09 Julio 2006 Seguir en 
SANTA ELENA, 9.- Y sin embargo, qué novela que es mi vida! musitó el hombre apoyado sobre las rocas, que tiritaba de frío bajo su capote, a pesar del calor húmedo que parecía agobiar hasta a los pájaros. Ninguna emoción traducía su semblante, perpetuamente ausente, como mirando un punto fijo en la lejanía. El viento -permanente personaje de esta isla- le alborotaba de cuando en cuando el pelo ondulado.
Estábamos solos los tres. El, el conde de Las Cases y el único periodista que había podido llegar hasta esa roca perdida en la inmensidad del Atlántico.
El era Napoléon Bonaparte, vencedor de Arcola a los 27 años. Primer cónsul a los 30, Emperador de los franceses a los 34 y vencido en Waterloo a los 45.
Allí estaba, sentado, con su pie izquierdo trazando nerviosas líneas sobre el suelo duro. El rugido del mar machacaba constantemente que estaba en Santa Elena, áridas rocas inaccesibles si se exceptúa un solo punto, y frecuentadas muy de tanto en tanto por algunos veleros de la Compañía de Indias.
Hacía menos de un año que se encontraba allí. Exactamente, desde el domingo 15 de octubre del año pasado, cuando había arribado a bordo del "Northumberland", acompañado por Las Cases y por su hijo, el general Gorgaud, por el conde y por la condesa de Montholon con su vástago, por los condes Bertrand y por once domésticos.
En Longwood
Rato después, caminando, nos dirigimos a Longwood, granjita de un solo piso, último "palacio" de quien había habitado Las Tullerías o Fontainebleau. En silencio, todos nos sentamos a la mesa, y desde el principio, Bonaparte se vio atacado por una locuacidad irresistible.
Habló de todo. De sus campañas de Italia y de Egipto, de picantes anécdotas en El Cairo, de hazañas de Julio César, de su hijo el Rey de Roma. A los postres, se dirigió a la biblioteca y tomó un tomo de Voltaire. Con aire despreocupado, nos deslizó un chiste: "A ver, ¿a qué teatro iremos esta noche? ¿tendremos Talma o Fieury?".
El gobernador
En toda reunión familiar, hay hombres que, mencionados al pasar, desencadenan toda una tormenta. Algo así sucedió poco después del almuerzo, cuando Bonaparte leía en alta voz a M. de Voltaire, celebrando muchos párrafos con limpias carcajadas. Porque en ese momento, Las Cases comentó: "Me hace acordar a Hudson Lowe cuando el otro día...". No pudo decir más. El libro que Napoleón sostenía se estrelló violentamente contra el suelo, y el emperador se enderezó de un salto. "No me nombren a ese canalla!", gritó enfurecido. "¿es que no tengo suficiente amargura en esta barraca, para tener que sufrir sus anécdotas?".
Se refería, sin duda, al reciente gobernador de la isla, sir Hudson Lowe, llegado en abril de este año. Ya había oído yo que este hombre despótico se complacía en torturar a Bonaparte de mil maneras, por medio de tiránicas extravagancias, todas dictadas por una obsesión: la de que pudiera escaparse. Después de esta escena, Napoleón no quiso permanecer más tiempo en el comedor. Marchó a su dormitorio y se encerró en él con llave. El criado que lo desvestía no pudo entrar y nos resignamos a continuar solos la velada.
Fernando VII reinstaló la Inquisición y ataca a los liberales
MADRID, 9 (AP).- Todo el mundo creía que con la caída de Napoleón Bonaparte y el consiguiente restablecimiento en el trono de don Fernando VII, se habrían terminado los problemas en España. Pero no ha sido así, porque el monarca, que ha vuelto del destierro completamente decidido a aplicar en sus dominios el más crudo absolutismo, no ha logrado dar tranquilidad alguna a su administración.
Así puede decirse que en el momento actual caracterizan su reinado las medidas de ese corte, la vertiginosa mudanza de ministros, y las conspiraciones liberales tendientes a restablecer la constitución de Cádiz, a la que el monarca no se ha adherido.
