23 Julio 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Mientras la preocupación de los analistas pasa por saber si el eje La Habana-Caracas-La Paz entrará en colisión con aquel viejo sueño del ABC surcontinental (Argentina-Brasil-Chile) imaginado por el mismísimo Juan Perón, los dos hechos más trascendentes de la semana política tuvieron otro eje definido, aunque trazado desde Teherán a Córdoba, sin escalas.
Por un lado, en la ciudad mediterránea tuvo lugar la trascendente Cumbre de presidentes sudamericanos, con Fidel Castro incluido, donde se le extendió sin anestesia la partida de defunción al Mercosur, tal como se lo conocía hasta hace un par de días. Por otro, la sombra de la guerra de Medio Oriente, a través del protagonismo ideológico de Irán, se instaló en la Argentina y puso a Néstor Kirchner en serias dificultades, tras una grave pelea de atril con la comunidad judía que, en primera instancia, lo dejó al menos descolocado.
El caso es que el martes 18, a las 9.53, el Presidente por primera vez no estuvo en el acto de recordación del 12 aniversario de la voladura de la AMIA y esa inasistencia lo emparentó con la recurrente sospecha de una parte de los familiares de las víctimas que creen que el Estado argentino encubrió el atentado.
¿Por qué no fue Kirchner? Una fuente legislativa de trato bastante cercano con el Presidente respondió lacónicamente a una pregunta telefónica: “lo primero puede ser, lo segundo no creo”. La primera parte de la consulta había estado referida a si Kirchner sabía que en el acto se le iba a pedir a viva voz la ruptura de relaciones con Irán, algo que la comunidad judía había solicitado públicamente 48 horas antes. En la segunda, se le preguntó al legislador oficialista por la ausencia de Cristina Fernández de Kirchner y si ella sabía que iba a ser aludida por un familiar, quien le enrostró de un modo indirecto, pero inequívoco, la preocupación por sacar leyes, fogosos discursos mediante, para beneficio del Gobierno, antes que otras para que el crimen de la AMIA se declare de “lesa humanidad” e imprescriptible.
Sin embargo, y aunque haya rozado a su esposa, la réplica pública del Presidente al dolor expresado por el padre de una joven que murió en la calle Pasteur pareció demasiado virulenta, al mismo estilo de sindicar enemigos que otras veces utilizó Kirchner para emprenderla contra empresarios o periodistas. A muchos, esta actitud les hizo pensar que “este hombre no reconoce límites”.
Traspié de Cristina
Sobre la defensa a Cristina, está claro que ella registró un notorio traspié ante la opinión pública, tras aquellas teatrales intervenciones legislativas llenas de carpetas sobre medios y periodistas, acumuladas como prontuarios y televisadas en directo por el canal estatal. Paradójicamente, lo que pareció que por entonces el Estado usaba de modo desmedido para generarle imagen positiva, le jugó en contra. En tanto, otra paradoja: las encuestas que reflejaron la declinación de imagen de la senadora salieron de la misma Casa de Gobierno, deslizadas por aquellos que quieren ver a Kirchner reelecto. Como si esto fuera poco, misteriosamente, alguien hizo circular transcripciones de la encendida defensa que la entonces diputada había realizado en 1997 sobre la actuación del juez Juan José Galeano, el mismo que hoy está procesado y al que el Presidente, en su duro discurso, afirmó que tanto él como su esposa habían recomendado no tenerle fe. Otro punto en contra para la senadora.
Lo cierto es que durante la semana, ella desapareció de la escena, no fue a Paraguay, tampoco a la AMIA, como se dijo, y se perdió la foto con los presidentes en Córdoba; algunos dicen que estaba aquejada de una inoportuna gripe. Pero otros, más malévolos, le endilgaron una suerte de retirada táctica por la depresión que le habría producido esa caída en las mediciones.
Otra arista de la cuestión iraní tuvo que ver con la relación de cercanía que tiene Hugo Chávez con el régimen de Teherán, encaminado al desarrollo atómico, pero además apoyo intelectual y presumiblemente facilitador de los misiles que usa el Hezbollah contra Israel. Sin pelos en la lengua, los miembros del Congreso Judío Mundial que visitaron al Presidente le hicieron saber que buena parte de la comunidad pensaba: “los amigos de mis enemigos son mis enemigos”.
