Cuando el récord fiscal tiene sabor a poco

Decir que el dinero que ingresa al Estado no alcanza resulta poco creíble en un país que crece, si es que el gobernante no señala claramente cuál es el destino del ahorro. Por Marcelo Aguaysol - Redacción de LA GACETA - maguaysol@lagaceta.com.ar

02 Junio 2006
Un viejo conductor del Ministerio de Economía solía decir que, para tener éxito en el manejo de las finanzas públicas, lo fundamental era saber llorar y guardar la plata debajo del colchón. Claro que eran tiempos en que el déficit era una palabra de uso frecuente y el ahorro una necesidad para la subsistencia de una administración de gobierno. Sin embargo, aplicar hoy esa receta suena como poco creíble, ya que la economía argentina viene creciendo a un ritmo del 9% anual en el último trienio.
Si la economía mejora, es indudable que habrá más recaudación. Al haber más ingresos, hay más coparticipación. Y así se cierra un círculo virtuoso que puede convertirse en vicioso si es que el gobernante de turno no entiende que, más allá de la bonanza, lo importante es evitar los gastos improductivos, aquellos que no tienen un gran impacto social. Por eso, frente al récord de transferencias de fondos nacionales a las provincias, los planteos para incrementar el gasto (vengan estos de funcionarios o sindicalistas) son crecientes.
No se puede tapar el sol con una mano. Los recursos se cuentan de a millones y, por más que un funcionario llore la carta frente a las demandas intersectoriales, su postura no será creíble en la medida que el Gobierno no diga claramente hacia dónde va el excedente fiscal. El ahorro fiscal debería ser una regla y no la excepción. De hecho, los fondos anticíclicos, como tales, permiten a cualquier gobierno acumular dinero para afrontar tiempos de crisis en el futuro.
La ministra de Economía, Felisa Miceli, reconoció ayer que el Gobierno federal cuenta con 300 millones de dólares en ese fondo anticíclico. En Tucumán, sólo hay estimaciones sobre el dinero guardado por el Estado para contingencias financieras. La versión oficial dice que se constituiría con $ 120 millones, pero la oposición política sospecha que es tres veces más de ese monto.

Las conductas
En cuestiones financieras, el Gobierno nacional se comporta más como un acreedor que como un aliado político de los gobernadores. Otorga incrementos salariales, pero no ayuda a las provincias a financiarlos. Brinda préstamos para patear la deuda a mediano plazo, pero le dice no a cualquier planteo de reestructuración de los pasivos de largo aliento. Distribuye fondos de coparticipación de acuerdo con los índices vigentes, pero no está dispuesto a poner en la mesa de discusión el reparto de impuestos que no están dentro del régimen de reparto, como el del Cheque y las retenciones a las exportaciones.
Frente a ese escenario, el récord de recaudación tiene sabor a poco. Y más en el caso de Tucumán, donde los $ 200 millones de ingresos obtenidos en mayo tendrían que ser una constante en el reparto mensual de fondos coparticipables y no una cifra excepcional. Si hace casi dos décadas la Provincia se hubiera mantenido firme en la discusión de la ley de coparticipación y no hubiera cedido parte del porcentaje que le corresponde por sus indicadores socioeconómicos, la historia de los ingresos hubiera sido más favorable.

Los interrogantes
La segunda parte del año abre una serie de interrogantes para el rumbo de la economía. La recaudación nacional puede sufrir fluctuaciones si es que la gestión de Néstor Kirchner no toma rápidas medidas para garantizar el desarrollo de las actividades productivas. El faltante de gasoil en varias provincias -entre ellas Tucumán-, como sucedió antes con el gas, es una clara muestra de que la Nación no encuentra el rumbo para la política energética.
En el plano provincial, en este y en el próximo mes se observará que la recaudación será inferior a la de 2005. Es casi un hecho, porque en junio y en julio de 2005, los ingresos promediaron los $ 56 millones por mes, debido a la adhesión de miles de deudores al plan de facilidades de pago. Sin embargo, la gestión de José Alperovich goza del apoyo financiero federal; todos los meses cuenta con $ 30 millones para pagar parte de los vencimientos de la deuda pública.
“José, agachá la cabeza y trabajá muy fuerte en la gestión”, le habría dicho el Presidente al gobernador en la Casa Rosada. Lo importante de ese mensaje es que sólo sirva para no caer en la tentaciones electorales antes de tiempo y, por el contrario, no signifique que Tucumán siga siendo un rehén político de la Casa Rosada. Allí, también hay que saber llorar para obtener más réditos políticos y económicos.








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