Por otra parte, Fernando -viudo de doña María Antonia de Borbón desde hace 11 años- planea casarse nuevamente en setiembre, con doña María Isabel de Braganza.
Dura mano
Por decreto del 21 de julio de hace 2 años, se ha restablecido, como se sabe, la Santa Inquisición en España. Asimismo, desde el año pasado, se ha prohibido la aparición de diarios exceptuándose sólo de la medida "La Gaceta" y "El Diario de Madrid", ambos furibundamente realistas: sobreviven también, como meros órganos literarios, totalmente adictos al régimen, "La Atalaya de la Mancha", "La Minerva" y "Crónica Científica y Literaria".
También se han suprimido las Comisiones Especiales: las causas por delito político deberán pasar a los tribunales ordinarios, con responsabilidad para los delatores calumniosos.
Palabras prohibidas
Las palabras liberal y servil son de uso prohibido "para hacer olvidar las pasadas discordias". Hace una semana se reiteraron los decretos de enero contra los afrancesados (extrañamiento, secuestro de bienes, causa judicial a cada uno para delimitar responsabilidad).
También hubo recompensas a los luchadores de la independencia: de acuerdo a ello la corona distribuirá títulos y premios a los guerreros, por medio de Juntas especiales, y se reedificará, a cargo del rey, la ciudad de San Sebastián.
Han sido desterrados, o encarcelados por "liberales", Argüelles, Calatrava, Muñoz Torrero, Martínez de la Rosa, Gallego, Quintana. Por otra parte, es de apuntar que, desde el 28 de mayo del año pasado, está derogado el real decreto de expulsión de la Compañía de Jesús, que dictó Carlos III.
La camarilla
Popularmente, se llama "la camarilla" al grupo que rodea a Fernando VII, convertido en una suerte de poder extralegal que constituye y destituye ministerios. La forman Escoiquiz, el nuncio Gravina, el duque de Alagón (tercero en las aventuras amorosas reales), el aventurero Antonio Ugarte, Ramírez de Arellano, Ostolaza, Villares, Grijalva, Artieda, Segovia y, sobre todo, Pedro Collado, de apodo "Chamorro", ex criado del príncipe. Contra este grupo dirigen su furia los liberales.
Desde enero, el ex ministro Pedro de Cevallos ocupa nuevamente la secretaría de Estado, encargándose, además, de la Gracia y Justicia: en reemplazo de Tomás Moyano.
Realizaciones
Desde su restitución en el trono, Fernando VII ha concretado una serie de medidas de instrucción pública.
En lo que va del año, las mismas pueden sintetizarse en esta lista: establecimiento de escuelas gramaticales; creación de 6 cátedras de Agricultura, cuya organización estará a cargo de la Sociedad de Amigos de la corte; tres cátedras de Botánica (Aplicada a la Agricultura y Aplicada a la Medicina) en el Jardín Botánico de Madrid.
Asimismo, por decreto real, los hospicios y casas de misericordia deberán adquirir huertos, donde los acogidos reciben instrucción agrícola. Asimismo, se han enviado circulares para recomendar la máquina de trillar inventada por Juan Alvarez Quenea.
En laboriosas sesiones debatieron los congresales de las Provincias Unidas
La declaración de la independencia se produjo luego de 106 días de deliberaciones del Congreso.
Mirando la cronología -que sigue- de las sesiones, se advierte que fue sobre todo una etapa de organización, cuyo desarrollo registra, como medidas más importantes (sin contar obviamente la decisión sobre la independencia), el nombramiento de Juan Martín de Pueyrredón como Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Los comienzos
El Congreso se instaló solemnemente el 24 de marzo de 1816, con gran pompa y júbilo.
Los diputados asistieron a una misa solemne en San Francisco. De vuelta al recinto, se eligió presidente a Pedro Medrano y se tomó juramento a los representantes.
Al día siguiente, hubo otro oficio religioso, donde predicó el presbítero Manuel Antonio Acevedo.
