Vox populi

Por Roberto Delgado, prosecretario de Redacción. En la semana en que se acerca a 1.000 días de gestión, Alperovich fue gran protagonista de los debates.

23 Julio 2006
En un reciente encuentro con periodistas en Buenos Aires, el embajador británico en Argentina, John Hughes (ex embajador de Gran Bretaña en Venezuela), preguntó a sus interlocutores sobre el grado de influencia de las organizaciones no gubernamentales en la construcción institucional del país, y sus vínculos con el Gobierno. Le contestaron que las ONG, salvo excepciones, tenían una presencia institucional menor, si se comparaba con la fuerte iniciativa y el impacto popular que tenían los gobiernos nacional y provinciales. Entonces el diplomático lanzó una observación -de la que, evidentemente, había sacado su pregunta-: "yo he notado que en Venezuela las organizaciones civiles están con la oposición; el pueblo está con el Gobierno", dijo. El comentario desató varias opiniones sobre los vínculos de los gobernantes con la población, sobre los bolsones, sobre el clientelismo y sobre las actitudes de los gobiernos en tiempos de bonanza y en épocas flacas. ¿Quiénes interpretan la voz del pueblo?, se preguntaron los periodistas.

Institución vs opositores
Lejos de ese encuentro, esta semana, el gobernador José Alperovich dio a entender claramente que él interpreta esa voz, tanto desde el punto de vista institucional como desde el debate que tiene con las organizaciones y los opositores que se atreven a contradecirlo. "Yo actúo porque recorro la provincia y veo lo que está sucediendo" , dijo el martes, durante el anuncio de tolerancia cero con los delincuentes y ante los comentarios del arzobispo Luis Villalba sobre la inseguridad y la violencia. "Si uno ve los diarios del fin de semana, observa que la oposición lo califica de autoritario y de hegemónico; por lo que yo tengo que agachar la cabeza y seguir trabajando para dar respuesta a los tucumanos", dijo el lunes. "Que (los opositores) vayan a ?La Bombilla?, que le den respuesta a la gente, porque lo que espera el tucumano es que no le mientan más, que no aparezcan 30 días antes de la elección", les advirtió a los críticos, tras afirmar que no iba a nombrar a ningún opositor para no darle protagonismo.
Alperovich también dio su interpretación de lo que debe ser su tarea institucional: "mi obligación pasa por dar trabajo y por seguir haciendo obras", dijo, al negarse a recibir a los abogados ("que los atienda el vicegobernador", sentenció). Y en su pelea por el Consejo Asesor de la Magistratura con los abogados, volvió a definir su propia tarea: "yo seguiré mi lucha -comentó-; para eso soy gobernador; si no, tengo que irme a mi empresa".
También en sus anuncios sobre la operación antidelito definió su rol: "no esperen que este gobernador tenga contemplaciones con los delincuentes, porque eso le está haciendo daño a la sociedad... No pueden decir que este gobernador apaña a quien le hace daño a la sociedad", dijo el jueves.
El discurso del mandatario mostró muy especialmente esta semana su vocación hegemónica. Por un lado, lo hizo desde las acciones, mostrándose seguro y firme. Habló de jugar fuerte, de que la orden que le dio a la Policía fue mano dura, tolerancia cero y que sea implacable con la delincuencia.
Con la misma firmeza encaró el otro tema de la semana: "yo le haré entender al ciudadano común algo sencillo: el político no litiga, sí lo hace el abogado o quien conduce el Colegio de Abogados". Así, bajó al lenguaje llano la cuestión del Consejo de la Magistratura y los abogados, que poco interesa al hombre de la calle porque lo institucional no afecta directamente el quehacer cotidiano de la gente. "No permitiré que los abogados designen jueces. Eso debe entenderlo el ciudadano", sentenció.

La estrategia de la solidaridad
En cambio, cuando se refirió a la droga y a los chicos afectados, y a la nocturnidad, Alperovich usó una variante, que fue no mostrarse omnipotente, sino apelar a la solidaridad de la familia. "Esto no lo puede hacer un gobernador solo"... "los padres tienen que ayudarnos"..."estos problemas no los resuelve sólo un gobernador agarrando a quien tiene la droga... tiene que haber una salida entre todos".
Así reconoció que el tema de menores y drogas era un punto débil en sus 1.000 días de gestión, pero su estrategia hace que la responsabilidad deje de ser suya y se traslade a la sociedad. A la vez que dice que si no se involucran todos, no habrá soluciones, advierte que sabe qué hacer, como hizo con la ley de las 4 de la mañana: "no vamos a volver atrás -definió- porque queremos poner límites a los jóvenes... no quiero perjudicar a nadie; sólo quiero ayudar a los jóvenes". Usó la misma estrategia con otro flanco débil, el manejo confuso del plan alimentario que se envía desde la Nación. "Yo no manejo todo, y estas críticas me ayudan a mejorar", dijo. Lo mismo había hecho el año pasado cuando cayó en medio del escándalo de la polenta su ex secretario Joaquín Ferre, hoy reciclado a otra área del Gobierno.
¿Qué dicen los expertos? Nada. La oposición es "ninguneada", descalificada por interesada, y los especialistas del Gobierno se quedan callados porque no van a contradecirlo. El ministro de Seguridad Ciudadana y el jefe de Policía, tímidamente, tuvieron que aclarar que el anuncio de lucha contra la delincuencia que hizo Alperovich era un plan secreto que ya estaba en práctica desde hace varias semanas. ¿En qué cabeza cabe tener un plan secreto mientras hay marchas en protesta contra la inseguridad? También se había quedado callado el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, cuando Sisto Terán afirmó que a los jueces los habían nombrado "a dedo" en el gobierno de Palito Ortega (pese a que Jiménez fue entonces secretario de Gobierno), ni quiso meterse ahora, cuando Alperovich dijo que los abogados quieren nombrar a parientes en la Justicia. Igualmente, otros funcionarios enmudecieron ante un plan de seguridad que, con sus "infiltrados" en las zonas rojas, recuerda lejanamente al Gran Hermano de George Orwell. Nadie del entorno contradice al jefe.

Ideas fuerza
El discurso de Alperovich se basa en la repetición de ideas fuerza, como la lucha contra las corporaciones y el combate a la corrupción. Incluso mezcla, como un intuitivo sofista, ambas cosas, y las pone como una de sus obligaciones como gobernante. "Las corporaciones no me van a torcer el brazo; porque si no, para qué quiero ser gobernador; mi lucha está en cambiar la provincia en serio. Pero si van a manejarme las corporaciones y va a seguir la corrupción, prefiero irme a mi casa", dice.
Sus palabras son directas y van a la parte sensible de la gente: "mano dura"; "la noche se ha hecho para dormir"; "cuando un hijo se levanta a las 3 de la tarde y tiene los ojos como bolillones, los padres tienen que denunciar, ayudarnos a recuperarlo". Con la fuerza de las palabras tiende a satisfacer los miedos de la sociedad, y así interpreta los deseos de la gente. Los votos lo favorecieron. La sociedad y las instituciones tienen que decir ahora si la llevan de las narices hacia un proyecto personal, o si esa es, en verdad, la voz del pueblo.

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