09 Julio 2006 Seguir en 
"La absoluta independencia de España y de sus Reyes será fundamento y objeto principal sobre el que se afiance el pedestal de nuestra Libertad", expresaba, terminantemente, una de las instrucciones que los diputados tucumanos al Congreso recibieron del pueblo a través de sus representantes. Consignamos esas pautas, con algún comentario.
1) La religión Santa Católica, Apostólica y Romana será la única sola de la América del Sud.
El culto ferviente y la fe cristiana de nuestros representantes inspiraron todos sus actos. Asimismo, es de señalar que la mayoría de los congresales son sacerdotes, animados de profundas convicciones patrióticas y respaldados por los pueblos que los eligieron.
2) La absoluta independencia de España y de sus Reyes será el fundamento y objeto principal sobre el que se afiance el pedestal de nuestra Libertad bajo los auspicios y protección de Nación extranjera, a cuyo efecto se solicitará una alianza estable, fiel y permanente sujeta a los tratados.
Había llegado el momento de declarar en forma total la Independencia y así lo comprendieron los vecinos de Tucumán, dando este mandato precedente a nuestros diputados.
3) Los diputados pedirán que el Congreso Soberano se declare el Tribunal Supremo de la Nación y que el Gobierno no deba tener intervención alguna en sus soberanas deliberaciones, para que así los individuos que lo integran obren con el interés y perfecta libertad que les corresponde.
Por este temperamento -que fue de inmediato aprobado por el Congreso- se tuvo la previsión de impedir la injerencia directa del Directorio de Buenos Aires y que en consecuencia los diputados tengan absoluta libertad de pensamiento y acción.
4) Siendo los objetos de un buen Gobierno muchos y grandes, se deja el que se deba adoptar a la prudencia e ilustración de los señores diputados, y decisión del Soberano Congreso, para comunicar aquellos, con el bien general de las Provincias y en particular de esta, en cuanto toca a su industria, comercio y demás particulares de su felicidad y adelantamiento.
En este aspecto se dejó en libertad de criterio a los diputados tucumanos, supeditados únicamente al bien general.
5) Elevados los Señores diputados a la altura de su noble ministerio y elevada la patria a su brillante destino, saldrán entonces las grandes medidas, la energía y la fortuna; y pedirán los nuestros que la Constitución que se sancione: sea adaptable a nuestra situación local y política; a la índole y habitudes de los ciudadanos; que aliente la timidez de unos; que se contenga la ambición de otros; que acabe con la vanidad inoportuna; que ataje pretensiones atrevidas; destruya pasiones insensatas y dé en fin a los pueblos la Carta de sus derechos y al Gobierno la de sus obligaciones.
Estas instrucciones fueron impartidas con mucha cautela, dada la importancia del punto, y esperamos que el Congreso adopte la forma de gobierno que corresponda, sin caer en los extremismos y consultando los sagrados intereses del país.
6) Queda el Pueblo y su campaña facultada para retirar sus poderes a sus representantes con causa legítima vista y juzgada por una comisión de diputados que se nombrase para el efecto y confirmación del soberano Congreso.
Nuestras autoridades entendieron que el imperativo mandato a los diputados emanaba del pueblo al cual no se podía defraudar, sin caer en la pérdida del poder dado, pero con la aprobación del Congreso, juez de sus propios miembros.
7) Se invitará a la Banda Oriental y Provincia de Asunción del Paraguay para que concurran por medio de sus Diputados a tener parte en este Congreso si lo hallan por conveniente no debiendo su negativa embarazar los progresos de nuestra legislación y su observancia.
Lógico criterio, si se tiene en cuenta que dichos estados forman parte de las Provincias Unidas, aunque ahora sojuzgadas por Artigas en la parte oriental. Su no concurrencia no debía interpretarse como algo definitivo, pero tampoco un obstáculo para seguir adelante con el Congreso y su cometido.