Luego, se dio el decreto de instalación del Congreso y se designó secretarios a los doctores José Mariano Serrano y Juan José Paso. Se inició, acto seguido, la aprobación de diplomas de cada diputado, que se repetiría en los días posteriores.
Empezó, asimismo, a estudiarse la elección de Tucumán, cuyas actas la mostraban como problemática, de entrada.
Se pidió a los generales Rondeau (jefe del Ejército del Norte) y Güemes (gobernador de Salta) que cesaran sus hostilidades, y con ese propósito fue comisionado hacia esa zona el diputado por Córdoba, Miguel Calixto del Corro.
Las elecciones de Tucumán habían recaído en los doctores Pedro Miguel Aráoz, Juan Bautista Paz y José Ignacio Thames. El 6, este resultado se anuló en lo que respectaba a Aráoz y Paz, por su "forma tumultuaria".
Se aceptó, en cambio, el correspondiente a Thames, quien se incorporó al cuerpo.
El 13, el doctor Del Corro fue nuevamente enviado en misión pacificadora, esta vez al Litoral, por los conflictos entre Buenos Aires y la artiguista provincia de Santa Fe.
También, como otra medida importante en el resto del mes, estuvo el envío del comisionado Alejandro Heredia, para intervenir en el apaciguamiento de los hechos rebeldes ocurridos en La Rioja.
El Director Supremo
En la primera sesión de mayo, fueron reemplazados el presidente y vice, por haber concluíido su período: los sustituyeron Pedro Ignacio de Castro Barros y Esteban Agustín Gazcón.
Pliegos de Buenos Aires informaron que Antonio González Balcarce había quedado interinamente a cargo del Directorio.
El 3, se adoptó una de las medidas más trascendentes que correspondieron al Congreso en esta etapa. Fue la designación de Director Supremo en propiedad, en la persona de Juan Martín de Pueyrredón, quien hasta entonces se desempeñaba como diputado por San Luis.
En el acto, Pueyrredón prestó juramento, y agradeció que se le confiriera ese cargo tan honroso. Manifestó que se comprometía a poner, en tan alta responsabilidad, el máximo esfuerzo.
El flamante jefe de las Provincias Unidas pidió también al Congreso permiso para pasar al Ejército, paso que le fue acordado.
Asimismo, se decretó un empréstito de 20.000 pesos, a aplicarse a todos los europeos residentes en Tucumán.
El 7 se resolvió rechazar la dimisión del Director interino Antonio González Balcarce. Al respecto, el cuerpo decidió que debía permanecer en el cargo, hasta que el designado titular Pueyrredón pudiera arribar a Buenos Aires.
El 8, el Cabildo de Mendoza pide grado de general en jefe para el coronel mayor José de San Martín, lo que se aprobó. El 11, se nombró prosecretario del Congreso a un presbítero tucumano, el doctor José Agustín Molina.
Varias comunicaciones
El 16, se dispuso aceptar la renuncia del gobernador José Javier Díaz, de Córdoba, y se leyeron diversas comunicaciones del general Rondeau. Este informaba acerca de los últimos y desalentadores sucesos del Alto Perú: la derrota de los 700 hombres del guerrillero patriota Vicente Camargo, y la muerte del mismo, así como las acciones contra los realistas que desarrollaba el clérigo Ildefonso de las Muñecas.
Igualmente, se enteró el Congreso de la afortunada acción de Guillermo Brown, en Guayaquil.
Para los festejos del 25 de mayo, se acordó asistir en corporación a los que se organizasen. Por otra parte, dadas las nuevas adversidades patriotas en el Alto Perú, se dispuso otro empréstito, de 3.000 pesos, sobre el vecindario de Tucumán, con la finalidad de auxiliar al ejército que allí combate. Asimismo, se organizó la milicia en esta ciudad.
El 20, se aumentó a 6.000 pesos el referido empréstito, a tiempo que se requirió al gobernador Bernabé Aráoz que presentase el estado de las rentas de su administración.
