No hay transversalidad que no sea verticalista

El Presidente instó a la concertación, pero más pareció un llamado para que la oposición se encolumne detrás de él o de su esposa. Un estilo que tiene su réplica local. Por Federico Abel - Redacción LA GACETA.

12 Julio 2006
Después de haber escuchado al Presidente el domingo, durante su visita por la celebración del 9 de Julio, ya no está tan claro que pueda exigírsele, con algún grado de realismo, un lenguaje institucional sobrio al gobernador José Alperovich.
Néstor Kirchner parece tener nostalgias de las peñas universitarias en las que, por medio de palabras descalibradas, generalmente dichas al amanecer, se puede hasta tomar por asalto el planeta Marte y después irse a dormir tranquilo. Utilizó el Día de la Independencia, supuestamente en el que se recuerda la primera manifestación de unidad colectiva, para dividir.
Cual si fuera un señorito unitario, reprochó a la prensa porteña -tal vez la única que lee y que le importa, pese a ser un hombre de provincia- por no haber titulado las primeras planas de ese día como a él le hubiera gustado. Y luego, sin nombrarlo, continuó con su obsesión: fiscalizar al diario “La Nación”. Este, para colmo, dos días antes había osado advertir sobre la grave situación generada en Tucumán como consecuencia de la reforma y de la catarata de cuestionamientos judiciales que recibió la nueva Constitución.
En esta materia (vínculo con la prensa) sí que Kirchner es un peronista ortodoxo, nada transversal. Por su encarnizamiento, recuerda al primer Juan Domingo Perón, el que identificaba a “La Prensa” y a la propia “La Nación” con la contra y con los vendepatrias. El kirchnerismo es coherente con esta tradición hasta en los gestos. En su crónica de los actos del domingo, el enviado especial de “La Nación” escribió que los ministros y funcionarios, al mismo tiempo que el jefe de Estado embestía contra el matutino porteño, lo señalaban, como para que quedara bien claro a qué medio se refería. O sea.
Aunque agresiva y de mal gusto, se hubiera tratado de una simple estudiantina si no fuera porque sus autores son personas mayores -muchas de ellas hasta con bigotes- que, por su responsabilidad pública, son los principales encargados de hacer cumplir la Constitución nacional, que garantiza irrestrictamente la libertad de prensa.

Neologismo peronista
Resulta curioso y casi una broma. Fueron a la Casa Histórica casi de compromiso (el homenaje a los próceres de 1816 no demandó ni 10 minutos). Llenaron la plaza a sabiendas de que, en el día de todos, iban a concretar el mitin de una fracción política de la sociedad, muy importante, pero fracción al fin. Definieron a los enemigos -incluida la prensa- del supuesto proyecto independentista en marcha en el orden nacional y de transformación de Tucumán -gracias a Kirchner, obviamente, según aclaró en todo momento un inusualmente condescendiente Alperovich-. Y, sin embargo, el Presidente instó a la concertación plural. Detrás de él -o de su señora- se supone que habrá querido decir.
Más que a la concertación son llamados al encolumnamiento -valga el neologismo tan verticalmente peronista-, porque el que no se suma, el que se opone al otorgamiento de superpoderes en la Capital Federal o el que en Tucumán intenta cuestionar cómo fue diseñado el Consejo Asesor del Poder Político para la Magistratura (sería más adecuado llamarlo así), corre el peligro de terminar siendo ubicado en la contra, o como haciendo oposición, o acusado de poner palos en la rueda. ¿Para qué si es mejor que todo sea un gaseoso y homogéneo oficialismo? Lo dicen los dos de una manera llamativamente parecida. Kirchner, allá -o en todas partes-, y Alperovich, aquí.
Alperovich, por ejemplo, cada vez que la Justicia, en su estricto carácter de última intérprete de la Constitución y las leyes, emite temporariamente un fallo contrario a sus intereses, se pone casi en víctima y repite lo mismo: “sólo quiero que me fijen reglas claras y que me dejen trabajar tranquilo”. Obvio, de eso trata la judicatura: de llevar certeza adonde, precisamente, no la hay. Pero, por debajo, sus operadores amenazan con que paralizarán el convenio con la Nación, que posibilita que los jueces puedan jubilarse con el 82% móvil, hasta que no salga una sentencia de alguna manera favorable al Poder Ejecutivo, pese a que una reciente resolución de la Justicia Federal de la Seguridad Social ya dio por cerrado y firme el acuerdo previsional.
Lo mismo hace Kirchner. Se jacta de estar construyendo una Justicia independiente en todo el país. Pero su representante en el Consejo de la Magistratura de la Nación (Joaquín da Rocha) parece haber sucumbido a las presiones de los radicales santiagueños interesados en la concertación plural -que fueron más fuertes que las de algunos tucumanos-, para que Alicia Noli desistiera de ocupar, de forma subrogante, el juzgado federal de la vecina provincia, que finalmente recayó en un hombre próximo al gobernador Gerardo Zamora (apoya transversalmente a Kirchner). ¿Será este el nuevo tiempo sobre el que pontifica el Presidente?




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