Independencia

El Congreso de las Provincias Unidas, que sesiona en esta ciudad, declaró ayer la Independencia del rey de España y de toda dominación extranjera.

09 Julio 2006
Ayer, fue declarada nuestra formal independencia de los reyes de España, sus sucesores y metrópoli. Así lo sancionó el Soberano Congreso de las Provincias Unidas, que sesiona en esta ciudad desde marzo último, en la casa de la familia Laguna, especialmente habilitada a tales fines por el gobierno.
El pronunciamiento, de máxima trascendencia, se produjo hacia las dos de la tarde. Fue una decisión unánime, que antes de votarse se había aprobado por aclamación. Un público numeroso asistió a la sesión. Era palpable la expectativa despertada por el anuncio de la preferente atención que el cuerpo iba a dispensar al tema de la emancipación definitiva.

Una presentación
La reunión, como todas las de este mes, estuvo presidida por el doctor Francisco Narciso de Laprida (San Juan), y actuaron como secretarios los doctores José Mariano Serrano (Charcas) y Juan José Paso (Buenos Aires).
Las deliberaciones comenzaron con la lectura, por secretaría, de una extensa presentación firmada por los diputados Gazcón, Sánchez de Bustamante y Serrano. Solicitaban del Congreso un manifiesto en contra de las divisiones en los pueblos, con severas penas para los desobedientes. Asimismo, pedían delimitar las facultades del cuerpo y la duración de las sesiones; proponían envíos de diputados a las cortes europeas y a Roma; la firma de pactos preliminares entre las provincias; además, por cierto, de establecer la forma de gobierno y dar un proyecto de Constitución. También planteaban diversos arbitrios bélicos y económicos, así como medidas de ordenamiento en varios órdenes de la administración de las Provincias Unidas.
El Congreso dedicó largo tiempo a deliberar sobre el número de votos necesarios para adoptar medidas significativas. La simple pluralidad no se consideraba suficiente, pues el orden del día tenía especial trascendencia por referirse a la constitución misma del Estado. Luego de un largo debate, se llegó a una fórmula transaccional, con diversas mayorías necesarias, según la importancia de los asuntos.
Entonces, Sánchez de Bustamante pidió que lo acordado se leyese en sesión pública para que los espectadores se enterasen debidamente. Aprobado esto, se propuso a la deliberación el tema de la "libertad de independencia del país", materia que "desde mucho antes de ahora ha sido el objeto de las continuas meditaciones de los señores representantes".
Los congresales ordenaron al secretario que presentase la proposición respectiva para que se la pudiera votar.

La declaración
El secretario formuló dicha propuesta expresando "si querían que las Provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli". No habían acabado de leerse estas palabras, cuando los diputados, llenos de entusiasmo, se pusieron de pie y la votaron por aclamación general, entre los aplausos del numeroso público que presenciaba la deliberación. Luego, uno a uno, sucesivamente, los representantes fueron dando su voto afirmativo, entre los repetidos "vivas" que desde la barra se daban al Congreso. El presidente Laprida ordenó que se extendiese por separado un acta especial, que contuviera la declaración.
En la misma, los representantes, "invocando al Eterno que preside el universo" y en nombre y por la autoridad de los pueblos que representaban, declaraban "solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados e investirse del alto carácter de nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli". En consecuencia, quedaban "de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia", y se comprometían "al cumplimiento y sostén" de la declaración, "bajo el seguro y garantía de sus bienes, haberes y fama".

Los firmantes
El acta fue suscrita por la mesa directiva (Laprida, Serrano y Paso) y por todos los diputados: Antonio Sáenz, Cayetano Rodríguez, Esteban Agustín Gazcón, Tomás Manuel Anchorena y Pedro Medrano (Buenos Aires); Manuel Antonio Acevedo y José Eusebio Colombres (Catamarca); José Ignacio de Gorriti y Mariano Boedo (Salta); José Andrés Pacheco de Melo (Chichas); Teodoro Sánchez de Bustamante (Jujuy); Eduardo Pérez Bulnes, Gerónimo Salguero de Cabrera y José Antonio Cabrera (Córdoba); Tomás Godoy Cruz y Juan Agustín Maza (Mendoza); Pedro Miguel Aráoz y José Ignacio Thames (Tucumán); Pedro Francisco de Uriarte (Santiago del Estero); Pedro Ignacio Rivera (Mizque); Mariano Sánchez de Loria (Charcas); Pedro Ignacio de Castro Barros (La Rioja); Justo Santa María de Oro (San Juan).
Otros de los diputados por Córdoba, Miguel Calixto del Corro, no pudo suscribir el acta, por haberlo enviado el Congreso a Santa Fe, para impedir la guerra civil que parecía a punto de estallar.
La resolución fue comunicada de inmediato, por las autoridades del Congreso, al Director Supremo.
En el pliego, que se envió a Buenos Aires con un mensajero, le informaban que "el Tribunal Augusto de la Nación acaba de sancionar en sesión de éste, por aclamación plenísima de todos los representantes de las Provincias y Pueblos Unidos de la América del Sud, juntos en Congreso, la independencia del país de la dominación de los reyes de España y su metrópoli". Solicitaban que a "esta importante noticia", que se le comunicaba "para su conocimiento personal y satisfacción", la "circule y haga publicar en todas las provincias y pueblos de la Unión". La sesión, en total, duró nueve horas.