Fue considerada nuevamente la aceptación de la renuncia del gobernador de Córdoba, José Javier Díaz. Al respecto, se acordó revocarla y se le ordenó, por oficio, que remita las sumas del empréstito de su jurisdicción.
Los festejos del 25 de mayo no pudieron realizarse el mismo día, a causa de la lluvia.
Recién al siguiente, 26, todos se trasladaron en corporación al templo de San Francisco. Allí, los congresales asistieron a la misa solemne, en cuyo transcurso pronunció una oración patriótica el doctor José Agustín Molina. Vueltos al recinto, recibieron "plácemes y felicitaciones del pueblo".
El 29, se acordó licencia al oficial sueco Jean Adam Graaner para pasar al interior a prestar servicios, y se nombró una comisión encargada de hacer una nómina de los asuntos principales que deberá tratar el Congreso en adelante.
En la última sesión del mes, la corporación decidió que el presidente y los secretarios recibirían el tratamiento de "Señoría".
Diputados tucumanos
La presidencia del mes de junio recae en el doctor Teodoro Sánchez de Bustamante y la vicepresidencia en el licenciado Gerónimo Salguero de Cabrera.
En la primera sesión se recibió la solicitud de carta de ciudadanía, presentada por el español Salvador Alberdi, vecino de Tucumán. Se dispuso concederla, en mérito a los servicios prestados por el peticionante a la causa patriota.
El 10 se aprobaron finalmente las elecciones de Tucumán, y se invitó a incorporarse a los diputados, doctores Pedro Miguel Aráoz y José Serapión de Arteaga, que debían agregarse al ya incorporado Thames.
Pero Arteaga renunció desde la barra, molesto por las reclamaciones sobre su elección.
Ello deja a Tucumán con una diputación incompleta.
Otra reunión importante del mes, fue la del 14 cuando, ante una queja de Godoy Cruz por los fuertes tributos sobre Cuyo, los diputados Medrano, Rodríguez, Acevedo y Aráoz le advirtieron que "en las circunstancias, los sacrificios no debían tener más regla que el grandor de los peligros".
El día 17, se encarga a una comisión la reforma general del Estatuto de 1815.
En la sesión del 22, el diputado Anchorena dejó constancia de su protesta sobre toda resolución del Congreso que interesara a la organización de territorios y jurisdicciones de los pueblos, si no se acordara primero el número de votos necesarios para hacer sanción.
El día 28, el cuerpo, en una sesión secreta, escuchó detenidamente los informes del director Pueyrredón, recién llegado de su viaje al norte de las Provincias Unidas.
Los días recientes
Este mes, la presidencia recayó en el doctor Francisco Narciso de Laprida y la vicepresidencia en Mariano Boedo. Se acordó realizar sesiones diarias.
La discusión promovida por Anchorena sobre las jurisdicciones locales ocupó las reuniones hasta el 5 de julio, con animados debates de todos los representantes.
El 6, continuó la lectura de comunicaciones sobre asuntos diversos en el territorio; entre ellas, la del comisionado en el litoral, doctor Del Corro, avisando que se habían roto de nuevo las hostilidades en Santa Fe.
Ese mismo día fue introducido en la sala el general Manuel Belgrano, recién llegado de Europa, para exponer las ideas allí reinantes, el concepto que se tenía de la revolución americana, y las posibilidades de que las monarquías la protegieran.
Informe de Belgrano
El general Belgrano expresó que, si bien en un comienzo la revolución había merecido buen concepto en Europa, su declinación posterior en la anarquía la había desconceptuado.
En la actualidad -estimó- el pueblo estaba reducido a sus propias fuerzas.
Apuntó que las cosas habían cambiado en materia de forma de gobierno. Si antes se quería erigir repúblicas por todas partes, ahora se consideraba mejor el establecimiento de monarquías "temperadas".
Puso por ejemplo a Inglaterra, a Francia y a Prusia, señalando que, dentro de esa idea, entendía que el sistema "temperado" parecía el más conveniente para las Provincias Unidas, encarnado en la dinastía de los Incas, "tan inicuamente despojada del trono".
