Otro intento para sacar a Baseotto

Por Guillermo Villarreal, columnista de la agencia DYN. El Gobierno quiere pedir la mediación del número tres del Vaticano, el argentino Sandri, para el caso del obispo castrense.

16 Julio 2006
BUENOS AIRES.- El Gobierno nacional intentará aprovechar una visita del número tres del Vaticano, el arzobispo argentino Leonardo Sandri, para reiterar el reclamo de remoción del obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, quien insiste en permanecer en el cargo hasta abril de 2007 cuando renuncie por alcanzar el límite de edad canónica.
La misión es contactar al virtual “ministro del Interior” de Benedicto XVI, que llega al país en viaje personal, para solicitarle que apure la salida del prelado militar, a quien el presidente Néstor Kirchner desconoció su autoridad en marzo de 2005.
En despachos gubernamentales dejaron trascender que el objetivo es conseguir que Baseotto no siga ni un minuto más en el puesto, sobre todo después de recientes homilías que fueron consideradas una provocación. Se entendió que estas reivindicaron el terrorismo de Estado de la última dictadura militar.
A pesar de las gestiones para forzar una reunión, fuentes eclesiásticas estimaron poco probable que monseñor Sandri vea a algún funcionario kirchnerista. En un principio se especuló que podría ser el secretario de Culto, Guillermo Oliveri. Un laico allegado al religioso dijo que este no tiene ninguna audiencia agendada y que estará en la Argentina por cuestiones familiares.
Desde que el prelado militar utilizó una alegoría evangélica -que habla de tirar al mar a quienes escandalicen a los niños- para criticar el reparto de preservativos por parte de la cartera sanitaria a cargo de Ginés González García, la idea de echar a Baseotto se convirtió casi en obsesión para la Casa Rosada.
Hombres del entorno presidencial abrigan esperanzas de que el cambio de Tarcisio Bertone por Angelo Sodano en la Secretaría de Estado del Vaticano, a concretarse en setiembre, precipite el nombramiento de un nuevo obispo castrense.
El Gobierno nacional le quitó, por decreto, los recursos económicos de los que disponía Baseotto ya que no podía restringir sus tareas pastorales, decisión que sólo puede tomar el Papa que lo designa. Tras la frustrada oferta para redactar un nuevo Concordato, distinto al vigente desde 1957, bajo el pretexto de que se trataba de un instrumento ambiguo, la administración de Kirchner rechazó -en setiembre del año pasado- el ofrecimiento del Vaticano de nombrar un obispo coadjutor con derecho a suceder a Baseotto cuando este renuncie.
Primó entonces la negativa de la senadora Cristina de Kirchner, que opinó que el caso exigía tener un obispo con plenas facultades, y no sólo uno que acompañe hasta que Baseotto dimita.
La legisladora contrapropuso, aunque sin éxito, utilizar la fórmula “coadjutor con derecho a sucesión y gobierno de la diócesis”, la misma que en 1967 aplicó Pablo VI cuando nombró a Juan Carlos Aramburu para suplir a Antonio Caggiano en Buenos Aires, sede eclesiástica que recién asumió en 1975 aunque ya gobernaba formalmente.
A más de un año y sin poder cerrar el caso que produjo fricciones con la Iglesia local, el Ministerio de Defensa suma ahora un proyecto para permitir que pastores evangélicos y rabinos tengan las mismas oportunidades que los sacerdotes católicos de asistir espiritualmente a los militares en los cuarteles.
La iniciativa, que tiene el visto bueno del Episcopado, busca evitar el cierre definitivo de la diócesis militar como aspira la administración K.
Mientras no haya una definición acordada, Baseotto sigue siendo obispo castrense para la Iglesia y ejerce tareas pastorales, algunas que irritan al primer mandatario. (DyN)

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