La invasión de los imperiales avanza desde Santa Catalina
MONTEVIDEO, 9.- Sin apuro pero decididamente, avanza, sobre el territorio de la Banda Oriental, la invasión de las tropas portuguesas enviadas por el regente Juan VI, para "poner las fronteras al abrigo de los peligros con que los insurgentes las amenazan". A pesar de ser bastante confusas las informaciones, puede afirmarse que, en este momento, el general Federico Lecor, por temor a "las pamperadas del tránsito", avanza por tierra y no por agua, desde Santa Catalina, lugar fijado para reunión general de las fuerzas. Ha iniciado su marcha en los primeros días del mes pasado.

El plan invasor
En su número de este mes, "O Correio Brasiliense" detalla el plan de la invasión: "Las tropas portuguesas entrarán por Misiones, pasarán al Uruguay e irán a atacar a Corrientes, que es el principal puesto fortificado que Artigas tiene en el Paraná. Después, viniendo por este río abajo, no tendrán dificultad en tomar Santa Fe, que es la llave del pasaje para la margen meridional del Río de la Plata. Así, quedará enteramente cortada la retirada de Artigas para el interior del país, aun cuando tuviese allí -lo que no tiene- amigos que lo acogieran y protegieran. Si fuera con sus tropas de Montevideo, a oponerse a estos planes de los portugueses, deja Montevideo, Colonia del Sacramento, Maldonado y toda la margen del Río de la Plata de aquella parte, sin fuerzas para resistir el desembarco de 5.000 hombres, que por mar allí llegarán, de Río de Janeiro. Y colocado entre dos ejércitos, cada uno de ellos superior al suyo, Artigas no tiene medio alguno de resistir", expresa el citado artículo.

Su preparación
La preparación del plan invasor del Brasil se remonta a mayo del año pasado, cuando el día 25, el embajador portugués en Madrid, al contestar una comunicación anticipando el envío al Río de la Plata de la expedición Morillo (después desviada a Nueva Granada) hacía saber la viva satisfacción del príncipe regente por la noticia. Al mismo tiempo, le anunciaba el propósito de trasladar al Brasil una división "para poner las fronteras al abrigo de los peligros con que los insurgentes las amenazaban"; prometía auxilios a la expedición Morillo y proponía concertar, con España, un plan de operaciones combinado.
De esa manera, llegó al Brasil una división de Voluntarios Reales, al mando del general Federico Lecor. Dos brigadas la componían, con los brigadieres Jorge de Aviles Zuzarte y Francisco Homen de Magalhaes Pizarro a su frente. Los hombres sumaban 4.831. Si bien los primeros transportes arribaron a fines de noviembre, Lecor, con el resto de la división, recién lo hizo en marzo último. Fue dotado de precisas instrucciones y nombrado gobernador y capitán general de la plaza que debía ocupar (Montevideo). A su disposición, se han puesto las tropas traídas de Portugal, toda la artillería de la división instalada en Santa Catalina y la caballería de la misma que necesitase.
Si bien en dicho punto debían concentrarse barcos y transportes para seguir el avance, Lecor varió el plan y ha decidido hacerlo por tierra. La columna principal de invasión ha sido fraccionada para el avance: su vanguardia (900 hombres) está a órdenes del mariscal Pinto; el grueso, a las de Lecor (2.000) con una retaguardia de 2.000 hombres a cuyo frente va el general Bernardo da Silveira. Este último debe invadir por el este.

De los defensores
PURIFICACION, 9.- Desde marzo último, el general José Gervasio de Artigas -que tiene instalado su cuartel general en esta localidad- conocía las intenciones portuguesas de invadir. Pensaba adelantárseles, con una ofensiva concéntrica al territorio de Río Grande: de oeste a este, por el norte de Ibicuy, y de sur a norte, por la margen oriental del Uruguay. "Si ellos se preparan a hacer tentativa por algún lado -dijo- es preciso robarles la vuelta y entrárseles por otra". Ordenó preparativos y mantenerse a la defensiva. "No se muevan hasta que yo avise", fue la orden.
En junio, supo que el coronel Chagas, con 500 hombres, se encontraba en San Javier; que sucesivamente se aproximaban fuerzas a la frontera y que la división portuguesa en La Laguna era reforzada con un batallón de artillería y cañones.
De acuerdo a ello, se preocupó de enviar a su capitán Andrés Guacurarí ("Andresito") un cargamento de armas, haciendo lo propio con Yapeyú, donde deseaba que se instalase una guarnición de defensa.
Al mismo tiempo, ordenó a su delegado en Montevideo, Manuel Barreiro, armar las milicias departamentales de Cerro Lago, Maldonado, Canelones, San José, Colonia y Soriano. Instaba, por otra parte, a los pueblos de las Misiones Occidentales, a desarrollar la industria de la pólvora, y activar la agricultura y comercio, para poder subsistir en los duros tiempos próximos.

