El CART, en su momento más difícil

En el seno de la institución que agrupa a los industriales azucareros tucumanos hay dos visiones enfrentadas, que salieron a la luz en medio de las paritarias del sector. Por Fernando García Soto - Redacción de LA GACETA - gsoto@lagaceta.com.ar

12 Junio 2006
De los dos conflictos que se vislumbraban en el horizonte de las actividades productivas de la provincia, uno fue felizmente desactivado el viernes último. Pese a las enormes dificultades que por segundo año consecutivo agobian a la citricultura, los empresarios de la ATC y los sindicalistas de Uatre dieron muestras de cordura y sellaron un pacto salarial para que este año la cosecha de limones sea tranquila, más allá de que luego pudieran surgir algunas protestas. En el azúcar, en cambio, el panorama salarial es, por ahora, mucho más delicado, ya que en medio de las paritarias del sector estalló un conflicto interno en el seno de la industria azucarera que amenaza con dejar un tendal de heridos.
En el Centro Azucarero Regional de Tucumán (CART) existe una división de tal magnitud que resulta difícil imaginar la forma en que podrían resolverse estas cuestiones. En la entidad, que representa a los ingenios tucumanos, dos grupos -o dos visiones distintas de las cosas- están abiertamente enfrentados, más allá de que desde allí todos intenten tapar el sol con una mano.
Desde siempre el CART estuvo integrado por empresas o empresarios de orígenes y conceptos muy heterogéneos, que confrontaban o acordaban, pero en todo caso desde diferentes posiciones. En los últimos años, tal vez unidos por el espanto -en determinados momentos-, se vio a los empresarios azucareros en armonía, incluso con los tradicionalmente resistidos ingenios de Jujuy y Salta. Pero la expansión del poderoso grupo Atanor en el sector, que se entendió como una brisa de aire fresco y de inversiones para la provincia, rompió algunos intereses; especialmente, ciertos negocios finamente hilvanados entre industriales tucumanos y de las provincias norteñas. Cuando las autoridades de Atanor tomaron el control del CART, en el último año, muchos sabían que en cualquier momento podrían florecer las diferencias entre los nuevos componentes de la entidad y sus miembros habituales. Eso sí, al menos ante la opinión pública se buscaba mostrar una casa en orden. Sin embargo, un conocido industrial de nuestro medio no pudo aguantarse por el giro que llevaba la discusión salarial con Fotia -que firmó un acuerdo particular con Atanor- y días atrás despotricó a través de los medios de comunicación contra la presencia del grupo propietario de los ingenios Concepción, Marapa y Leales. Curioso también lo de Atanor, que preside el CART, pero se ve obligado a establecer sus propios intereses en un convenio que firmó por afuera de la institución.
Tal como se presenta el escenario azucarero, existe el convencimiento de que hay dos grupos bien diferenciados en el CART: los que responden a Atanor, y suscriben un acuerdo salarial privado, y los “institucionales”, que de ninguna manera quieren pagar un básico remunerativo de $ 980, como pide Fotia. Estos últimos, según el titular de la organización sindical, Roberto Palina, responden en forma directa a los intereses de los ingenios del norte. De ser así, podría entenderse la actitud de Atanor, pero también quedaría claro que la crisis de la institución azucarera sería más grave de lo que se cree.




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