Fue escéptico respecto de las actuales posibilidades ofensivas de España y restó importancia a la venida de tropas portuguesas al Brasil, descartando por completo la existencia de combinaciones en la materia, entre los Braganza y Fernando VII.
Estábamos solos los tres. El, el conde de Las Cases y el único periodista que había podido llegar hasta esa roca perdida en la inmensidad del Atlántico.
El era Napoléon Bonaparte, vencedor de Arcola a los 27 años. Primer cónsul a los 30, Emperador de los franceses a los 34 y vencido en Waterloo a los 45.
Allí estaba, sentado, con su pie izquierdo trazando nerviosas líneas sobre el suelo duro. El rugido del mar machacaba constantemente que estaba en Santa Elena, áridas rocas inaccesibles si se exceptúa un solo punto, y frecuentadas muy de tanto en tanto por algunos veleros de la Compañía de Indias.
Hacía menos de un año que se encontraba allí. Exactamente, desde el domingo 15 de octubre del año pasado, cuando había arribado a bordo del "Northumberland", acompañado por Las Cases y por su hijo, el general Gorgaud, por el conde y por la condesa de Montholon con su vástago, por los condes Bertrand y por once domésticos.
En Longwood
Rato después, caminando, nos dirigimos a Longwood, granjita de un solo piso, último "palacio" de quien había habitado Las Tullerías o Fontainebleau. En silencio, todos nos sentamos a la mesa, y desde el principio, Bonaparte se vio atacado por una locuacidad irresistible.
Habló de todo. De sus campañas de Italia y de Egipto, de picantes anécdotas en El Cairo, de hazañas de Julio César, de su hijo el Rey de Roma. A los postres, se dirigió a la biblioteca y tomó un tomo de Voltaire. Con aire despreocupado, nos deslizó un chiste: "A ver, ¿a qué teatro iremos esta noche? ¿tendremos Talma o Fieury?".
El gobernador
En toda reunión familiar, hay hombres que, mencionados al pasar, desencadenan toda una tormenta. Algo así sucedió poco después del almuerzo, cuando Bonaparte leía en alta voz a M. de Voltaire, celebrando muchos párrafos con limpias carcajadas. Porque en ese momento, Las Cases comentó: "Me hace acordar a Hudson Lowe cuando el otro día...". No pudo decir más. El libro que Napoleón sostenía se estrelló violentamente contra el suelo, y el emperador se enderezó de un salto. "No me nombren a ese canalla!", gritó enfurecido. "¿es que no tengo suficiente amargura en esta barraca, para tener que sufrir sus anécdotas?".
Se refería, sin duda, al reciente gobernador de la isla, sir Hudson Lowe, llegado en abril de este año. Ya había oído yo que este hombre despótico se complacía en torturar a Bonaparte de mil maneras, por medio de tiránicas extravagancias, todas dictadas por una obsesión: la de que pudiera escaparse. Después de esta escena, Napoleón no quiso permanecer más tiempo en el comedor. Marchó a su dormitorio y se encerró en él con llave. El criado que lo desvestía no pudo entrar y nos resignamos a continuar solos la velada.
Fernando VII reinstaló la Inquisición y ataca a los liberales
MADRID, 9 (AP).- Todo el mundo creía que con la caída de Napoleón Bonaparte y el consiguiente restablecimiento en el trono de don Fernando VII, se habrían terminado los problemas en España. Pero no ha sido así, porque el monarca, que ha vuelto del destierro completamente decidido a aplicar en sus dominios el más crudo absolutismo, no ha logrado dar tranquilidad alguna a su administración.
Así puede decirse que en el momento actual caracterizan su reinado las medidas de ese corte, la vertiginosa mudanza de ministros, y las conspiraciones liberales tendientes a restablecer la constitución de Cádiz, a la que el monarca no se ha adherido.
Por otra parte, Fernando -viudo de doña María Antonia de Borbón desde hace 11 años- planea casarse nuevamente en setiembre, con doña María Isabel de Braganza.