De allí que el mismo Kirchner armara una reunión con Chávez en Olivos para el jueves, en medio de una reunión privada entre los presidentes, algo que no pasó del protocolo. Hasta ahora, el venezolano viajará igualmente a Irán en los próximos días, mientras la Argentina sigue buscando su lugar en el mundo.
Precisamente, Chávez fue una de las estrellas de la Cumbre del Mercosur, ya que Venezuela se acaba de incorporar desde ahora como miembro pleno y eso cambia la relación de fuerzas intrabloque. En relación con la guerra, en la declaración final, los contrapesos generaron un llamamiento bastante genérico a la paz en el Medio Oriente, cuestión en la que el propio Kirchner estuvo aún mucho más enfático, desde su discurso.
Sobre el bloque en sí mismo, y aunque el presidente de Brasil, Lula da Silva,diga lo contrario y les eche la culpa a quienes desde afuera “vienen trabajando desde hace tiempo para acabar con él”, en medio de la reunión el Mercosur dejó de existir naturalmente, pero por acción u omisión unánime de sus propios integrantes.
Lula y su gestión
A tamaño desenlace de tan remendada integración contribuyeron al unísono no sólo la altisonante y petromillonaria irrupción de Chávez, sino también la pasividad preelectoral del mismo Lula, la ambigüedad venezolano-brasileña que muestra sin tapujos la Argentina, la presión por un mejor trato por parte de Uruguay y de Paraguay, la mirada absorta de los chilenos, que siguen sin entender por qué están allí, y la bien estudiada modestia de Evo Morales, alrededor de la cual y de su gas se arrodilla ahora casi toda la región. Pero en simultáneo con tan estrepitoso deceso, y amparado en el gap estadounidense que algunos llaman, desde la euforia, “el derrumbe del Imperio”, pero que objetivamente se manifiesta en el notorio desinterés de la administración Bush hacia sus vecinos del “patio trasero”, el viernes pasado nació en Córdoba un nuevo esquema de interrelación surcontinental, mucho más político que económico, aunque con un eje energético Venezuela-Bolivia todavía más poderoso que lo que fue en estos 20 años la nunca terminada de definir relación comercial entre la Argentina y Brasil.
Además, el condimento de la presencia de Fidel Castro le agregó a este alumbramiento cordobés una cuota de polémica o algo de romanticismo, tal como se lo vea al dictador cubano, quien prefirió coparles la Cumbre a los organizadores, antes que hablar con la Argentina del caso de la médica Hilda Molina, por ejemplo.
Caras crispadas
La transmisión por TV del plenario de los presidentes fue un gran acierto y las imágenes de caras crispadas, gestos estudiados o aplausos forzados, que siempre ayudan a visualizar los estados de ánimo, resultaron contundentes. Esa mesa en “U”, casi de modo unánime opuesta a las recetas neoliberales de los 90, estuvo llena de una nueva clase de dirigentes nacidos al calor del péndulo, que hizo cambiar de signo a buena parte de los gobiernos de América Latina.
Sin embargo, sus discursos tuvieron poco de sustento ideológico de la izquierda y mucho de un sesgo que podría definirse como progresista-conservador, una definición que al calor del diccionario resulta contradictoria en sus términos, pero que desnuda la raíz populista de buena parte de los actuales presidentes.
Un paneo del actual perfil económico de América Latina deja entrever que casi todos ellos son fieles enamorados de sus superávits, aunque se nota con claridad que se resisten a una distribución que no surja de su propia voluntad, un método que va en línea con cierta vocación de muchos de ellos por eternizarse en el poder, aun a costa de deteriorar las instituciones.
De allí, entonces, la preocupación por saber cuál será el camino que seguirá finalmente la Argentina para insertarse en el mundo, si a través de Castro-Chávez-Morales, donde está la energía que es clave para el crecimiento, o si recurrirá de lleno a la vieja alianza con Brasil que, eventualmente, podría enriquecerse con la seriedad de Chile.
