El cuento de las cuentas que deben ser públicas

Las especulaciones financieras entramparon al Gobierno provincial frente a la Nación, que ahora le reclama un pormenorizado informe sobre cómo gasta y cuánto debe. Por Marcelo Aguaysol - Redacción de LA GACETA

21 Julio 2006
La historia es así: resulta que me puse a hacer números sobre mi economía del primer cuatrimestre y me di con que gasté más de lo que cobré de sueldo durante ese período. Tengo un rojo en mis cuentas, pero no me preocupo; me sirve para ahuyentar a los acreedores y hasta mi padre me puede tirar unos mangos para salir del apuro. Sin embargo, tengo guardado dinero a plazo fijo, con una cifra tan elevada que cubre la deuda y hasta me sobra plata; y no la usaré sino hasta cuando lo crea conveniente; total nadie sabe cuál es el monto ni cuánto rinde el depósito.
Este bien podría ser un razonamiento efectuado en una ronda de café o cuando una familia se sienta a hacer las cuentas hogareñas. Pero, en esta oportunidad, el ejemplo sirve para ilustrar lo que está sucediendo con las cuentas públicas de Tucumán. Al Gobierno le irrita que se hable de récord en las transferencias de recursos nacionales, porque según dicen en la Casa de Gobierno, alientan reclamos salariales y pedidos de incremento de partidas presupuestarias. Pero también le molesta que se mencione que hay déficit cuando las cuentas cierran con rojo que, aunque se trate de saldo de caja, no deja de ser un resultado negativo.
En la primera mitad del año se vio este escenario, con una explosión del gasto que se justificó a través de las millonarias transferencias que el PE realiza a los municipios, con el fin de pagar sueldos y encarar planes de obras públicas. Los aumentos salariales también minaron la evolución de las cuentas provinciales, aunque en este caso, muchos de los funcionarios  sabían, con anticipación, que algo había que darles a los estatales durante este año. ¿Falta de previsión? Quizás pueda pensarse en eso; pero, más bien, el Gobierno especuló con que las subas salariales se negociarían en el último tramo del año. De hecho, en el Ejecutivo hubo alarma ante la convocatoria nacional al Consejo del Salario que desembocará en un incremento del mínimo. Es decir, más gasto corriente y menos inversión pública, como sugirieron los técnicos del Ministerio de Economía en varias oportunidades.
Esta semana se conoció la evaluación del cumplimiento, en 2005, del Régimen de Responsabilidad Fiscal, con buenas y malas noticias para Tucumán. Las buenas señalan que, el año anterior, la provincia pudo cerrar el ejercicio con superávit de $ 118,7 millones y que el crecimiento del gasto fue inferior al aumento del PBI. Sin embargo, Tucumán fue una de las seis provincias que no cumplieron con el indicador que limita el endeudamiento, lo cual representa un toque de alerta frente a las pautas asumidas ante la Nación.
En los hechos, la Provincia seguirá dependiendo de la asistencia financiera nacional para pagar las viejas deudas reestructuradas tras la crisis de fines de 2001 (los PFO) y esperando que la inflación se coma el endeudamiento público.
A ese cuadro se sumaron los desfases financieros en las cuentas públicas provinciales del primer cuatrimestre que, según el Gobierno, son coyunturales. Esto llevó a que los funcionarios que responden a la ministra de Economía, Felisa Miceli, pusieran detenidamente su mirada en la evolución de las cuentas públicas provinciales.
Por esa razón, el Gobierno debió salir a dar explicaciones respecto del saldo de caja negativo, pese a que, en los últimos tres años, se acumularon reservas para atender contingencias financieras en el caso de que  la economía nacional entrara en un proceso recesivo.
Es saludable que el Gobierno tome recaudos para afrontar eventuales crisis. Y esto habla de que algo se aprendió de un pasado teñido por déficits crónicos en las cuentas. Lo que no es bien visto es que el Ejecutivo no informe públicamente qué hace con el ahorro acumulado en el último trienio.
Parafraseando aquel viejo dicho popular, Tucumán no debe ser sólo eficiente en el manejo de las cuentas públicas, sino también parecerlo.








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