8) No pudiendo nuestra Constitución hallarse entre los enemigos peninsulares sin el riesgo de ser atacada, pedirán nuestros diputados su exclusión total a menos que decididamente se declaren a favor de la causa de América.
9) En todo caso que las circunstancias y necesidades del Estado exijan para su remedio y atenciones de la presente guerra imponer contribuciones forzosas antes de ponerse en execución el art. anterior, serán los españoles europeos que no tengan carta de ciudadanía los primeros en sufrirla de sus bienes sin que pueda eximirlos, motivo, causa ni pretexto alguno.
Los dos artículos precedentes dan la pauta del rigor con que deben ser tratados los españoles, que en estos tiempos representan un peligro constante a la causa patriota, por lo cual las previsiones serán pocas. Ya lo vimos con los empréstitos forzosos que se realizaron.
10) Cuidarán asimismo de prevenir todos los medios y arbitrios posibles que no toquen en odiosos, para engrosar los fondos nacionales y su buena administración.
11) Será reconocida y jurada por los gobiernos superiores y subalternos tribunales oficinas y tropa la Magestad de la Patria en el Soberano Congreso y obedecidas sus decisiones.
Todos debían supeditarse a la ley y a la Patria, representada en el Soberano Congreso, jurándola y obedeciéndola.
12) Que las sesiones del Soberano Congreso sean públicas y altas del modo digno de un pueblo virtuoso y libre a menos que una urgente necesidad por la salvación del País exija hacer algunas sesiones secretas.
Una demostración cabal del espíritu democrático que debe imperar en este Congreso, hizo que se realicen hasta ahora las sesiones en forma pública, lo que posibilitó la asistencia de una concurrencia numerosa.
13) Siendo la justicia el alma de toda felicidad y sostén del Cuerpo Social tendrán muy presentes nuestros diputados que el mayor crimen delante de la Patria y de su pueblo será mezclarse en deliberaciones facciosas y partidarias que solo producen males; y en tal caso cualesquier resolución que tomen de acuerdo con la facción caerá en nula y sin efecto a menos que de ella reconocidamente se advierta el interés del bien general. La experiencia de los años anteriores y la época turbulenta que estamos viviendo, hace tomar todos los recaudos necesarios para evitar el caudillismo o la demagogia que harían fracasar la pureza de este Congreso que nos acaba de dar la Independencia.
14) Los representantes tucumanos debían mantenerse alejados de toda actuación que significara embanderarse en facciones partidarias.
El 17 establecía: "Que a fin de economizar en lo posible el erario público al menos durante la guerra pedirán nuestros diputados se sumen los empleos civiles y políticos quedando tan solo en ejercicio y con las dotaciones correspondientes a su rango".
Serio desorden en una pulpería de la ciudad
El problema de la recaudación para atender el servicio de iluminación de nuestra ciudad ha tenido una desagradable derivación. Se produjo un desorden de proporciones en la pulpería de don Diego Bazán, vecino caracterizado de Tucumán Este considera que fue injuriado y, por lo tanto, procedió a entablar un juicio civil y criminal por injurias, ante el alcalde de primer voto, contra Pedro Almada, encargado de la iluminación con faroles.
Al parecer, Almada se había presentado primero en la esquina de la pulpería de Pablo González, jujeño emigrado, que tiene su negocio frente a la pulpería de don Diego.
Allí Almada cobró dos reales por iluminación y otro por aseo de los faroles. Luego cruzó hacia el negocio del señor Bazán para cobrarle los tres reales por idénticos conceptos.
Entonces don Diego le dijo que no pagaría porque sabía que a este dinero se le daba otro destino y que, por otra parte, el farol de la esquina era mantenido desde hacía tiempo por él.
Sin embargo -expresó don Diego en dicha oportunidad- si ciudadanos tan caracterizados como lo son, por ejemplo, don José Manuel Terán y don Pedro Velarde pagan sin objetar, también lo haré yo.