Por otro lado, en Córdoba se escuchó que, cada vez con mayor enjundia, se habla de reflotar con presencia el movimiento de los países “no alineados”. Entre estas ideas nada novedosas y algunas caras y actitudes de ese panel de presidentes, hoy no parece que haya muchos inversores dispuestos a apostar a la región, más allá de algunas fichas fuertes hacia el petróleo y el gas, lo que tiene a la Argentina a los saltos en cuanto a sus propias indefiniciones. (DyN)
Por un lado, en la ciudad mediterránea tuvo lugar la trascendente Cumbre de presidentes sudamericanos, con Fidel Castro incluido, donde se le extendió sin anestesia la partida de defunción al Mercosur, tal como se lo conocía hasta hace un par de días. Por otro, la sombra de la guerra de Medio Oriente, a través del protagonismo ideológico de Irán, se instaló en la Argentina y puso a Néstor Kirchner en serias dificultades, tras una grave pelea de atril con la comunidad judía que, en primera instancia, lo dejó al menos descolocado.
El caso es que el martes 18, a las 9.53, el Presidente por primera vez no estuvo en el acto de recordación del 12 aniversario de la voladura de la AMIA y esa inasistencia lo emparentó con la recurrente sospecha de una parte de los familiares de las víctimas que creen que el Estado argentino encubrió el atentado.
¿Por qué no fue Kirchner? Una fuente legislativa de trato bastante cercano con el Presidente respondió lacónicamente a una pregunta telefónica: “lo primero puede ser, lo segundo no creo”. La primera parte de la consulta había estado referida a si Kirchner sabía que en el acto se le iba a pedir a viva voz la ruptura de relaciones con Irán, algo que la comunidad judía había solicitado públicamente 48 horas antes. En la segunda, se le preguntó al legislador oficialista por la ausencia de Cristina Fernández de Kirchner y si ella sabía que iba a ser aludida por un familiar, quien le enrostró de un modo indirecto, pero inequívoco, la preocupación por sacar leyes, fogosos discursos mediante, para beneficio del Gobierno, antes que otras para que el crimen de la AMIA se declare de “lesa humanidad” e imprescriptible.
Sin embargo, y aunque haya rozado a su esposa, la réplica pública del Presidente al dolor expresado por el padre de una joven que murió en la calle Pasteur pareció demasiado virulenta, al mismo estilo de sindicar enemigos que otras veces utilizó Kirchner para emprenderla contra empresarios o periodistas. A muchos, esta actitud les hizo pensar que “este hombre no reconoce límites”.
Traspié de Cristina
Sobre la defensa a Cristina, está claro que ella registró un notorio traspié ante la opinión pública, tras aquellas teatrales intervenciones legislativas llenas de carpetas sobre medios y periodistas, acumuladas como prontuarios y televisadas en directo por el canal estatal. Paradójicamente, lo que pareció que por entonces el Estado usaba de modo desmedido para generarle imagen positiva, le jugó en contra. En tanto, otra paradoja: las encuestas que reflejaron la declinación de imagen de la senadora salieron de la misma Casa de Gobierno, deslizadas por aquellos que quieren ver a Kirchner reelecto. Como si esto fuera poco, misteriosamente, alguien hizo circular transcripciones de la encendida defensa que la entonces diputada había realizado en 1997 sobre la actuación del juez Juan José Galeano, el mismo que hoy está procesado y al que el Presidente, en su duro discurso, afirmó que tanto él como su esposa habían recomendado no tenerle fe. Otro punto en contra para la senadora.
Lo cierto es que durante la semana, ella desapareció de la escena, no fue a Paraguay, tampoco a la AMIA, como se dijo, y se perdió la foto con los presidentes en Córdoba; algunos dicen que estaba aquejada de una inoportuna gripe. Pero otros, más malévolos, le endilgaron una suerte de retirada táctica por la depresión que le habría producido esa caída en las mediciones.
Otra arista de la cuestión iraní tuvo que ver con la relación de cercanía que tiene Hugo Chávez con el régimen de Teherán, encaminado al desarrollo atómico, pero además apoyo intelectual y presumiblemente facilitador de los misiles que usa el Hezbollah contra Israel. Sin pelos en la lengua, los miembros del Congreso Judío Mundial que visitaron al Presidente le hicieron saber que buena parte de la comunidad pensaba: “los amigos de mis enemigos son mis enemigos”.
De allí que el mismo Kirchner armara una reunión con Chávez en Olivos para el jueves, en medio de una reunión privada entre los presidentes, algo que no pasó del protocolo. Hasta ahora, el venezolano viajará igualmente a Irán en los próximos días, mientras la Argentina sigue buscando su lugar en el mundo.
