Señores contribuyentes, abróchense el cinturón

La voracidad fiscal quedó al desnudo con el pedido que la conductora de Economía de la Nación les hizo a las provincias. ¿La rebaja impositiva? Bien, gracias. Por Marcelo Aguaysol - Redacción de LA GACETA

14 Julio 2006
El esfuerzo recaudatorio, proclamado ayer por la ministra de Economía, Felisa Miceli, ante sus pares de las provincias es una clara muestra -y van...- de que el Estado federal no está dispuesto a poner en riesgo el superávit fiscal. Seguramente, ese esfuerzo lo harán todos y cada uno de los contribuyentes, desde el que paga el mínimo por el impuesto Inmobiliario hasta la gran empresa exportadora.
La titular de Economía bajó línea a los distritos que se adhirieron al Régimen de Responsabilidad Fiscal, aprobando las ejecuciones presupuestarias de 2005, un trámite por la performance de la mayoría de las jurisdicciones argentinas que aprovecharon el tercer año de bonanza fiscal. También se aprobó la ejecución del primer trimestre de este año. Los problemas fiscales para los gobernadores se agudizaron después de marzo, ya que la mayoría tuvo que hacer frente a los aumentos salariales. Así, el gasto público creció a mayor ritmo que los ingresos. De allí el pedido de esfuerzo recaudatorio.
Si esa premisa es acompañada por un verdadero y no declamado ajuste en los gastos superfluos del Estado, el que contribuye observará que habrá un esfuerzo compartido y que la plata no se derrocha en pomposos actos políticos, ni en bienes suntuarios que atiendan sólo los caprichos de los gobernantes y no las necesidades del conjunto de la población. El resultado superavitario en las cuentas no está en riesgo, aunque -por la tentación a gastar más y más- es probable que sea inferior respecto de lo pautado originalmente. De todos modos, Miceli reclamó ayer hacer caja, es decir guardar dinero. ¿Por qué? 2007 es un año electoral y hay que continuar al frente del poder, cueste lo que cueste.

Reuniones reservadas
En el encuentro realizado ayer en el Palacio de Hacienda se acordó no sólo aprobar los informes fiscales de las 21 provincias adheridas a la Ley de Responsabilidad Fiscal. También se selló un pacto de silencio para no difundir cuáles son los distritos con problemas para cerrar el presente ejercicio con superávit. Ese debate en el seno del Consejo de Responsabilidad Fiscal fue tan reservado como la visita que ayer hizo un alto funcionario de la AFIP a Tucumán. El propósito del “sabueso” fue avanzar con el intercambio de información fiscal. Se sabe que el organismo nacional está muy interesado en contar con la base de datos del relevamiento catastral que proporciona datos finos de las 360.000 parcelas rurales y urbanas de la provincia.
 El gobernador José Alperovich ordenó a sus funcionarios la “máxima colaboración” para con el enviado de Alberto Abad, el titular de la AFIP. Además de los datos catastrales, que le permitirán al organismo aplicar reajustes en Bienes Personales y en Ganancias, el Gobierno le proporcionará datos sobre las 3.000 sociedades inscriptas en Personas Jurídicas. En este caso, la intención es analizar detenidamente el capital declarado por cada una de esas sociedades y el movimiento patrimonial que registran.  
El año que viene, además de ser electoral, también se convertirá en el período del revalúo, en particular para las 70.000 parcelas rurales existentes en Tucumán. La boleta del impuesto Inmobiliario registrará profundos reajustes para los propietarios de campos, cuyos valores fiscales están deprimidos desde hace 20 años, según la Dirección de Catastro.
En lo que hace a las propiedades urbanas, en el Gobierno evalúan que la mitad de las 280.000 existentes seguirán, por ahora, pagando el mínimo, ya que no registran grandes mejoras. Sin embargo, para el resto ya se están actualizando los valores y es posible que en 2007 la factura llegue con un 20% o un 30% de aumento respecto de lo que se paga durante este año.
La voracidad fiscal del Estado hace perder de vista un viejo reclamo de distintos sectores de la sociedad: la reducción en la carga impositiva. Lo malo de esto es que el Gobierno está desaprovechando la bonanza fiscal para discutir una verdadera reforma tributaria.










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