Romero puso al deporte tucumano en el mundo

24 Julio 2006
Hace algunas semanas, destacábamos en esta columna el muy buen momento que atraviesa el golf de Tucumán. El trabajo que cumplió hasta ayer su mejor exponente, Andrés Romero, en el mítico Abierto Británico, confirmó no sólo ese concepto, sino que catapultó al propio “Pigu” a un plano prácticamente impensado a principios de temporada.
Romero, durante el último Abierto del Norte, había mostrado su valía; e incluso se dio el gusto de quebrar el récord de la cancha. Fue una verdadera antesala de lo que tendría reservado para los próximos torneos.
Hace dos semanas, su segundo puesto en el Abierto de Escocia le abrió las puertas para disputar el torneo en el que brilló Roberto De Vicenzo en 1967. Y el tucumano aprovechó su oportunidad de un modo fantástico, al concluir en el octavo lugar, en su primera participación en un certamen denominado “major”. Se codeó con los mejores del mundo, dio lo mejor de sí y se mantuvo hasta último momento en la pelea por los primeros lugares.
El logro de Romero -quien tiene grandes escuderos en César Monasterio, César Costilla y Eduardo Argiró- no debe ser dimensionado desde la posición final que alcanzó en Liverpool ni a cuántos golpes terminó del ganador. Debe considerarse desde las condiciones en que se produjo su actuación y en todo lo que tiene aún para dar, con sus 25 años.
Si es harto conocido el grado de dificultad al que deben enfrentarse los deportistas argentinos para llegar a disputar torneos en la élite mundial de cada disciplina, qué decir entonces de mantenerse en ese nivel. Este punto es algo que afecta ya no sólo a un tucumano como el caso de Romero, sino a cualquiera que haya nacido en la Argentina.
Es por ello que la de Romero debe ser considerada una verdadera conquista, un ejemplo de cuál debe ser la actitud por adoptar pese a las trabas que surgen inevitablemente cuando se emprende un proyecto. El golfista de Yerba Buena marca una pauta y abre el horizonte para los deportistas tucumanos, con un mensaje claro: se puede, mientras haya entusiasmo; fe en las propias condiciones, y apoyo.
Por otro lado, un rápido ejercicio de memoria nos pone ante la evidencia de lo raleadas que fueron para Tucumán las alegrías a nivel internacional en los deportes llamados individuales, sean profesionales o amateurs. Por ejemplo, figuras como Nasif Estéfano, José Vallejo, Firmo Roberti y Mercedes Paz aportaron lo suyo. Más próximos en el tiempo nos encontramos con Eduardo Costas y Roberto Sánchez. Al listado, integrado por varios nombres más, lo aumentan otros provenientes de disciplinas colectivas, tales como el fútbol, el basquetbol y el rugby. La enumeración sería extensa, pero no por ello se podría soslayar el esfuerzo que le cupo a cada uno el llegar y mantenerse. Algo que también seguirá siendo uno de los rivales por vencer para quienes están en actividad, sobre todos los más jóvenes; entre ellos se encuentra una de las mayores promesas provinciales, el biker Darío Gasco.
Este panorama permite otorgarle aún más crédito al logro de Romero. Respecto de él, ya no caben dudas: se trata de una figura del primer mundo deportivo. Por Tucumán, por Argentina, por el deporte, es un hecho para celebrar. Y también para acompañar e imitar.
Esta buena noticia que aporta el golf, en definitiva, no se trata de un hecho aislado. Ubicado como uno de los deportes más exitosos de Tucumán por sus avances en los niveles técnico y humano, la actividad demuestra en los hechos cuánto de seriedad e iniciativa impera en sus segmentos de organización.








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