gobernador, según lo reconoció, decidió que “política” sólo puede hacer él y no sus ministros, tal vez recordando el gabinete “estelar” que tuvo Miranda en su comienzos -y del que formó parte-, donde sus funcionarios actuaron políticamente.
“Quiero técnicos”, expresó Alperovich; y eso puso, y por eso -con excepción de Juan Manzur- a ninguno se lo menciona como potencial candidato a nada para 2007. Todos con perfil bajo, ningún perfil alto como en el mirandismo, de cuya sombra salieron el gobernador, el vice, intendentes, diputados y legisladores; en una cifra nada despreciable si se piensa que a la gestión anterior se la quiere sepultar en el olvido. Eso sin contar que hoy Miranda es senador.
Los resultados llevan a una interesante síntesis sobre lo que fue el gobierno 1995-1999: fracaso administrativo, éxito político. Atendiendo a esta lectura, lo que le quita el sueño al gobernador es el éxito de la gestión (en cuanto a dejar en el olvido a Celestino Gelsi o a mejorar los índices sociales). Para eso -admitió- Miranda le enseñó una lección: política hace una sola persona en el Gobierno: él. Es así como se pelea con todos (jueces, abogados, opositores) sin que salgan sus escuderos a defenderlo, sólo en contadas excepciones; o bien, sale el “técnico” Jorge Jiménez a afirmar que el PE no cuenta con recursos para más aumentos salariales y genera un conflicto político con los sindicatos estatales.
A ese personalismo que sella su gestión de mil días hay que proyectarlo al plano electoral de 2007 para vislumbrar lo que puede pasar con los candidatos del oficialismo.  El índice de Alperovich bendecirá y el pulgar sepultará aspiraciones en la boleta que encabece. Es decir, la boleta oficialista se armará a dedo. Y he aquí donde aparece otra vez el nombre de Juri y su gestión en la Cámara que, en los hechos -más allá de la cantidad de vetos del PE- fue funcional a los intereses del Gobierno. La pregunta es básica: ¿Alperovich sopesa la actuación de Juri en la Legislatura o el peso del vicegobernador en el peronismo para decir que repetirá la fórmula?, ¿o ambas? O simplemente le conviene, hoy por hoy, decir que será el mismo binomio para no enturbiar las aguas en el peronismo.
Todavía hay tiempo para quebrar sociedades. ¿Qué puede romper esta alianza de dos hombres que están más preocupados por la eficacia de la gestión -según dicen- que por hacer política? La respuesta es toda una ironía: la política. Cuando 2006 quede atrás y apuren los meses de 2007, los intereses aflorarán y las diferencias se harán más visibles en los gestos y en las palabras; principalmente cuando comiencen a hablar de candidaturas. Ambos querrán premiar lealtades y sumar nuevas, y eso sólo se puede hacer en la boleta de los aspirantes a legisladores que, dicho sea de paso, serán 49.
Pactar esa lista será el desafío de ambos para solidificar la relación; caso contrario, puede empezar el divorcio. Si ese fuera el caso, podrán hacerse mil especulaciones sobre el armado electoral y las peleas internas por quedarse con el peronismo. Y es allí donde el mensaje de Juri fue más que claro: los triunfos del Gobierno tienen en el peronismo su columna vertebral. Sólo le faltó decir “el que quiera oír que oiga” para completar lo que tal vez ya esté evaluando. Si bien no faltan las voces que quieren romper esta sociedad política, surgen otras, curiosamente, de la propia Casa de Gobierno, que sostienen que la fórmula Alperovich-Juri garantiza nuevamente el éxito.
Ambos hablan de aprendizaje, de gestión y de política, poniendo en el tapete un antes y un después de octubre de 2003. Y si eso es válido para el oficialismo, ¿qué enseñanza le dejó el pasado a la oposición, o bien estos mil días? Tienen que sobrellevar el peso de estar condenados a tratar de ser la alternativa electoral al oficialismo. Y hay una pregunta que deben estar haciéndose para no fracasar en el intento de ser esa alternativa opositora: ¿cómo? Y bueno, se hace política buscando respuestas.








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