El código binario desnuda a la política

El verdadero obstáculo que la oposición tendrá el año próximo será su dispersión y la falta de un postulante de fuste para enfrentar con algún éxito al aspirante a la reelección. Por Juan Manuel Asis - Redacción de LA GACETA

19 Julio 2006
La base de funcionamiento del sistema informático es un buen instrumento de análisis para vislumbrar un posible futuro para la actividad política en 2007. Por los movimientos de algunos dirigentes locales y por las disposiciones electorales del nuevo texto constitucional, el código binario -un sistema que usa como cifras exclusivas el 0 (cero) y el 1 (uno) para deducir resultados- es una herramienta eficaz. Algunos sostienen que la política es una ciencia; entonces, nada mejor que aprovechar los elementos que en ese caso la informática nos proporciona para desentrañar sus propios códigos.
Básicamente, todo se reduce a considerar un hecho, o un resultado, como verdadero o falso; hechos a los que se identifica con los números cero y uno. O lo uno o lo otro, sin valores intermedios, sin posibilidades intermedias entre el cero y el uno. En ese régimen está la política local, un sistema compuesto de dos elementos: oficialistas y opositores. O mejor aún: alperovichistas (A) y opositores (O), un sistema binario compuesto por dos letras en lugar de dos cifras. La diferencia entre uno y otro grupo es el primero ya tiene un candidato principal para el año próximo, mientras que el otro aún debe buscar -o consensuar- un postulante de fuste para enfrentar al gobernador.
En el primer caso, todo es más fácil, nadie va a buscar el primer puesto, sino a pelear por los restantes 342 cargos electivos (vicegobernador, 49 legisladores, 19 intendentes, 180 concejales y 93 comisionados rurales). Muchos de los que se alinean o intentan sumarse al grupo “A” son exponentes del más puro pragmatismo político, por no decir profesionales de la supervivencia política. La estrategia es básica, se acercan por dentro o por fuera. Los primeros son los actuales ocupantes de cargos públicos, los que forman parte de la estructura estatal o el aparato político con asiento en el PJ. Los segundos son aquellos que acompañan desde afuera, pero que podrán llevar a José Alperovich como candidato a partir del acople electoral que se institucionalizó en el inciso 12 del artículo 43 de la Carta Magna.
Sin embargo, hay más todavía, están lo que no son peronistas y los que no tienen partido y que también quieren ser parte del grupo “A”, seducidos por la estructura y por los miles de votos que el oficialismo sacó en las últimas elecciones. Deducen que allí pueden pescar algo que tal vez no se les dé en sus partidos de origen, porque creen que esas organizaciones no tienen chances electorales. Esas  organizaciones son las opositoras, las que integran el otro grupo, el “O”, sin cuya existencia no habría un sistema binario.
Los que miran sin atender los fundamentos matemáticos de la informática, pero intuyen por dónde va la política, saben que la polarización es el único remedio eficaz para pelear contra el alperovichismo. Pero esa solución conlleva un problema en sí misma: cómo agrupar con éxito ideologías distintas, personalidades diferentes y a los descontentos de diferentes partidos. Es una sopa de sabor nuevo, e improbable. Este grupo carece por ahora de una figura que aglutine, que pueda ir a la contienda electoral con chances de triunfo.
Los opositores saben donde están parados y reconocen que separados pueden recibir otra paliza en las urnas -Alperovich ya los barrió en octubre de 2005 al sacar las cuatro bancas de diputados en juego- y que juntos pueden contar otra historia. He ahí lo difícil, cómo se juntan y quién cede, cómo se transforman en un elemento de contrapeso al oficialismo, cómo  lograrán que el actual panorama de dispersión política troque por uno de polarización.
Son tantas las dificultades que tiene este grupo por carecer de una figura que los reúna, que algunos han llegado a sugerir el nombre de Fernando Juri como una alternativa. Muchos de los pedidos de partidos opositores y de organizaciones no gubernamentales para que el vicegobernador se plante en contra del proyecto oficialisto para sacar la matrícula al Colegio de Abogados tienen ese sentido. Es una situación debe llamar la atención no por la posible fortaleza política que pueda exponer Juri, sino más bien por la debilidad que expone la oposición al no contar con cartas propias para una partida en la que parece jugar en desventaja.
Faltan 13 meses para los comicios, muy poco tiempo para inventar fórmula apropiadas, y la informática condena a la oposición: hoy por hoy hay que hablar de un sistema binario para la política. En 2007 el resultado hablará básicamente de uno u otro, de A u O; sin valores intermedios.





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