El motivo
Este fue el motivo para que se suscitara a continuación un cambio de palabras, que poco a poco fue subiendo de tono, hasta llamar la atención del vecindario. Don Diego expresó que Almada llegó a "ultrajar mi persona y vulnerar altamente mi honor". Almada le amenazó que si no pagaba lo haría conducir a la cárcel con las nalgas desnudas, y le dijo que era un pícaro mulato y ladrón público.
Don Diego, en su presentación, destaca ser un hombre de bien y provenir de honrada cuna jamás desmentida. El juicio sigue ahora su curso y seguramente ha de concluir con el encarcelamiento de Almada y no precisamente de don Diego.
Sangrienta pelea en el caserío de Ibatín
Una feroz pelea entre sujetos de malos antecedentes conmovió al vecindario del Pueblo Viejo, en el Ibatín. Los contrincantes resultaron heridos con el mismo puñal, y uno de ellos murió a los pocos días en El Totoral, jurisdicción de Catamarca, hasta donde se había trasladado. Así, el hecho se convirtió en homicidio por lo cual el alcalde de primer voto ordenó se investigue, y se promueva el juicio correspondiente contra el autor del crimen, que ya antes había cometido varios delitos.
El alcalde de primer voto libró oficio para ello a don Miguel Peñalba, alcalde de la Hermandad en el partido del Río Chico, quien se constituyó en el paraje del mismo nombre e inició las indagaciones correspondientes tomando declaración a testigos presenciales. Aunque dichas declaraciones hasta ahora no son del todo coincidentes en los detalles, permite hacer una reconstrucción de los hechos que rodearon el sangriento episodio.
De un testigo
Uno de los testigos, Martín Brizuela, vecino de Pueblo Viejo, declaró que conocía a Alonso Concha, también vecino del pueblo y autor del crimen. Dijo que Concha solía dedicarse a pequeños sembraditos con lo que vivía y que algunas veces robó animales a los vecinos. Supo Brizuela que Concha estuvo preso en la Alcaldía de don José Ignacio Sierra por una puñalada que le dio a Luis Pacheco y que ignora del modo que la dio, ni por qué, y que sólo oyó decir que Pacheco lo había exigido.
Asimismo, el declarante expresó que sabía que Concha mató a Marcos Figueroa -el crimen que ahora se investiga- en la higuera de Gregoria Orellana. Llegaron a esa casa, a caballo, Concha y Figueroa. Pararon bajo la higuera y Concha comenzó a comer higos. Figueroa pidió permiso a Orellana, quien le denegó; entonces Concha le ofreció de los suyos y al mismo tiempo Figueroa le tiró una puñalada pegándole en la boca. Se bajaron de sus cabalgaduras y se pusieron a pelear. Los presentes -dijo Brizuela- consiguieron finalmente que Concha lo deje a Figueroa que ya estaba herido. Concha le había arrebatado el mismo puñal a su contrincante, sin llegar a usar su cuchillo aunque ya se lo había sacado de la cintura. El testigo dijo por último que a los muchos días que se fue Figueroa a El Totoral, jurisdicción de Catamarca, supo que había muerto de la herida inferida por Concha.
Por un higo
Por su parte, Feliciano Sánchez, del Pueblo Viejo, declaró que Figueroa llegó a la higuera, pidió permiso a la Orellana, ésta le franqueó la entrada, pero luego la insultó. Entonces la mujer se enojó y le denegó el permiso que antes le había dado. Figueroa entró igual, y llegó hasta la higuera donde Concha estaba comiendo. Este le alcanzó algunos de los que había juntado y como se le cayera uno a Figueroa, Concha se lo levantó y fue el motivo suficiente para que Figueroa sacara su puñal y le pegara en la boca. Luego se trenzaron en lucha y Concha lo hirió con el mismo puñal.
En cuanto al otro incidente con Luis Pacheco, el declarante narró que estaban jugando a las tabas. Pacheco le había ganado todas las prendas a Concha, quien luego le ganó a aquél un freno. Pero Pacheco no se lo quiso entregar, aduciendo que Concha le debía 4 reales. Entonces pelearon y Pacheco resultó con una herida de puñal en la muñeca.