Precisamente, Chávez fue una de las estrellas de la Cumbre del Mercosur, ya que Venezuela se acaba de incorporar desde ahora como miembro pleno y eso cambia la relación de fuerzas intrabloque. En relación con la guerra, en la declaración final, los contrapesos generaron un llamamiento bastante genérico a la paz en el Medio Oriente, cuestión en la que el propio Kirchner estuvo aún mucho más enfático, desde su discurso.
Sobre el bloque en sí mismo, y aunque el presidente de Brasil, Lula da Silva,diga lo contrario y les eche la culpa a quienes desde afuera “vienen trabajando desde hace tiempo para acabar con él”, en medio de la reunión el Mercosur dejó de existir naturalmente, pero por acción u omisión unánime de sus propios integrantes.
Lula y su gestión
A tamaño desenlace de tan remendada integración contribuyeron al unísono no sólo la altisonante y petromillonaria irrupción de Chávez, sino también la pasividad preelectoral del mismo Lula, la ambigüedad venezolano-brasileña que muestra sin tapujos la Argentina, la presión por un mejor trato por parte de Uruguay y de Paraguay, la mirada absorta de los chilenos, que siguen sin entender por qué están allí, y la bien estudiada modestia de Evo Morales, alrededor de la cual y de su gas se arrodilla ahora casi toda la región. Pero en simultáneo con tan estrepitoso deceso, y amparado en el gap estadounidense que algunos llaman, desde la euforia, “el derrumbe del Imperio”, pero que objetivamente se manifiesta en el notorio desinterés de la administración Bush hacia sus vecinos del “patio trasero”, el viernes pasado nació en Córdoba un nuevo esquema de interrelación surcontinental, mucho más político que económico, aunque con un eje energético Venezuela-Bolivia todavía más poderoso que lo que fue en estos 20 años la nunca terminada de definir relación comercial entre la Argentina y Brasil.
Además, el condimento de la presencia de Fidel Castro le agregó a este alumbramiento cordobés una cuota de polémica o algo de romanticismo, tal como se lo vea al dictador cubano, quien prefirió coparles la Cumbre a los organizadores, antes que hablar con la Argentina del caso de la médica Hilda Molina, por ejemplo.
Caras crispadas
La transmisión por TV del plenario de los presidentes fue un gran acierto y las imágenes de caras crispadas, gestos estudiados o aplausos forzados, que siempre ayudan a visualizar los estados de ánimo, resultaron contundentes. Esa mesa en “U”, casi de modo unánime opuesta a las recetas neoliberales de los 90, estuvo llena de una nueva clase de dirigentes nacidos al calor del péndulo, que hizo cambiar de signo a buena parte de los gobiernos de América Latina.
Sin embargo, sus discursos tuvieron poco de sustento ideológico de la izquierda y mucho de un sesgo que podría definirse como progresista-conservador, una definición que al calor del diccionario resulta contradictoria en sus términos, pero que desnuda la raíz populista de buena parte de los actuales presidentes.
Un paneo del actual perfil económico de América Latina deja entrever que casi todos ellos son fieles enamorados de sus superávits, aunque se nota con claridad que se resisten a una distribución que no surja de su propia voluntad, un método que va en línea con cierta vocación de muchos de ellos por eternizarse en el poder, aun a costa de deteriorar las instituciones.
De allí, entonces, la preocupación por saber cuál será el camino que seguirá finalmente la Argentina para insertarse en el mundo, si a través de Castro-Chávez-Morales, donde está la energía que es clave para el crecimiento, o si recurrirá de lleno a la vieja alianza con Brasil que, eventualmente, podría enriquecerse con la seriedad de Chile.
Por otro lado, en Córdoba se escuchó que, cada vez con mayor enjundia, se habla de reflotar con presencia el movimiento de los países “no alineados”. Entre estas ideas nada novedosas y algunas caras y actitudes de ese panel de presidentes, hoy no parece que haya muchos inversores dispuestos a apostar a la región, más allá de algunas fichas fuertes hacia el petróleo y el gas, lo que tiene a la Argentina a los saltos en cuanto a sus propias indefiniciones. (DyN)