En la actualidad
Desde hace pocos días, el general Artigas sabe positivamente del avance de Lecor por tierra, y se propone abrir campaña contra él, de un momento a otro.
"Quiero -declaró- abrir la campaña contra ellos y ser el primero para descompaginar todas sus ideas. Estoy seguro de que no podrán cargar sobre Montevideo con la fuerza que llevan. Para impedir del todo el proyecto, me propongo hacer un movimiento pronto y general en toda la línea. Los más rápidos y fuertes deberán concentrarse en Misiones".

Derrota de la revolución en Nueva Granada
SANTA FE (Nueva Granada), 9.- Al parecer, se asiste al aplastamiento definitivo de la insurrección patriota en Nueva Granada. Las tropas españolas del general Pablo Morillo se están imponiendo sobre ella a sangre y fuego. El jefe citado ha inaugurado un nuevo género de autoridad: la mantenida exclusivamente en base a elementos militares, al contrario de la anterior a la revolución, cuando la fuerza moral de la tradición monárquica sostenía perfectamente a los virreyes. La ajustada maquinaria bélica puesta en acción por Morillo desde su arribo a estas tierras, ha ido cumpliendo inexorablemente cada objetivo fijado, sin dar tiempo a los patriotas a levantar cabeza. El actual fracaso de la insurrección, se presenta así -de acuerdo a todas las apariencias- como definitivo.

La expedición Morillo
La expedición se encuentra en esta ciudad desde el 29 de mayo último. Había llegado a las playas el 5 de abril del año pasado como resultado de una curiosa contraorden de Fernando VII. En efecto, el poderoso ejército comandado por Morillo (10.000 hombres, a bordo de 18 buques de guerra y 48 transportes) se encaminaba al Río de la Plata, cuando nuevas instrucciones alteraron su destino, desviándolo hacia Costa Firme, para desaliento de la tripulación.
"Todos sabíamos que en Buenos Aires y Montevideo, los rebeldes estaban divididos, que uno de sus bandos esperaba las tropas del rey para pasarse a ellas y auxiliarlas... En cambio, en la Costa Firme, la guerra se hace sin cuartel y con salvaje ferocidad", dijo a los periodistas el capitán Sevilla.
De llegada, Morillo encontró a la isla de la Margarita dispuesta a la sumisión: su gobernador, Arizmendi, pidió un perdón que le fue concedido, a pesar de haber sido verdugo de muchos españoles. De allí, se trasladó a Cumaná, La Guayra y Caracas (11 de mayo del año pasado).
En esa oportunidad, nombró capitán general de Venezuela a Salvador Moxó, y se dirigió luego en recorrido por los valles de Aragua, Valencia y Puerto Cabello, para embarcar rumbo a Santa Marta. Cabe apuntar que entró a Nueva Granada con 4.000 hombres, además de las tropas venezolanas de Morales, pues destinó 2.000 al Perú, por vía Panamá; 5.000, a la ocupación de Venezuela y 6 compañías de infantería a Puerto Rico.
Los insurgentes no aceptaron las ofertas de paz, ante lo cual Morillo se decidió por la mano dura. A pesar del exilio de Bolívar en Jamaica y de la desorganización de los patriotas en general, encontró fuertes obstáculos.

El sitio de Cartagena
Morillo sitió a Cartagena, que le presentó enconadísima resistencia. Cuando logró ganarla, el 6 de diciembre del año pasado, después de 108 días de furioso combate, sus tropas encontraron a los habitantes en increíble estado de consunción. Hombres y mujeres eran un vivo retrato de la muerte, y se agarraban a las paredes para poder andar sin caerse, según relato de testigos presenciales. Sólo se comía cuero remojado y había habitaciones llenas de cadáveres putrefactos, que rebasaban las fosas comunes, y debieron echarse, finalmente, al mar. Con todo, Morillo perdió más de 3.000 hombres, por las mortíferas picaduras de los zancudos y por las disenterías escorbúticas, que se abatieron sobre su gente. Para ironía de los patriotas, tres días después de la toma, llegaban a Cartagena 11.000 barriles de harina, envío de los patriotas jamaicanos para los sitiados. Si los hubieran tenido antes, con sus colosales fortalezas y tremendo clima costero, Cartagena jamás hubiera caído.
Por otra parte, el norte de Nueva Granada se encuentra en poder de los realistas, desde la victoria de Calzada, en Cachiri (febrero) contra García Rovira.
En esta ciudad, Morillo considera a cada neogranadino un enemigo y está siempre en papel de soldado en campaña.