"¡Tomá higos!"
En cambio, Francisco Pacheco, natural de Catamarca y vecino de la Puerta de Marapa, otro de los declarantes, dijo que luego que llegaron Concha y Figueroa, montaron a caballo y Concha comenzó a cortar higos y conversaban en armonía. Concha le ofreció, pero Figueroa respondió que los higos le hacían daño y le dio las gracias, Concha insistió y Figueroa enfurecido le respondió: "tomá higos", y le asestó una puñalada en la boca, Figueroa se retiraba del lugar y fue alcanzado por Concha, comenzando la pelea que culminó con los resultados conocidos.
Durmió la siesta
La última declaración que tomó el alcalde fue a la propia dueña de casa, Gregoria Orellana, quien solía cobrar a los vecinos que querían comer higos. La mujer afirmó que Concha ya estaba comiendo cuando Figueroa llegó algo ebrio y que desde que hizo su aparición comenzó a probarlo a Concha. Pero éste no le hacía caso y Figueroa se echó a dormir la siesta. Después se levantó y le pidió a la dueña de casa que le vendiera medio real de higos, a lo que accedió. Figueroa se dirigió a la higuera, donde Concha le ofreció dos higos. Uno recibió y al otro lo tiró. Concha le reciminó preguntándole por qué y Figueroa le respondió que porque era un traicionero, e inmediatamente le tiró la puñalada a la boca. Concha y Figueroa se bajaron de los caballos. Concha se armó de piedras, pero Figueroa guardó el puñal y momentáneamente terminó la pelea. Al rato, Concha lo alcanzó a Figueroa y se trabaron en pelea en la que el último quedó herido. Hubo que separarlos, puntualizó la Orellana. "Yo quise curar a Figueroa -expresó la mujer- pero éste ni siquiera permitió que le viéramos la herida". Se fue a la casa de José Romero, donde lo atendieron, y a los tres o cuatro días se trasladó a Catamarca, donde murió.
1) La religión Santa Católica, Apostólica y Romana será la única sola de la América del Sud.
El culto ferviente y la fe cristiana de nuestros representantes inspiraron todos sus actos. Asimismo, es de señalar que la mayoría de los congresales son sacerdotes, animados de profundas convicciones patrióticas y respaldados por los pueblos que los eligieron.
2) La absoluta independencia de España y de sus Reyes será el fundamento y objeto principal sobre el que se afiance el pedestal de nuestra Libertad bajo los auspicios y protección de Nación extranjera, a cuyo efecto se solicitará una alianza estable, fiel y permanente sujeta a los tratados.
Había llegado el momento de declarar en forma total la Independencia y así lo comprendieron los vecinos de Tucumán, dando este mandato precedente a nuestros diputados.
3) Los diputados pedirán que el Congreso Soberano se declare el Tribunal Supremo de la Nación y que el Gobierno no deba tener intervención alguna en sus soberanas deliberaciones, para que así los individuos que lo integran obren con el interés y perfecta libertad que les corresponde.
Por este temperamento -que fue de inmediato aprobado por el Congreso- se tuvo la previsión de impedir la injerencia directa del Directorio de Buenos Aires y que en consecuencia los diputados tengan absoluta libertad de pensamiento y acción.
4) Siendo los objetos de un buen Gobierno muchos y grandes, se deja el que se deba adoptar a la prudencia e ilustración de los señores diputados, y decisión del Soberano Congreso, para comunicar aquellos, con el bien general de las Provincias y en particular de esta, en cuanto toca a su industria, comercio y demás particulares de su felicidad y adelantamiento.
En este aspecto se dejó en libertad de criterio a los diputados tucumanos, supeditados únicamente al bien general.