Dura mano
Por decreto del 21 de julio de hace 2 años, se ha restablecido, como se sabe, la Santa Inquisición en España. Asimismo, desde el año pasado, se ha prohibido la aparición de diarios exceptuándose sólo de la medida "La Gaceta" y "El Diario de Madrid", ambos furibundamente realistas: sobreviven también, como meros órganos literarios, totalmente adictos al régimen, "La Atalaya de la Mancha", "La Minerva" y "Crónica Científica y Literaria".
También se han suprimido las Comisiones Especiales: las causas por delito político deberán pasar a los tribunales ordinarios, con responsabilidad para los delatores calumniosos.
Palabras prohibidas
Las palabras liberal y servil son de uso prohibido "para hacer olvidar las pasadas discordias". Hace una semana se reiteraron los decretos de enero contra los afrancesados (extrañamiento, secuestro de bienes, causa judicial a cada uno para delimitar responsabilidad).
También hubo recompensas a los luchadores de la independencia: de acuerdo a ello la corona distribuirá títulos y premios a los guerreros, por medio de Juntas especiales, y se reedificará, a cargo del rey, la ciudad de San Sebastián.
Han sido desterrados, o encarcelados por "liberales", Argüelles, Calatrava, Muñoz Torrero, Martínez de la Rosa, Gallego, Quintana. Por otra parte, es de apuntar que, desde el 28 de mayo del año pasado, está derogado el real decreto de expulsión de la Compañía de Jesús, que dictó Carlos III.
La camarilla
Popularmente, se llama "la camarilla" al grupo que rodea a Fernando VII, convertido en una suerte de poder extralegal que constituye y destituye ministerios. La forman Escoiquiz, el nuncio Gravina, el duque de Alagón (tercero en las aventuras amorosas reales), el aventurero Antonio Ugarte, Ramírez de Arellano, Ostolaza, Villares, Grijalva, Artieda, Segovia y, sobre todo, Pedro Collado, de apodo "Chamorro", ex criado del príncipe. Contra este grupo dirigen su furia los liberales.
Desde enero, el ex ministro Pedro de Cevallos ocupa nuevamente la secretaría de Estado, encargándose, además, de la Gracia y Justicia: en reemplazo de Tomás Moyano.
Realizaciones
Desde su restitución en el trono, Fernando VII ha concretado una serie de medidas de instrucción pública.
En lo que va del año, las mismas pueden sintetizarse en esta lista: establecimiento de escuelas gramaticales; creación de 6 cátedras de Agricultura, cuya organización estará a cargo de la Sociedad de Amigos de la corte; tres cátedras de Botánica (Aplicada a la Agricultura y Aplicada a la Medicina) en el Jardín Botánico de Madrid.
Asimismo, por decreto real, los hospicios y casas de misericordia deberán adquirir huertos, donde los acogidos reciben instrucción agrícola. Asimismo, se han enviado circulares para recomendar la máquina de trillar inventada por Juan Alvarez Quenea.
En laboriosas sesiones debatieron los congresales de las Provincias Unidas
La declaración de la independencia se produjo luego de 106 días de deliberaciones del Congreso.Mirando la cronología -que sigue- de las sesiones, se advierte que fue sobre todo una etapa de organización, cuyo desarrollo registra, como medidas más importantes (sin contar obviamente la decisión sobre la independencia), el nombramiento de Juan Martín de Pueyrredón como Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Los comienzos
El Congreso se instaló solemnemente el 24 de marzo de 1816, con gran pompa y júbilo.
Los diputados asistieron a una misa solemne en San Francisco. De vuelta al recinto, se eligió presidente a Pedro Medrano y se tomó juramento a los representantes.
Al día siguiente, hubo otro oficio religioso, donde predicó el presbítero Manuel Antonio Acevedo.
Luego, se dio el decreto de instalación del Congreso y se designó secretarios a los doctores José Mariano Serrano y Juan José Paso. Se inició, acto seguido, la aprobación de diplomas de cada diputado, que se repetiría en los días posteriores.
