- ¿Cómo será su espectáculo?
En Tucumán tocaré temas de todas las épocas; sencillamente porque no estoy presentando nada nuevo. Muchos temas son del último CD, "Extraño conocido", con temas viejos en versiones acústicas que coinciden con el formato que trabajo en soledad. Y siempre hay algo reciente, de unas horas o días.
- ¿La gente sigue pidiendo los clásicos como "Mirta, de regreso"?
Si, a veces los piden y a veces los toco yo, por placer, cuando el show está "ganado". Es como en el fútbol: sólo me permito un lujo cuando siento que gano el partido. No reniego de la historia, sólo que entran temas frescos también.
- ¿La poesía les escapa a los nuevos creadores?
La poética es variable según las épocas, pero ahora hay un simplismo, un miedo atroz a metaforizar: se dice lo que se piensa, sin meditar, sin trabajar mejor la forma. Como si vomitar "verdades" fuese garantía de legitimidad: la mejor poesía tiene adentro ficción, mentira y labor; eso la hará perdurable.
- Hace poco dijo que no es de ningún ambiente; ni del rock, ni del folclore, ni del tango... ¿De qué género se siente hijo?
De la música. Mejor dicho, del cancionero que me permita imaginarme las cosas sin tratar de entender el género. Aunque en mi caso, siempre creí que la música, sin desmerecerla, me sirvió como acompañante de lujo para contar historias. Como género siempre me gustó el tango: nací en un sitio "desfolclorizado", pero "tangueado".
-¿Qué le gusta más: cantar, tocar o componer?
La trilogía me gusta. Y más cuando la he experimentado en escena, en esa impronta que a veces se logra, que es como improvisar jazz con letra: una epifanía, un milagro muy raro.
¿Qué piensa de los trovadores?
Voy a tratar de imaginarme a uno o una que no haya aparecido en la TV. Entonces, diría, que nada está perdido, mientras haya una guitarra y esa tranquila soledad del que necesita andar los caminos, solito con su sentir, sabiendo que está cantando por los otros.
- ¿Qué cosas de la realidad argentina le duelen más?
Saber que nos morimos de hambre con la heladera llena. Y hablo de comida y de espíritu. Nos falta un escalón en la evolución. Unos mandamientos para cumplirlos, pero que salgan naturalmente. Me duele saber que vivimos anestesiados, doloridos y salvados sin hacer nada o poco por el otro. Pero lo que más me duele es que esto, tan terrible, a mí me da letra para mis canciones...