5) Elevados los Señores diputados a la altura de su noble ministerio y elevada la patria a su brillante destino, saldrán entonces las grandes medidas, la energía y la fortuna; y pedirán los nuestros que la Constitución que se sancione: sea adaptable a nuestra situación local y política; a la índole y habitudes de los ciudadanos; que aliente la timidez de unos; que se contenga la ambición de otros; que acabe con la vanidad inoportuna; que ataje pretensiones atrevidas; destruya pasiones insensatas y dé en fin a los pueblos la Carta de sus derechos y al Gobierno la de sus obligaciones.
Estas instrucciones fueron impartidas con mucha cautela, dada la importancia del punto, y esperamos que el Congreso adopte la forma de gobierno que corresponda, sin caer en los extremismos y consultando los sagrados intereses del país.
6) Queda el Pueblo y su campaña facultada para retirar sus poderes a sus representantes con causa legítima vista y juzgada por una comisión de diputados que se nombrase para el efecto y confirmación del soberano Congreso.
Nuestras autoridades entendieron que el imperativo mandato a los diputados emanaba del pueblo al cual no se podía defraudar, sin caer en la pérdida del poder dado, pero con la aprobación del Congreso, juez de sus propios miembros.
7) Se invitará a la Banda Oriental y Provincia de Asunción del Paraguay para que concurran por medio de sus Diputados a tener parte en este Congreso si lo hallan por conveniente no debiendo su negativa embarazar los progresos de nuestra legislación y su observancia.
Lógico criterio, si se tiene en cuenta que dichos estados forman parte de las Provincias Unidas, aunque ahora sojuzgadas por Artigas en la parte oriental. Su no concurrencia no debía interpretarse como algo definitivo, pero tampoco un obstáculo para seguir adelante con el Congreso y su cometido.
8) No pudiendo nuestra Constitución hallarse entre los enemigos peninsulares sin el riesgo de ser atacada, pedirán nuestros diputados su exclusión total a menos que decididamente se declaren a favor de la causa de América.
9) En todo caso que las circunstancias y necesidades del Estado exijan para su remedio y atenciones de la presente guerra imponer contribuciones forzosas antes de ponerse en execución el art. anterior, serán los españoles europeos que no tengan carta de ciudadanía los primeros en sufrirla de sus bienes sin que pueda eximirlos, motivo, causa ni pretexto alguno.
Los dos artículos precedentes dan la pauta del rigor con que deben ser tratados los españoles, que en estos tiempos representan un peligro constante a la causa patriota, por lo cual las previsiones serán pocas. Ya lo vimos con los empréstitos forzosos que se realizaron.
10) Cuidarán asimismo de prevenir todos los medios y arbitrios posibles que no toquen en odiosos, para engrosar los fondos nacionales y su buena administración.
11) Será reconocida y jurada por los gobiernos superiores y subalternos tribunales oficinas y tropa la Magestad de la Patria en el Soberano Congreso y obedecidas sus decisiones.
Todos debían supeditarse a la ley y a la Patria, representada en el Soberano Congreso, jurándola y obedeciéndola.
12) Que las sesiones del Soberano Congreso sean públicas y altas del modo digno de un pueblo virtuoso y libre a menos que una urgente necesidad por la salvación del País exija hacer algunas sesiones secretas.
Una demostración cabal del espíritu democrático que debe imperar en este Congreso, hizo que se realicen hasta ahora las sesiones en forma pública, lo que posibilitó la asistencia de una concurrencia numerosa.
13) Siendo la justicia el alma de toda felicidad y sostén del Cuerpo Social tendrán muy presentes nuestros diputados que el mayor crimen delante de la Patria y de su pueblo será mezclarse en deliberaciones facciosas y partidarias que solo producen males; y en tal caso cualesquier resolución que tomen de acuerdo con la facción caerá en nula y sin efecto a menos que de ella reconocidamente se advierta el interés del bien general. La experiencia de los años anteriores y la época turbulenta que estamos viviendo, hace tomar todos los recaudos necesarios para evitar el caudillismo o la demagogia que harían fracasar la pureza de este Congreso que nos acaba de dar la Independencia.