Empezó, asimismo, a estudiarse la elección de Tucumán, cuyas actas la mostraban como problemática, de entrada.
Se pidió a los generales Rondeau (jefe del Ejército del Norte) y Güemes (gobernador de Salta) que cesaran sus hostilidades, y con ese propósito fue comisionado hacia esa zona el diputado por Córdoba, Miguel Calixto del Corro.
Las elecciones de Tucumán habían recaído en los doctores Pedro Miguel Aráoz, Juan Bautista Paz y José Ignacio Thames. El 6, este resultado se anuló en lo que respectaba a Aráoz y Paz, por su "forma tumultuaria".
Se aceptó, en cambio, el correspondiente a Thames, quien se incorporó al cuerpo.
El 13, el doctor Del Corro fue nuevamente enviado en misión pacificadora, esta vez al Litoral, por los conflictos entre Buenos Aires y la artiguista provincia de Santa Fe.
También, como otra medida importante en el resto del mes, estuvo el envío del comisionado Alejandro Heredia, para intervenir en el apaciguamiento de los hechos rebeldes ocurridos en La Rioja.
El Director Supremo
En la primera sesión de mayo, fueron reemplazados el presidente y vice, por haber concluíido su período: los sustituyeron Pedro Ignacio de Castro Barros y Esteban Agustín Gazcón.
Pliegos de Buenos Aires informaron que Antonio González Balcarce había quedado interinamente a cargo del Directorio.
El 3, se adoptó una de las medidas más trascendentes que correspondieron al Congreso en esta etapa. Fue la designación de Director Supremo en propiedad, en la persona de Juan Martín de Pueyrredón, quien hasta entonces se desempeñaba como diputado por San Luis.
En el acto, Pueyrredón prestó juramento, y agradeció que se le confiriera ese cargo tan honroso. Manifestó que se comprometía a poner, en tan alta responsabilidad, el máximo esfuerzo.
El flamante jefe de las Provincias Unidas pidió también al Congreso permiso para pasar al Ejército, paso que le fue acordado.
Asimismo, se decretó un empréstito de 20.000 pesos, a aplicarse a todos los europeos residentes en Tucumán.
El 7 se resolvió rechazar la dimisión del Director interino Antonio González Balcarce. Al respecto, el cuerpo decidió que debía permanecer en el cargo, hasta que el designado titular Pueyrredón pudiera arribar a Buenos Aires.
El 8, el Cabildo de Mendoza pide grado de general en jefe para el coronel mayor José de San Martín, lo que se aprobó. El 11, se nombró prosecretario del Congreso a un presbítero tucumano, el doctor José Agustín Molina.
Varias comunicaciones
El 16, se dispuso aceptar la renuncia del gobernador José Javier Díaz, de Córdoba, y se leyeron diversas comunicaciones del general Rondeau. Este informaba acerca de los últimos y desalentadores sucesos del Alto Perú: la derrota de los 700 hombres del guerrillero patriota Vicente Camargo, y la muerte del mismo, así como las acciones contra los realistas que desarrollaba el clérigo Ildefonso de las Muñecas.
Igualmente, se enteró el Congreso de la afortunada acción de Guillermo Brown, en Guayaquil.
Para los festejos del 25 de mayo, se acordó asistir en corporación a los que se organizasen. Por otra parte, dadas las nuevas adversidades patriotas en el Alto Perú, se dispuso otro empréstito, de 3.000 pesos, sobre el vecindario de Tucumán, con la finalidad de auxiliar al ejército que allí combate. Asimismo, se organizó la milicia en esta ciudad.
El 20, se aumentó a 6.000 pesos el referido empréstito, a tiempo que se requirió al gobernador Bernabé Aráoz que presentase el estado de las rentas de su administración.
Fue considerada nuevamente la aceptación de la renuncia del gobernador de Córdoba, José Javier Díaz. Al respecto, se acordó revocarla y se le ordenó, por oficio, que remita las sumas del empréstito de su jurisdicción.
Los festejos del 25 de mayo no pudieron realizarse el mismo día, a causa de la lluvia.
