11 Junio 2006 Seguir en 
El sector agropecuario soporta siempre dos tipos de riesgos: climáticos y comerciales, pero en la Argentina tiene otro adicional: el político. Para el primero dispone de los seguros agrícolas y para el segundo, de los mercados de futuros.
La pregunta es cómo se cubre ante las políticas unilaterales e imprevisibles de un gobierno como el del presidente Kirchner. En el caso de la suspensión de las exportaciones de carne podemos advertir un carácter improvisado y adolescente, sobre todo si analizamos los problemas que provocó sin haber logrado el objetivo central, que era bajar el precio. Además, la Argentina ha perdido divisas y mercados para el futuro. Ahora el Gobierno anuncia medidas que vienen a corregir, parcialmente, el garrafal error cometido. Es de esperar que en corto tiempo derogue todas las intervenciones y elimine todas las retenciones por la exportación de la carne, a fin de llevar adelante un Plan Ganadero Nacional, basado en la exportación y en la rentabilidad de los productores ganaderos con una mínima intervención del Estado.
El objetivo es tener una política ganadera que abastezca el mercado interno y, al mismo tiempo, cumpla con la demanda externa creciente mientras se avanza en un mejor estatus sanitario. Todos los operadores están analizando con mucha preocupación el desarrollo de los mercados de futuro de granos. Precios más bajos son la única forma de arbitrar el riesgo político, como ocurre con los riesgos climáticos y comerciales. Lo ocurrido con el mercado del trigo y el acuerdo para no cerrar el registro de exportaciones están marcando la preocupación que existe en el Gobierno por la suba que se da en estos mercados. Aunque es legítima la decisión del Estado, a fin de que no falte mercadería para el consumo interno, la medida implica un aumento de retención encubierto. Hace un año se le peticionó al Gobierno -en todos los ámbitos- sobre la necesidad de que para promover una mayor siembra en la nueva campaña de trigo para el 2005-2006, era necesaria la eliminación del 20 % de las retenciones para exportar. El objetivo era aumentar la producción, ya que se sabía que el trigo iba a seguir subiendo por el ajustado equilibrio entre el consumo y el stock mundial.
El resultado ha sido nuevamente -y por privilegiar la recaudación fiscal- una caída de producción de más de 3 millones de toneladas como consecuencia de una menor área de siembra y menor uso de tecnología. En el caso del maíz, con otras características y con una nueva demanda en el mundo por su transformación en etanol, el mayor consumo presiona sobre los stocks muy reducidos. La eliminación de las retenciones a la exportación debería ser la primera señal del Gobierno nacional de que está dispuesto a cambiar y a promover una política procampo. El objetivo es mejorar la situación de muchas regiones del interior, para poder fabricar nuevas energías ecológicas y complementarlas con una mayor producción de carne. La alternativa del Gobierno es seguir con políticas de sustitución de importaciones, que promuevan el achicamiento de la producción y terminan, a su vez, limitando nuestras exportaciones y aumentado la inmigración desde el campo a las grandes ciudades. La dirigencia agropecuaria que quiera defender los legítimos intereses del interior y de los productores, debe unirse para proponer políticas que permitan crecer a todos los productores, basada en el aumento de las exportaciones en forma competitiva.
Todo el accionar gremial individual ha perdido vigencia por falta de resultados. Un ejemplo es lo ocurrido con nuestra dirigencia gremial agropecuaria, si analizamos los pobres resultados que ha obtenido y la falta de poder político que sufre hoy el sector.
La pregunta es cómo se cubre ante las políticas unilaterales e imprevisibles de un gobierno como el del presidente Kirchner. En el caso de la suspensión de las exportaciones de carne podemos advertir un carácter improvisado y adolescente, sobre todo si analizamos los problemas que provocó sin haber logrado el objetivo central, que era bajar el precio. Además, la Argentina ha perdido divisas y mercados para el futuro. Ahora el Gobierno anuncia medidas que vienen a corregir, parcialmente, el garrafal error cometido. Es de esperar que en corto tiempo derogue todas las intervenciones y elimine todas las retenciones por la exportación de la carne, a fin de llevar adelante un Plan Ganadero Nacional, basado en la exportación y en la rentabilidad de los productores ganaderos con una mínima intervención del Estado.
El objetivo es tener una política ganadera que abastezca el mercado interno y, al mismo tiempo, cumpla con la demanda externa creciente mientras se avanza en un mejor estatus sanitario. Todos los operadores están analizando con mucha preocupación el desarrollo de los mercados de futuro de granos. Precios más bajos son la única forma de arbitrar el riesgo político, como ocurre con los riesgos climáticos y comerciales. Lo ocurrido con el mercado del trigo y el acuerdo para no cerrar el registro de exportaciones están marcando la preocupación que existe en el Gobierno por la suba que se da en estos mercados. Aunque es legítima la decisión del Estado, a fin de que no falte mercadería para el consumo interno, la medida implica un aumento de retención encubierto. Hace un año se le peticionó al Gobierno -en todos los ámbitos- sobre la necesidad de que para promover una mayor siembra en la nueva campaña de trigo para el 2005-2006, era necesaria la eliminación del 20 % de las retenciones para exportar. El objetivo era aumentar la producción, ya que se sabía que el trigo iba a seguir subiendo por el ajustado equilibrio entre el consumo y el stock mundial.
El resultado ha sido nuevamente -y por privilegiar la recaudación fiscal- una caída de producción de más de 3 millones de toneladas como consecuencia de una menor área de siembra y menor uso de tecnología. En el caso del maíz, con otras características y con una nueva demanda en el mundo por su transformación en etanol, el mayor consumo presiona sobre los stocks muy reducidos. La eliminación de las retenciones a la exportación debería ser la primera señal del Gobierno nacional de que está dispuesto a cambiar y a promover una política procampo. El objetivo es mejorar la situación de muchas regiones del interior, para poder fabricar nuevas energías ecológicas y complementarlas con una mayor producción de carne. La alternativa del Gobierno es seguir con políticas de sustitución de importaciones, que promuevan el achicamiento de la producción y terminan, a su vez, limitando nuestras exportaciones y aumentado la inmigración desde el campo a las grandes ciudades. La dirigencia agropecuaria que quiera defender los legítimos intereses del interior y de los productores, debe unirse para proponer políticas que permitan crecer a todos los productores, basada en el aumento de las exportaciones en forma competitiva.
Todo el accionar gremial individual ha perdido vigencia por falta de resultados. Un ejemplo es lo ocurrido con nuestra dirigencia gremial agropecuaria, si analizamos los pobres resultados que ha obtenido y la falta de poder político que sufre hoy el sector.
Lo más popular
Ranking notas premium







