La falta de educación cívica es alarmante

Esta pasión por la transgresión refleja una carencia de conocimientos que preocupa.

16 Julio 2006
Violar, quebrantar un precepto, ley o estatuto es el significado de transgredir. Mientras que desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, o enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía significa educar. Los tucumanos, ciertamente, tenemos predilección por las transgresiones; un fiel reflejo de ello es el desorden en que vivimos diariamente. Este quebrantamiento casi constante de las leyes se vuelve en varios aspectos de la realidad en contra de nosotros mismos e incluso nos conduce a la muerte, como sucede, por ejemplo, como consecuencia del incremento de los accidentes automovilísticos en calles y rutas.
Días pasados, el titular de la Dirección Provincial de Emergencias señalaba que los índices de accidentes del primer trimestre de 2006, sólo en la capital de la provincia, se incrementaron un 44 % respecto del año pasado. De esos accidentes, el 27 % se produjo en esquinas donde había semáforos. El índice alarma a los expertos en seguridad vial. Por otro lado, en lo que va del año hubo un incremento del 20 % en los choques ocurridos en la ruta 9, lo cual impulsó a la empresa concesionaria de la carretera a iniciar una fuerte campaña de concientización. En la encuesta realizada en el puesto fronterizo Molle Yaco, en Trancas, se detectó que la gran mayoría de los automovilistas no respetaba las normas básicas de seguridad. El 90% de los ocupantes de los 2.000 vehículos que fueron inspeccionados no llevaba cinturón de seguridad. Casi la totalidad de los vehículos circulaba sin llevar las luces bajas encendidas, como lo exige la Ley Nacional de Tránsito, y se observó que muchos niños viajaban en los asientos delanteros, lo que también está prohibido. El informe señaló que uno de los grandes riesgos que se presentan en el tramo de la ruta 9 que atraviesa Tucumán es la heterogeneidad del tránsito, lo que muchas veces invita a romper las reglas: rastras cañeras y otros vehículos muy lentos comparten la ruta con autos sumamente veloces; los rodados de gran porte no respetan las velocidades máximas permitidas.
Pero no sólo en las rutas reinan las transgresiones. Hace seis meses se instalaron en la ciudad 73 complejos semaforizados, con la idea de reordenar el tránsito. Un funcionario municipal dijo que se mejoró considerablemente con el nuevo sistema, pero señaló que uno de los problemas que persisten y que atentan contra el funcionamiento armónico, es que peatones y conductores carecen, en general, de educación vial. A ello se suma que la gran cantidad de vendedores ubicados en el microcentro entorpece la circulación normal. Vehículos que invaden la senda peatonal; peatones que cruzan la calle en cualquier parte; ciclistas y motociclistas que no respetan ninguna norma; autos que pasan en rojo; ciudadanos que caminan por las calles porque las veredas son estrechas y largos mesones de vendedores dificultan el paso en las horas pico... Muchos turistas han destacado la calidez de los tucumanos, pero han señalado con preocupación varias de las falencias enumeradas, especialmente nuestra inclinación por vivir en la suciedad.
Esta pasión por la transgresión refleja una falta de educación alarmante. La falla no está en los sistemas o en las tecnologías ni en la ausencia de normas, sino en su incumplimiento y en la falta de aplicación de multas ejemplificadoras. Pero el principal escollo somos nosotros mismos porque no nos respetamos. Es necesario volver a enseñar en la escuela primaria los principios básicos de la convivencia para que las nuevas generaciones puedan impulsar un cambio que los adultos hasta ahora no hemos podido lograr.

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