Un valioso diálogo social

14 Junio 2006
Las recientes Jornadas de Pastoral Social promovidas por la comisión respectiva de la Conferencia Episcopal Argentina han sido un espejo de la realidad nacional, representada por empresarios, sindicalistas, dirigentes laicos y miembros de la jerarquía eclesiástica. Las deliberaciones de tan vasto encuentro transcurrieron con la organización y la presidencia del titular de dicha comisión y obispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto, quien al sintetizar el fin de la convocatoria invitó a trabajar por la reconciliación, partiendo de la verdad con justicia hasta llegar al perdón. El tema del encuentro, del que participaron medio millar de personas, fue la capacitación laboral, mas sus exposiciones trascurrieron en el contexto de inquietudes ineludibles que preocupan a la gran familia argentina; una sociedad que, como señaló Casaretto, “está extremadamente nerviosa y tiene que encontrarse más”.
En ese orden, si bien las conclusiones y las recomendaciones del titular de Pastoral Social  procuraron subrayar las responsabilidades de todos, ciudadanos y dirigentes, también apuntaron hacia lo más alto, y advirtieron que es necesaria “la búsqueda de consensos en torno de políticas de Estado en un marco de proyecto de país”.
Si una condición sobresaliente ha tenido la orientación de esas jornadas marplatenses, ha sido, sin duda, el esfuerzo de sus organizadores por evitar que los resultados aparezcan como una crítica predominante a los poderes públicos. Empero, es ineludible que cuando se analizan las dificultades que afectan a los sectores más débiles de la sociedad, la demanda de esfuerzos para la conciliación apunte mayormente a los representantes y administradores de sus intereses. Ni siquiera la personalidad moderada de monseñor Casaretto podía desconocer dónde deben buscarse las responsabilidades mayores por el extremado nerviosismo que padece nuestra vida comunitaria, en la que el mensaje crispado del poder alienta la confrontación y se calificando el consenso de connivencia. “El objeto de esta Semana Social -expresó posteriormente su máximo responsable- era ofrecer un espacio de diálogo, lo cual no siempre es equivalente a una sucesión de discursos, fijando posiciones. Hay diálogo cuando sabemos escucharnos y enriquecernos con lo que otros dicen. Y creo que todos, incluyéndonos los obispos, nos vamos con la sensación de haber intercambiado reflexiones que nos han hecho un gran bien”.
Por cierto que el resumen de esas deliberaciones así lo señala, pero también evidencia que la sociedad no es una acumulación de sectores de intereses autónomos que se ignoran entre sí, sin que los poderes públicos adviertan que su función esencial consiste en comunicarlos; en convocarlos hacia una conciliación donde la justicia pese sobre lo irreparable, con tanta gravitación como el perdón del error, y el pasado sea la brújula para un certero y promisorio destino. En ese sentido, el mensaje de monseñor Casaretto advirtió que el país “necesita reconciliación en la verdad y en la justicia, pero también que llegue el perdón para que se restablezca plenamente la concordia”.
Las Jornadas de Pastoral Social, además de contribuir con precisiones sobre la capacitación para el trabajo, tan afectada por la crisis, han reactivado muy oportunamente principios y conclusiones de la Mesa del Diálogo, que habría de participar decisivamente a salir de los más graves momentos de la crisis. Reconstruir ahora aquella asamblea plural sería el mejor servicio que quienes acaban de reunirse con esas inquietudes pueden prestar al país, pues todavía perduran algunas de las causas que afectan sus calidades republicanas.





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