01 Junio 2006 Seguir en 
De acuerdo con lo que informamos ayer, están en marcha, en el solar de Ibatín, programaciones de rescate del Gobierno de la Provincia y de la Universidad Nacional de Tucumán. El programa provincial tiende a fomentar -entre el Ente Tucumán Turismo y la comuna- la afluencia de visitantes, con la exposición de testimonios y la dotación de comodidades elementales, por un lado. De parte de la UNT, se trata de realizar las investigaciones arqueológicas que bien merece el sitio donde se fundó, en 1565, la ciudad de San Miguel de Tucumán. Su vida allí se extendió hasta 1685, año en que diversos motivos determinaron el traslado a la ubicación actual.
Debe calificarse en forma positiva el hecho de que se enfoque la atención oficial sobre Ibatín.
Como se sabe, luego de la mudanza de la ciudad, el lugar fue lentamente tapado por el monte. En 1944, la Provincia expropió las 140 hectáreas centrales del predio, gran parte del cual fue desmontado en 1965, con motivo del IV Centenario. En 1972, la ley 3891 declaró “monumento histórico provincial“ a las ruinas de Ibatín, y dispuso que, a los efectos de “los trabajos de investigación, excavación, restauración y reconstrucción”, el sitio pasaba a depender de la ex Secretaría de Estado de Turismo. Esta quedaba autorizada para suscribir convenios con la UNT, para las tareas especializadas.
Recién en 1980 se formalizó el “Proyecto Ibatín”, consistente en un acuerdo con la UNT y la Universidad de Buenos Aires.
Los trabajos consistirían en excavaciones, para rescatar los elementos arqueológicamente valiosos y colocarlos en un museo, que también se proyectaba. Todo sería costeado con un subsidio de Turismo de la Nación y con aportes locales.
Los consecuentes trabajos se iniciaron en 1981, pero a poco andar terminaron suspendidos por falta de fondos. Varias veces, editoriales y notas de LA GACETA se refirieron críticamente a esa situación, sin eco alguno. Así estaban las cosas hasta la actualidad, en que parece haberse iniciado una nueva etapa. Hay que subrayar el interés que reviste una indagación de especialistas en Ibatín.
Aquella primitiva San Miguel de Tucumán no fue un poblado efímero, sino que tuvo 120 años de existencia, con una bullente vida comercial. Según los documentos de la época, poseía varios edificios importantes. Es decir que una investigación arqueológica (obviamente realizada con todos los requerimientos científicos) podría arrojar resultados más que interesantes en cuanto al esclarecimiento y valorización de nuestros orígenes.
Hace dos años, cuando nos ocupamos del asunto, nuestro editorial, además de referir los antecedentes expuestos, subrayaba como singular el hecho de que, conocido fehacientemente el sitio en que estuvo nuestra primitiva capital, no hubiera podido desarrollarse, en tanto tiempo, un proyecto arqueológico integral. Es decir, algo parecido a lo que se llevó a cabo en la primitiva Santa Fe, con excelentes resultados. Habíamos sugerido entonces el replanteo de los convenios universitarios, y una decisión en materia de presupuesto.
Complace advertir que se ha iniciado un nuevo camino: ya hay estudiantes de los cursos superiores de Arqueología de la UNT realizando trabajos de campo. Es necesario que estas acciones no se detengan, sino todo lo contrario. Ibatín debe dejar de ser un terreno llano con una cruz y algunas placas, y mostrar todo lo que sin duda está bajo la tierra. Tendremos así los anhelados testimonios de la extensa y significativa vida de nuestra primera ciudad capital, en los siglos XVI y XVII.
Debe calificarse en forma positiva el hecho de que se enfoque la atención oficial sobre Ibatín.
Como se sabe, luego de la mudanza de la ciudad, el lugar fue lentamente tapado por el monte. En 1944, la Provincia expropió las 140 hectáreas centrales del predio, gran parte del cual fue desmontado en 1965, con motivo del IV Centenario. En 1972, la ley 3891 declaró “monumento histórico provincial“ a las ruinas de Ibatín, y dispuso que, a los efectos de “los trabajos de investigación, excavación, restauración y reconstrucción”, el sitio pasaba a depender de la ex Secretaría de Estado de Turismo. Esta quedaba autorizada para suscribir convenios con la UNT, para las tareas especializadas.
Recién en 1980 se formalizó el “Proyecto Ibatín”, consistente en un acuerdo con la UNT y la Universidad de Buenos Aires.
Los trabajos consistirían en excavaciones, para rescatar los elementos arqueológicamente valiosos y colocarlos en un museo, que también se proyectaba. Todo sería costeado con un subsidio de Turismo de la Nación y con aportes locales.
Los consecuentes trabajos se iniciaron en 1981, pero a poco andar terminaron suspendidos por falta de fondos. Varias veces, editoriales y notas de LA GACETA se refirieron críticamente a esa situación, sin eco alguno. Así estaban las cosas hasta la actualidad, en que parece haberse iniciado una nueva etapa. Hay que subrayar el interés que reviste una indagación de especialistas en Ibatín.
Aquella primitiva San Miguel de Tucumán no fue un poblado efímero, sino que tuvo 120 años de existencia, con una bullente vida comercial. Según los documentos de la época, poseía varios edificios importantes. Es decir que una investigación arqueológica (obviamente realizada con todos los requerimientos científicos) podría arrojar resultados más que interesantes en cuanto al esclarecimiento y valorización de nuestros orígenes.
Hace dos años, cuando nos ocupamos del asunto, nuestro editorial, además de referir los antecedentes expuestos, subrayaba como singular el hecho de que, conocido fehacientemente el sitio en que estuvo nuestra primitiva capital, no hubiera podido desarrollarse, en tanto tiempo, un proyecto arqueológico integral. Es decir, algo parecido a lo que se llevó a cabo en la primitiva Santa Fe, con excelentes resultados. Habíamos sugerido entonces el replanteo de los convenios universitarios, y una decisión en materia de presupuesto.
Complace advertir que se ha iniciado un nuevo camino: ya hay estudiantes de los cursos superiores de Arqueología de la UNT realizando trabajos de campo. Es necesario que estas acciones no se detengan, sino todo lo contrario. Ibatín debe dejar de ser un terreno llano con una cruz y algunas placas, y mostrar todo lo que sin duda está bajo la tierra. Tendremos así los anhelados testimonios de la extensa y significativa vida de nuestra primera ciudad capital, en los siglos XVI y XVII.
Lo más popular
Ranking notas premium