14) Los representantes tucumanos debían mantenerse alejados de toda actuación que significara embanderarse en facciones partidarias.
El 17 establecía: "Que a fin de economizar en lo posible el erario público al menos durante la guerra pedirán nuestros diputados se sumen los empleos civiles y políticos quedando tan solo en ejercicio y con las dotaciones correspondientes a su rango".
Serio desorden en una pulpería de la ciudadEl problema de la recaudación para atender el servicio de iluminación de nuestra ciudad ha tenido una desagradable derivación. Se produjo un desorden de proporciones en la pulpería de don Diego Bazán, vecino caracterizado de Tucumán Este considera que fue injuriado y, por lo tanto, procedió a entablar un juicio civil y criminal por injurias, ante el alcalde de primer voto, contra Pedro Almada, encargado de la iluminación con faroles.
Al parecer, Almada se había presentado primero en la esquina de la pulpería de Pablo González, jujeño emigrado, que tiene su negocio frente a la pulpería de don Diego.
Allí Almada cobró dos reales por iluminación y otro por aseo de los faroles. Luego cruzó hacia el negocio del señor Bazán para cobrarle los tres reales por idénticos conceptos.
Entonces don Diego le dijo que no pagaría porque sabía que a este dinero se le daba otro destino y que, por otra parte, el farol de la esquina era mantenido desde hacía tiempo por él.
Sin embargo -expresó don Diego en dicha oportunidad- si ciudadanos tan caracterizados como lo son, por ejemplo, don José Manuel Terán y don Pedro Velarde pagan sin objetar, también lo haré yo.
El motivo
Este fue el motivo para que se suscitara a continuación un cambio de palabras, que poco a poco fue subiendo de tono, hasta llamar la atención del vecindario. Don Diego expresó que Almada llegó a "ultrajar mi persona y vulnerar altamente mi honor". Almada le amenazó que si no pagaba lo haría conducir a la cárcel con las nalgas desnudas, y le dijo que era un pícaro mulato y ladrón público.
Don Diego, en su presentación, destaca ser un hombre de bien y provenir de honrada cuna jamás desmentida. El juicio sigue ahora su curso y seguramente ha de concluir con el encarcelamiento de Almada y no precisamente de don Diego.
Sangrienta pelea en el caserío de Ibatín
Una feroz pelea entre sujetos de malos antecedentes conmovió al vecindario del Pueblo Viejo, en el Ibatín. Los contrincantes resultaron heridos con el mismo puñal, y uno de ellos murió a los pocos días en El Totoral, jurisdicción de Catamarca, hasta donde se había trasladado. Así, el hecho se convirtió en homicidio por lo cual el alcalde de primer voto ordenó se investigue, y se promueva el juicio correspondiente contra el autor del crimen, que ya antes había cometido varios delitos.
El alcalde de primer voto libró oficio para ello a don Miguel Peñalba, alcalde de la Hermandad en el partido del Río Chico, quien se constituyó en el paraje del mismo nombre e inició las indagaciones correspondientes tomando declaración a testigos presenciales. Aunque dichas declaraciones hasta ahora no son del todo coincidentes en los detalles, permite hacer una reconstrucción de los hechos que rodearon el sangriento episodio.
De un testigo
Uno de los testigos, Martín Brizuela, vecino de Pueblo Viejo, declaró que conocía a Alonso Concha, también vecino del pueblo y autor del crimen. Dijo que Concha solía dedicarse a pequeños sembraditos con lo que vivía y que algunas veces robó animales a los vecinos. Supo Brizuela que Concha estuvo preso en la Alcaldía de don José Ignacio Sierra por una puñalada que le dio a Luis Pacheco y que ignora del modo que la dio, ni por qué, y que sólo oyó decir que Pacheco lo había exigido.