Recién al siguiente, 26, todos se trasladaron en corporación al templo de San Francisco. Allí, los congresales asistieron a la misa solemne, en cuyo transcurso pronunció una oración patriótica el doctor José Agustín Molina. Vueltos al recinto, recibieron "plácemes y felicitaciones del pueblo".
El 29, se acordó licencia al oficial sueco Jean Adam Graaner para pasar al interior a prestar servicios, y se nombró una comisión encargada de hacer una nómina de los asuntos principales que deberá tratar el Congreso en adelante.
En la última sesión del mes, la corporación decidió que el presidente y los secretarios recibirían el tratamiento de "Señoría".
Diputados tucumanos
La presidencia del mes de junio recae en el doctor Teodoro Sánchez de Bustamante y la vicepresidencia en el licenciado Gerónimo Salguero de Cabrera.
En la primera sesión se recibió la solicitud de carta de ciudadanía, presentada por el español Salvador Alberdi, vecino de Tucumán. Se dispuso concederla, en mérito a los servicios prestados por el peticionante a la causa patriota.
El 10 se aprobaron finalmente las elecciones de Tucumán, y se invitó a incorporarse a los diputados, doctores Pedro Miguel Aráoz y José Serapión de Arteaga, que debían agregarse al ya incorporado Thames.
Pero Arteaga renunció desde la barra, molesto por las reclamaciones sobre su elección.
Ello deja a Tucumán con una diputación incompleta.
Otra reunión importante del mes, fue la del 14 cuando, ante una queja de Godoy Cruz por los fuertes tributos sobre Cuyo, los diputados Medrano, Rodríguez, Acevedo y Aráoz le advirtieron que "en las circunstancias, los sacrificios no debían tener más regla que el grandor de los peligros".
El día 17, se encarga a una comisión la reforma general del Estatuto de 1815.
En la sesión del 22, el diputado Anchorena dejó constancia de su protesta sobre toda resolución del Congreso que interesara a la organización de territorios y jurisdicciones de los pueblos, si no se acordara primero el número de votos necesarios para hacer sanción.
El día 28, el cuerpo, en una sesión secreta, escuchó detenidamente los informes del director Pueyrredón, recién llegado de su viaje al norte de las Provincias Unidas.
Los días recientes
Este mes, la presidencia recayó en el doctor Francisco Narciso de Laprida y la vicepresidencia en Mariano Boedo. Se acordó realizar sesiones diarias.
La discusión promovida por Anchorena sobre las jurisdicciones locales ocupó las reuniones hasta el 5 de julio, con animados debates de todos los representantes.
El 6, continuó la lectura de comunicaciones sobre asuntos diversos en el territorio; entre ellas, la del comisionado en el litoral, doctor Del Corro, avisando que se habían roto de nuevo las hostilidades en Santa Fe.
Ese mismo día fue introducido en la sala el general Manuel Belgrano, recién llegado de Europa, para exponer las ideas allí reinantes, el concepto que se tenía de la revolución americana, y las posibilidades de que las monarquías la protegieran.
Informe de Belgrano
El general Belgrano expresó que, si bien en un comienzo la revolución había merecido buen concepto en Europa, su declinación posterior en la anarquía la había desconceptuado.
En la actualidad -estimó- el pueblo estaba reducido a sus propias fuerzas.
Apuntó que las cosas habían cambiado en materia de forma de gobierno. Si antes se quería erigir repúblicas por todas partes, ahora se consideraba mejor el establecimiento de monarquías "temperadas".
Puso por ejemplo a Inglaterra, a Francia y a Prusia, señalando que, dentro de esa idea, entendía que el sistema "temperado" parecía el más conveniente para las Provincias Unidas, encarnado en la dinastía de los Incas, "tan inicuamente despojada del trono".
Fue escéptico respecto de las actuales posibilidades ofensivas de España y restó importancia a la venida de tropas portuguesas al Brasil, descartando por completo la existencia de combinaciones en la materia, entre los Braganza y Fernando VII.
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