¿Cambiará el mundo con tacones en el poder?

Las mujeres van camino a la cumbre. Felisa Miceli, Nilda Garré, Michelle Bachelet, Angela Merkel y Hillary Clinton marcan una tendencia.

11 Julio 2006
Soplan vientos de cambio en la región y en el mundo. La socialista Michelle Bachelet, presidente por la Concertación, sucedió a Ricardo Lagos en Chile; la conservadora Angela Merkel es la nueva jefa de gobierno en Alemania y una de las líderes femeninas más poderosas del mundo. Y Hillary Clinton tiene chances de ser la candidata demócrata para las elecciones presidenciales en Estados Unidos, donde como secretaria de Estado, Condoleezza Rice, tuvo brillo propio en el corazón de la administración Bush.

Las mujeres van camino a la cumbre, y en la Argentina, el dato más novedoso es la llegada de la mujer al núcleo duro del poder. Así lo indican las designaciones de Felisa Miceli en el ministerio de Economía y de Nilda Garré en el manejo de las relaciones con los militares. Por primera vez estas áreas, territorio exclusivo del mando varonil, tendrán ahora jefas de tacones y tailleur.

Pero, ¿qué significado tienen estos cambios para la política? ¿Son estas designaciones reflejo de trayectorias individuales o implican un avance genuino y sostenido en la situación de la mujer? ¿Existe un liderazgo femenino, una mirada particular y más sensible de la gestión?

Y sobre todo, ¿cambiará en algo el mundo con más mujeres en el poder?

Diana Maffía, investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad de Buenos Aires, arriesga una primera aproximación: "Muchas mujeres tienen una manera de ejercer la acumulación de un poder que es para ellas, pero no lo transfieren a nadie más. No representan a otras mujeres; no quieren ser vistas como representantes del género femenino". Cristina Kirchner es, según esta doctora en filosofía que también dirige el instituto Hanna Arendt, un ejemplo de esta categoría, digamos masculina, de liderazgo.

En resumen, según sostiene, hay algunas dirigentes que llegan al poder "para que nada cambie" y otras que llegan "solamente para cambiar ellas". Un juego de palabras que, sin embargo, tiene su sentido en el dilema de la calidad y la cantidad. ¿Importa sólo la cantidad de mujeres o tienen más peso los atributos del liderazgo?

Dora Barranco dirige el Instituto de Estudios de Género en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y está convencida de que las designaciones de ministras en áreas duras tiene un fuerte "significado simbólico" y opera sobre la subjetividad femenina porque modifica la forma en que las mujeres se ven a sí mismas. "Si una llegó, yo también puedo", es el mensaje emitido desde la cima.

Una encuesta reciente de la consultora Graciela Römer exploró el universo femenino y sus expectativas en la política. El sondeo reveló que la mayoría de las consultadas se visualiza en segundas líneas, más bien como asesoras que como protagonistas de un cargo ejecutivo. Un ejemplo: sólo un 9 % de las mujeres cree que podría aspirar a un ministerio.

Con la ayuda del doctor Freud y del sentido común, hoy sabemos que resulta arduo aspirar a un lugar -y mucho más, acceder a él- para el que no tenemos un permiso interior.

Con todo, Felisa Miceli, Nilda Garré, Michelle Bachelet, Angela Merkel o Hillary Clinton bien pueden ser los espejos en los que cada vez más mujeres elijan mirarse. Como dice Barranco: "Si una llegó, yo también puedo", es el mensaje emitido desde la cima. (NOA Agencia de Noticias).

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