Asimismo, el declarante expresó que sabía que Concha mató a Marcos Figueroa -el crimen que ahora se investiga- en la higuera de Gregoria Orellana. Llegaron a esa casa, a caballo, Concha y Figueroa. Pararon bajo la higuera y Concha comenzó a comer higos. Figueroa pidió permiso a Orellana, quien le denegó; entonces Concha le ofreció de los suyos y al mismo tiempo Figueroa le tiró una puñalada pegándole en la boca. Se bajaron de sus cabalgaduras y se pusieron a pelear. Los presentes -dijo Brizuela- consiguieron finalmente que Concha lo deje a Figueroa que ya estaba herido. Concha le había arrebatado el mismo puñal a su contrincante, sin llegar a usar su cuchillo aunque ya se lo había sacado de la cintura. El testigo dijo por último que a los muchos días que se fue Figueroa a El Totoral, jurisdicción de Catamarca, supo que había muerto de la herida inferida por Concha.
Por un higo
Por su parte, Feliciano Sánchez, del Pueblo Viejo, declaró que Figueroa llegó a la higuera, pidió permiso a la Orellana, ésta le franqueó la entrada, pero luego la insultó. Entonces la mujer se enojó y le denegó el permiso que antes le había dado. Figueroa entró igual, y llegó hasta la higuera donde Concha estaba comiendo. Este le alcanzó algunos de los que había juntado y como se le cayera uno a Figueroa, Concha se lo levantó y fue el motivo suficiente para que Figueroa sacara su puñal y le pegara en la boca. Luego se trenzaron en lucha y Concha lo hirió con el mismo puñal.
En cuanto al otro incidente con Luis Pacheco, el declarante narró que estaban jugando a las tabas. Pacheco le había ganado todas las prendas a Concha, quien luego le ganó a aquél un freno. Pero Pacheco no se lo quiso entregar, aduciendo que Concha le debía 4 reales. Entonces pelearon y Pacheco resultó con una herida de puñal en la muñeca.
"¡Tomá higos!"
En cambio, Francisco Pacheco, natural de Catamarca y vecino de la Puerta de Marapa, otro de los declarantes, dijo que luego que llegaron Concha y Figueroa, montaron a caballo y Concha comenzó a cortar higos y conversaban en armonía. Concha le ofreció, pero Figueroa respondió que los higos le hacían daño y le dio las gracias, Concha insistió y Figueroa enfurecido le respondió: "tomá higos", y le asestó una puñalada en la boca, Figueroa se retiraba del lugar y fue alcanzado por Concha, comenzando la pelea que culminó con los resultados conocidos.
Durmió la siesta
La última declaración que tomó el alcalde fue a la propia dueña de casa, Gregoria Orellana, quien solía cobrar a los vecinos que querían comer higos. La mujer afirmó que Concha ya estaba comiendo cuando Figueroa llegó algo ebrio y que desde que hizo su aparición comenzó a probarlo a Concha. Pero éste no le hacía caso y Figueroa se echó a dormir la siesta. Después se levantó y le pidió a la dueña de casa que le vendiera medio real de higos, a lo que accedió. Figueroa se dirigió a la higuera, donde Concha le ofreció dos higos. Uno recibió y al otro lo tiró. Concha le reciminó preguntándole por qué y Figueroa le respondió que porque era un traicionero, e inmediatamente le tiró la puñalada a la boca. Concha y Figueroa se bajaron de los caballos. Concha se armó de piedras, pero Figueroa guardó el puñal y momentáneamente terminó la pelea. Al rato, Concha lo alcanzó a Figueroa y se trabaron en pelea en la que el último quedó herido. Hubo que separarlos, puntualizó la Orellana. "Yo quise curar a Figueroa -expresó la mujer- pero éste ni siquiera permitió que le viéramos la herida". Se fue a la casa de José Romero, donde lo atendieron, y a los tres o cuatro días se trasladó a Catamarca, donde murió.
Lo más popular
Ranking notas premium










