17 Julio 2006 Seguir en 
Son tiempos de conjeturas, hipótesis y análisis para los millones de directores técnicos de fútbol de la Argentina. El tema es uno, pero relevante: quién conducirá en el futuro a la Selección nacional. “Muerto el rey, viva el rey” parece escucharse en las porteñas oficinas de la AFA en calle Viamonte. José Pekerman dejó de ser el entrenador, pero de palabra. Falta que refrende su decisión con una renuncia papeles mediante. Y hasta que ello ocurra -o no-, mucho es lo que se seguirá hablando sobre el asunto.
Incluyendo al propio Pekerman, larga es la lista de candidatos a calzarse el ilustre buzo de DT. Están los que se ofrecieron, tales los casos de Carlos Bilardo, Gabriel Batistuta y Américo Gallego. Diego Maradona manifestó su voluntad de trabajar, aunque luego aclaró que no se trató de una postulación. En tanto, los rumores y versiones alcanzaron a otros nombres y apellidos reconocidos; entre ellos, Jorge Burruchaga, Carlos Bianchi y Miguel Angel Russo. Hasta se especuló con que, antes de un nombramiento, se decidirá un período de interinato, a cargo de Hugo Tocalli. Tanta movida se originó a partir del público anuncio hecho por Pekerman ante la prensa del mundo, minutos después de que el equipo cayó en cuartos de final frente a Alemania en el Mundial. Aunque apeló al término “ciclo terminado” para justificar su decisión, los especialistas futbolísticos entrevieron otras razones: el fracaso de un proyecto -como se toma en un nivel tan alto no llegar al campeonato-; la incomodidad que siempre pareció sentir por la forma como llegó al cargo; el hartazgo por la presión mediática y del ambiente del fútbol.
Cuesta encontrar puntos flojos en la tarea que Pekerman desarrolló al frente del equipo. Quizás el más fuerte se haya puesto de manifiesto en el final, justamente en el choque ante los alemanes, por el planteo poco ambicioso en los momentos propicios del equipo. “Debió animarse más”, se dijo al respecto. Hubo también quienes criticaron su aparente falta de muñeca para manejar las supuestas vanidades de algunos integrantes del plantel. Hasta su bajo perfil fue objeto de comentarios.
En contraposición, quienes están de acuerdo con que Pekerman continúe en el cargo se basan en el concepto de fútbol prolijo y elegante que transmite a sus dirigidos. También en su conocimiento de los jugadores de la nueva generación, la que tendrá protagonismo en los años venideros.
En un fútbol internacional acostumbrado a la dinámica extrema no sólo a nivel clubes, la permanencia de los entrenadores de las selecciones nacionales en sus cargos no siempre está atada a un resultado. Quizás el mayor ejemplo de los últimos días lo haya constituido Marcello Lippi, quien renunció al combinado italiano, al que llevó al título del mundo.
Aunque por el momento no queda claro si la decisión de Pekerman fue exclusivamente por no haber conseguido el objetivo que se trazó, tampoco hay luz sobre si, reunión mediante con Julio Grondona, decidirá continuar en el cargo. Decididamente, el tema ganará en interés en la medida que se vaya acercando el plazo que en las últimas horas se deslizó desde AFA, 15 días, para conocer novedades. En el medio seguirá siendo materia de discusión la frase que quedó en evidencia a partir del flojo nivel de los equipos que jugaron el Mundial, incluido el campeón: si Argentina hubiera animado un poco más, otra habría sido la historia.
Sacando de lado lo temerario que es hablar de lo que pudo ser, no quedan dudas de que mucho influirá en la decisión por el próximo DT la necesidad de robustecer lazos con un fútbol creativo e imaginativo; aquel del equilibrio entre las líneas, alejado de la mezquindad y que haga feliz a la gente.
Incluyendo al propio Pekerman, larga es la lista de candidatos a calzarse el ilustre buzo de DT. Están los que se ofrecieron, tales los casos de Carlos Bilardo, Gabriel Batistuta y Américo Gallego. Diego Maradona manifestó su voluntad de trabajar, aunque luego aclaró que no se trató de una postulación. En tanto, los rumores y versiones alcanzaron a otros nombres y apellidos reconocidos; entre ellos, Jorge Burruchaga, Carlos Bianchi y Miguel Angel Russo. Hasta se especuló con que, antes de un nombramiento, se decidirá un período de interinato, a cargo de Hugo Tocalli. Tanta movida se originó a partir del público anuncio hecho por Pekerman ante la prensa del mundo, minutos después de que el equipo cayó en cuartos de final frente a Alemania en el Mundial. Aunque apeló al término “ciclo terminado” para justificar su decisión, los especialistas futbolísticos entrevieron otras razones: el fracaso de un proyecto -como se toma en un nivel tan alto no llegar al campeonato-; la incomodidad que siempre pareció sentir por la forma como llegó al cargo; el hartazgo por la presión mediática y del ambiente del fútbol.
Cuesta encontrar puntos flojos en la tarea que Pekerman desarrolló al frente del equipo. Quizás el más fuerte se haya puesto de manifiesto en el final, justamente en el choque ante los alemanes, por el planteo poco ambicioso en los momentos propicios del equipo. “Debió animarse más”, se dijo al respecto. Hubo también quienes criticaron su aparente falta de muñeca para manejar las supuestas vanidades de algunos integrantes del plantel. Hasta su bajo perfil fue objeto de comentarios.
En contraposición, quienes están de acuerdo con que Pekerman continúe en el cargo se basan en el concepto de fútbol prolijo y elegante que transmite a sus dirigidos. También en su conocimiento de los jugadores de la nueva generación, la que tendrá protagonismo en los años venideros.
En un fútbol internacional acostumbrado a la dinámica extrema no sólo a nivel clubes, la permanencia de los entrenadores de las selecciones nacionales en sus cargos no siempre está atada a un resultado. Quizás el mayor ejemplo de los últimos días lo haya constituido Marcello Lippi, quien renunció al combinado italiano, al que llevó al título del mundo.
Aunque por el momento no queda claro si la decisión de Pekerman fue exclusivamente por no haber conseguido el objetivo que se trazó, tampoco hay luz sobre si, reunión mediante con Julio Grondona, decidirá continuar en el cargo. Decididamente, el tema ganará en interés en la medida que se vaya acercando el plazo que en las últimas horas se deslizó desde AFA, 15 días, para conocer novedades. En el medio seguirá siendo materia de discusión la frase que quedó en evidencia a partir del flojo nivel de los equipos que jugaron el Mundial, incluido el campeón: si Argentina hubiera animado un poco más, otra habría sido la historia.
Sacando de lado lo temerario que es hablar de lo que pudo ser, no quedan dudas de que mucho influirá en la decisión por el próximo DT la necesidad de robustecer lazos con un fútbol creativo e imaginativo; aquel del equilibrio entre las líneas, alejado de la mezquindad y que haga feliz a la gente.







