30 Agosto 2002 Seguir en 
Un chico de 14 años murió mientras remontaba un barrilete que, en vez de piolín, tenía un alambre de cobre, y que se enganchó en el tendido de alta tensión. La explosión, además, dejó sin luz a todo el barrio Santa Teresita, ubicado al sureste de San Miguel de Tucumán.
Luis Martín Aguirre había armado su barrilete y al faltarle hilo, utilizó un fino cable de cobre para hacerlo volar. El chico vivía en calle Dardo Rocha al 900 con su padre, que trabaja en la Municipalidad; con su madre, que es ama de casa, y con sus dos hermanos menores. "No sé cómo pudo haber pasado algo así", dijo entre llantos Nélida, la tía del chico. Cuando el volantín tocó los cables se escuchó una explosión y Luis cayó fulminado al piso por 12.300 voltios.
Los vecinos lo levantaron y lo llevaron hasta un sanatorio, pero el muchacho llegó muerto. "El siempre jugaba en la puerta, era un chico divino... él no pudo haberse muerto", dijo, desconsolada, la mujer. Desbordada por el dolor, Nélida intentaba buscar alguna explicación a lo sucedido.
Decenas de chicos recorrían las oscuras calles del barrio, asustados. Uno de los hermanos de Luis también había estado jugando con un volantín, poco antes, pero afortunadamente no le pasó nada. El barrilete de Luis quedó colgado de un poste, como mudo testigo de la tragedia.
Luis Martín Aguirre había armado su barrilete y al faltarle hilo, utilizó un fino cable de cobre para hacerlo volar. El chico vivía en calle Dardo Rocha al 900 con su padre, que trabaja en la Municipalidad; con su madre, que es ama de casa, y con sus dos hermanos menores. "No sé cómo pudo haber pasado algo así", dijo entre llantos Nélida, la tía del chico. Cuando el volantín tocó los cables se escuchó una explosión y Luis cayó fulminado al piso por 12.300 voltios.
Los vecinos lo levantaron y lo llevaron hasta un sanatorio, pero el muchacho llegó muerto. "El siempre jugaba en la puerta, era un chico divino... él no pudo haberse muerto", dijo, desconsolada, la mujer. Desbordada por el dolor, Nélida intentaba buscar alguna explicación a lo sucedido.
Decenas de chicos recorrían las oscuras calles del barrio, asustados. Uno de los hermanos de Luis también había estado jugando con un volantín, poco antes, pero afortunadamente no le pasó nada. El barrilete de Luis quedó colgado de un poste, como mudo testigo de la tragedia.







